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23/9/16

El sistema bancario español: el emperador está desnudo, ¿quién y cómo lo vestirá?.

Este artículo ha sido publicado en la revista Viento Sur


Daniel Albarracín. 22 de Septiembre 2016.

Un relato de legitimidad que ha de ponerse en entredicho.
En las últimas décadas se nos había venido insistiendo en que el neoliberalismo consistía en una doctrina que idolatraba la eficiencia prácticamente automática del mercado. Se afirmaba que esta institución de intercambio facilitaba una asignación apropiada de los recursos, que era el canal mediante el cual era posible el crecimiento de la renta, la creación de empleo y de la riqueza de las naciones. Durante mucho tiempo, se nos aseguró que el capitalismo funcionaba gracias a la iniciativa innovadora y emprendedora (Schumpeter, 1942)[1], virtud sólo al alcance de capitanes de industria, que revigorizaba cada ciclo de negocio con su arrojo y asunción del riesgo, por lo cual recababan un merecido beneficio. En su defecto, la concentración de capital en grandes colosos transnacionales acumularía economías de escala y diversidad que promoverían el desarrollo. Primero desde focos de creación, después diseminando sus logros a todos aquellos que tomaran las mejores prácticas de eficiencia en términos competitivos (Rostow, 1963)[2]. No queda más que un borrón en el texto de aquellas apelaciones a la competencia para permitir escoger a los mejores. Básicamente porque nadie se cree que la economía capitalista funcione así, ni pueda hacerlo. Ha quedado muy lejos la consideración de que el Estado era un monstruo que encorsetaba el margen de maniobra y la asignación apropiada que realizan las grandes corporaciones en un marco de economía de mercado. 

En el nuevo contexto, se ha modificado, sorprendentemente y sin que apenas nadie lo advierta, el paradigma de legitimación del régimen socioeconómico vigente. Ahora, dicen, el pilar de la economía radica en el sistema financiero, pilar del crédito y la liquidez, y combustible de la posible inversión. Y el Estado ha de desempeñar un papel crucial, empleando todo su andamiaje político e institucional[3] para garantizar que la banca se sostenga, porque de otro modo, la economía seguirá embarrancada. 

En todo este relato encontramos numerosas fallas. La primera de todas es que este relato no se corresponde con la realidad. La segunda, es que, ni que decir tiene, ni siquiera su funcionamiento, si se diera en esos términos, beneficia a la mayoría social. Todo este andamiaje sesga la interpretación de lo que sucede para prestigiar lo inaceptable, dándole méritos a quien expropia el esfuerzo y el saber de millones de trabajadoras y trabajadores. Además, cabe decir, que los intereses conjuntos de la banca y la industria cada vez se confunden más entre sí, intercambiando consejeros en uno y otro sector, y contando con estrechos privilegios compartidos para sostener lo que no puede llamarse de otra manera que un sistema organizado de explotación del mundo del trabajo y de apropiación del sector público. Sea bien para su privatización, sea para su instrumentalización y poner en marcha políticas a su favor.

Cabe señalar, además, que, constituyendo el sistema financiero, en efecto, un sector estratégico de la economía, en el que el Estado ha de garantizar su funcionamiento en última instancia, resulta un contrasentido que la banca esté en manos privadas. La banca privada siempre está dispuesta a acaparar beneficios, sin reparos en operar arriesgadamente, porque sabe que contará con el colchón del sector público llegado el momento, socializando pérdidas, al erigirse en el actor fundamental que determina la política monetaria de un país (incluso más allá que el propio banco central, dada la capacidad real de creación de dinero mediante el mecanismo de la deuda). Esta situación de riesgo moral ha de poner en el centro de la escena la necesidad de una regulación del sistema financiero más intensa, y la urgencia de que el núcleo del sistema bancario se encuentre en manos públicas bajo criterios de gestión solvente y a favor del interés general.

La situación de crisis persiste entre la banca española

La banca española en los últimos años ha sufrido la mayor metamorfosis de su historia. Se erigió en el agente que facilitó la extensión de crédito, y medió en la multiplicación de capital ficticio. Su sobredimensionamiento y exceso de protagonismo han sido consecuencia de las políticas (monetaria, desregulación financiera, etc..) que trataron de contrarrestar las políticas de ajuste, de carácter recesivo, que dieron respuesta a la crisis de los 70. En ese nuevo contexto, su peso en la economía le hace el actor clave de la hipertrofia financiera que agravará la crisis tras 2007, añadiendo un problema de provisión de crédito y de sobreendeudamiento a la crisis de acumulación. 

En un contexto de crisis, como la que se dio a partir de 2008, que deriva ahora en estancamiento, hemos comprobado como las tasas de rentabilidad (ROE) del sector bancario han descendido notablemente. Estas se encontraban en torno al 12,1% medio en el periodo 2000-2008, para a partir de entonces declinar, con pérdidas fuertes en 2012, y luego recuperarse, pero lejos de alcanzar los niveles iniciales de periodos previos. Esa recuperación pronto se ve cortada y vuelve la tendencia a la reducción en 2015, según Afi y Banco de España. El Banco de España calcula en el 5,1% el ROE de las entidades financieras españolas en 2015. Según Goldman Sachs[4] esta tendencia al deterioro de la rentabilidad persiste hasta este mismo año. 


                                       Fuente: Elaboración propia a partir del Banco de España. Datos para diciembre de cada año.

Los niveles de solvencia de la banca española entre tanto se ven dañados (10,7% según el ratio CET 1 según Goldman Sachs), y a pesar del fuerte desapalancamiento, aún no ha conseguido superar sus problemas. La reactivación del negocio es débil, y el riesgo de morosidad aún es alto (9,39%, 2016, al nivel de 2012, según Reuters[5]). Esta estabilización paupérrima de los indicadores de resultados y de solvencia[6] se ha abordado con un ajuste formidable del sector financiero, inimaginable antes del periodo de crisis.

20/12/12

El Presupuesto para 2013: ¿A dónde nos conduce esta salvaje política de austeridad?. (Luis Osorio)


Nota: Una versión más corta de este artículo ha salido publicado en el nº125 de Viento Sur

Luis Osorio
Economista militante de IA.

En el momento de escribir este artículo Rajoy está reunido en Malta con Hollande y Monti, discutiendo sobre la petición de un posible rescate total, el parcial ya lo tenemos, de la economía española. Por tanto la primera pregunta que surge es si el Proyecto de Presupuesto presentado, incluso en el supuesto que se apruebe tal como esta, será el documento que rija el Gasto publico de la Administración Central y de la Seguridad social para 2013.

29/7/12

Perspectivas y alternativas sociopolíticas en torno a un rescate de la deuda soberana española

Daniel Albarracín
22 de Julio de 2012

Quisiera compartir algunas consideraciones sobre la situación límite de la economía española en el actual momento.

Posiblemente hayáis tenido ocasión de leer algunos artículos sobre el rescate reciente.

El que va a aplicarse, referido a la situación de insolvencia de buena parte de la banca privada, tiene como avalista y garantista al Estado español y entraña de por sí una interverción de la Troika. Supondrá un plus de endeudamiento público que será mediado por el FROB (Estado español) para que una parte importante de la banca privada (sobre todo una parte de las que fueron cajas de ahorros) pueda hacer frente a los compromisos de devolución de sus ingentes deudas. También admitirá un mayor endeudamiento publico hasta el límite de 100.000 millones de euros (en torno al 10% del PIB español). La pérdida de soberanía en materia de política económica además está ligado al cumplimiento de los objetivos de déficit público a lo que se suman nuevas condiciones para admitir un retraso menor en su cumplimiento.

La primera consideración es que este apaño supone un sacrificio titánico en materia de recortes (prácticamente la escala de estos coincide con el recurso financiero para rescatar a la banca privada) que está lejísimos de aliviar el problema, y no hace otra cosa más que engrandecerlo, tanto por el aumento de endeudamiento como por su orientación recesiva. El problema es el acumulado de más de 15 años de políticas de acumulación de deudas privadas que tienen que irse devolviendo y que para poder hacerlo tendría como prerrequesito que España obtuviera superávits de balanza de pagos y una expansión fuerte de sus ingresos fiscales durante dos décadas para ir haciendo frente a esto. Lo primero no se está produciendo, y no puede producirse dado el diseño de la UE y la combinación de la existencia del euro, el monopolio crediticio privado de financiación a los Estados -el BCE no es el financiador de última instancia-, y la ausencia de políticas de convergencia real, solidaridad económica, presupuesto público europeo significativo y transferencia de rentas entre países. El segundo, la obtención de ingresos fiscales crecientes es sencillamente una quimera en el actual contexto depresivo. Este enorme sacrificio no servirá ni siquiera para salvar este año.

8/7/12

Las condiciones y consecuencias del rescate bancario español



1 de Julio de 2012
Daniel Albarracín y Alejandro Ramírez

El 29 de Junio, en la cumbre de la eurozona, se acordó una declaración que incide directamente en el mecanismo según el cual se aplicará el “rescate” al sistema bancario español. Queda por conocer varias de las condiciones concretas que sólo tendrán certeza una vez dispongamos del Memorando que las establezca. Simplemente, apenas sabemos un poco más de lo que se avecina.

Se han modificado algunas de las condiciones previstas y van a ser empleadas por el gobierno como quien pone una pica en Bruselas. Todo se pintó muy feo al principio y cuando a un túnel oscuro se le pone una vela al ahorrarnos los tropiezos las sensaciones son mejores. Pero este túnel nos dirige igualmente a un destino fatídico.

4/7/12

¿Dulce rescate o agrio secuestro?

DANIEL ALBARRACÍN, NACHO ÁLVAREZ, MANOLO GARÍ, BIBIANA MEDIALDEA
Publicado en el Diario Público el 3 de Julio de 2012:
 http://www.publico.es/dinero/439157/dulce-rescate-o-agrio-secuestro

El pasado 29 de junio el Consejo Europeo alcanzó un acuerdo para permitir la recapitalización directa de la banca española y, con ello, intentar aliviar la presión de los mercados sobre las deudas soberanas. Este acuerdo modifica algunas de las condiciones inicialmente previstas en el rescate de la banca española, lo que está siendo presentado por el gobierno como una auténtica pica en Bruselas.

16/6/12

Lo llaman ayuda y no lo es: sobre la intervención al Estado español, el rescate al sistema financiero centroeuropeo y el préstamo a la banca española


Comisión de Economía de IzquierdaAnticapitalista
Junio de 2012

Últimamente nos asomamos y asombramos con un juego mediático propio de trileros que va desde la negación de la evidencia hasta la filosofía del lenguaje mediante la manipulación del significado de las palabras, siguiendo esa vieja táctica del poder según la cual “si no se puede convencer al menos hay que tratar de confundirles”. Pero, a pesar de que la economía sea una dimensión de nuestras vidas a veces un tanto compleja, la experiencia de la gente habla cada vez más por sí sola y los cristales deformados de las gafas con las que nos hacen mirar la realidad cada vez resisten menos la prueba de los hechos. No obstante, conviene recordar algunos elementos (de los conocidos, porque en el terreno financiero hay otros tantos que se continúan ocultando) de lo que sucede para que la confusión no dure más de la cuenta, y tratar de esclarecer lo que sucede y echar abajo todo el ejercicio del gobierno de imponernos una neolengua para calificar esta intervención.

“Lo de ayer” fue un rescate

¿Qué es en realidad un rescate? Según un economista del Colectivo Novecento: “La expresión “rescate” hace referencia, ni más ni menos, al aumento del crédito exterior para sostener las finanzas de un país (es decir, la deuda aumenta) a condición de que su estado aumente su capacidad de pago a corto plazo de esa deuda por encima de cualquier otra consideración (es decir, con condiciones como contrapartida). Se pretende evitar un colapso financiero a través de la entrada de fondos exteriores y del desvío de recursos de otros fines (de ahí los recortes) para apuntalar las finanzas.”

6/7/11

El ajuste evitable

Público, 5 de Julio de 2011

RICARDO MOLERO

La semana pasada, el gobernador del Banco de España afirmaba que el plan de austeridad aprobado por nuestro Gobierno en mayo de 2010 había “evitado que España tuviera que pedir el rescate” de la UE. De este modo, no hacía sino reafirmar la supuesta necesidad de las medidas de ajuste como única vía para enfrentar la crisis. Sin embargo, su inevitabilidad se encuentra lejos de estar probada.

24/12/10

ENTRE EL RESCATE Y LA RUPTURA


Pedro Montes

Miembro de la Coordinadora Federal de Socialismo 21

En la izquierda, hay un debate no perfilado pero si identificable en relación con la crisis económica española en el contexto del marasmo financiero europeo.

Aquellos que defienden una salida progresista a la crisis -¿quién no?- se encuentran con la dura realidad de que nuestro país está en quiebra y acosado por los mercados financieros internacionales. Ante esta situación, y teniendo en cuenta que la idea de la salida progresista a la crisis puede encuadrarse en el reformismo, esto es, en no romper el marco actual de relaciones que mantiene nuestro país en la globalización capitalista y la Europa de Maastricht, se sienten en la necesidad de buscar soluciones a la peligrosa e insostenible posición financiera del país. De ahí a propugnar un “rescate” hay un solo paso, sin entrar en los matices de cómo ejecutar ese rescate - compra de deuda soberana por BCE, emisión de eurobonos, aumento del fondo europeo- y a quién debe incluir -sólo sector público o también a las empresas privadas-.

Con esta petición de rescate surge inmediatamente una contradicción insuperable con respecto al carácter progresista de esas propuestas de salida a la crisis. Los que vayan a rescatarnos, si los hay, no son hermanas de la caridad ni altruistas profesionales, sino gobiernos preocupados porque los problemas de las economías rotas no salpiquen peligrosamente a sus países y por garantizar, en la medida de lo posible, la recuperación de los fondos puestos a disposición de los países que se asfixian. Desde su posición de fuerza y para cumplir con esos objetivos ponen en condiciones muy duras a la política social y económica que han de seguir los países ayudados.

Ahí están ya los casos de Grecia e Irlanda para certificar el carácter antisocial y depresor de esa política. Un avance también de lo que cabe esperar para nuestro país nos lo proporciona el giro de mayo de la política del gobierno del PSOE, tras las exigencias de las instituciones europeas y la llamada telefónica de Obama. Por tanto, debe de quedar claro que es imposible reclamar un rescate y al mismo tiempo propugnar una salida progresista a la crisis.

Pero supongamos que el rescate tiene éxito y por el momento nuestro país se libra de hundirse. Que se gana, vamos, una batalla al tiempo. La situación resultante sería que quedaríamos más endeudados, pero en condiciones de hacer frente a los compromisos inmediatos con los nuevos fondos recibidos. Y cabe preguntarse, ¿cuándo podrá la economía española aliviarse del peso de la deuda externa. Ello que exigiría que en algún momento del futuro la balanza por cuenta corriente registrase un superávit.? La respuesta es nunca. Actualmente, en plena depresión y con una tasa de paro del 20%, ese déficit supera el 5% del PIB, los tipos de interés que hay que pagar son cada vez más altos, el volumen de la deuda es creciente y el destrozo del tejido productivo es manifiesto, con secuelas para la capacidad de exportación. La deuda tiene hundido al país y, con rescate o sin rescate, no hay posibilidad alguna de salir de esta situación desesperada.

A la contradicción señalada entre salida progresista y rescate hay que añadir que este último no implica solución alguna. El país está en un pozo, ahogándose, y sólo se trata de esperar hasta cuando aguantará dando manotazos antes de hundirse. El engendro del euro, tan decisivo en este gran desastre, seguirá desplegando sus maléficos efectos hasta su inevitable desaparición en su configuración actual.

Esquemáticamente, la otra posición de la izquierda es la siguiente: hay que romper el dogal del euro, recuperar una política monetaria y una moneda propias, renegociar la deuda y proteger en todo lo posible la economía.

No se pueden ocultar las dificultades de esta opción rupturista, y es imposible negar que para la sociedad española se abriría una etapa nueva que pondría en entredicho la política y las concepciones dominantes desde la adhesión al Mercado Común en 1986, bajo la hegemonía del neoliberalismo.

Sin embargo, aparte de razones ideológicas profundas -¿qué sociedad con tintes de izquierdas se puede construir avasallada por el mercado y arruinada por la especulación financiera?-, la mejor justificación que encuentro para marcar distancias con la Europa de Maastricht es una frase oída a un amigo: la única perspectiva que tiene alguien sumiso en un pozo oscuro es el círculo de luz de la bocacha.

Se trata, evidentemente, de aprovechar ese rayo de esperanza: de reconocer un gran fracaso, de admitir los graves errores que se han cometido y abordar con una perspectiva nueva la reconstrucción del país.

http://www.socialismo21.net/

23/12/10

Comentario al artículo de Pedro Montes sobre la Emisión de Eurobonos...

Daniel Albarracín 20-12-10


Me gustaría comentar el artículo anterior ("El BCE vs Reserva Federal") de Pedro Montes, con el que estoy fundamentalmente de acuerdo, aunque hay cuestiones a valorar sobre el tema, y con algunas dudas. Esto nos conduce a escudriñar las diferentes opciones que se barajan para la política económica de la UE ante la crisis de la deuda.

Estoy en contra del castigo de los mercados financieros como fórmula. Ésta está detrás de la política de "reestructuración ordenada de la deuda" que plantea Alemania, porque, con esto sólo se deriva al futuro, e incrementada, la deuda de un país insolvente, porque a ese país se le somete a unas políticas de ajuste durísimas, y porqué en la práctica, como digo, supone que el riesgo de "reestructuración" supone invitar a los mercados a incrementar la prima de riesgo sobre la deuda de ese país.

También estoy en contra de los rescates de la UE (BCE+FMI en su caso), que parece la opción planteada finalmente por la UE, porque seguramente el destino de las ayudas sería convertir en la práctica deuda privada por pública, porque no es seguro del destino de sus usos (en Grecia, armamento, en otros países rescates a la banca, tal y como viene señalando Juan Torres), y porque seguramente supondrá, gobernanza mediante, un control ex-ante de los presupuestos públicos, y la pérdida de la más mínima soberanía de los Estados-Nación, al igual que seguir profundizando el ajuste.

En el artículo de Montes se advierten los problemas, planteado por países europeos mediterráneos, algunos sindicatos latinos, y parte de la izquierda, consistente en la emisión de eurobonos: monetización del déficit, dificultad de encontrar un criterio de reparto de la compra de deuda pública de diferentes países con situaciones diferenciadas de carga de deuda pública, situación diferencial del peso del sector público en la economía de los países, averiguar cuál es la aportación de cada país para soportar el peso de la emisión de eurobonos, etc... Sin olvidar, que, como bien sugieres, el problema de la deuda se inflaría hacia el futuro, sin resolverse hacia el presente.

Dichos problemas de emisión de eurobonos, que deriva y esconde el problema pero no lo resuelve, esquiva la solución principal: que para afrontar cualquier problema de déficit la prioridad es el establecimiento de ingresos fiscales (progresivos) que reestablezca el equilibrio, y que con los recursos públicos europeos se apueste por la inversión solidaria, con efectos multiplicadores, que genere empleo. Eso supone, que la UE no puede seguir con un presupuesto tan irrisoria, y sin una armonización fiscal, creciente y progresiva, entre otras cosas.

No obstante, según conversaciones con buenos compañeros y analistas la emisión de eurobonos no siempre y en todo caso tienen porque ser una mala solución (transitoria) si se encuentran criterios de reparto solidario de la carga y de la posibilidad de conversión de deuda nacional por europea. Las ventajas de la emisión de eurobonos hay que contemplarlas: que la prima de riesgo de la deuda soberana no mantenga diferenciales tan altos, y que precisamente la búsqueda de criterios de actuación cooperadora de la emisión de deuda soberana supone un estímulo para una mayor unificación de la política económica (no mercadista) en la UE. Otra cosa es que no nos creamos en el actual contexto que los criterios que se puedan alcanzar sean satisfactorios. Yo diría más bien sobre la emisión de eurobonos que la cuestión no es tanto su emisión, sino el diseño que comporte y la orientación que tenga detrás. Y que, por otro lado, el problema es que no es solución, porque aún con este paréntesis y tiempo muerto para darnos un respiro, no se habrá resuelto la orientación de la política económica inaugurada en el Tratado de Maastricht.

Sea como fuere, y ante las escasas expectativas de un diseño progresista que reforme la UE, o que plantee una fórmula aceptable de emisión de eurobonos, insisto que cobra más actualidad si cabe una opción de salida concertada del euro por parte de aquellos países perjudicados por el modelo de la UE y su política monetaria y mercadista. Se trataría de proponer la conformación de un área económica supranacional con todos los países que quisieran sumarse con políticas de armonización fiscal, construcción de un Estado del Bienestar, una inversión propulsora de la economía, un desconocimiento, al menos parcial, de la deuda, y una política de cooperación, que pueda suponer contar con una moneda diferente para el nuevo área. Ni que decir tiene que eso tendrá consecuencias difíciles, como el ataque de los mercados financieros, pero al menos se podrá actuar de manera desembarazada del corsé político de la UE, tan escorado al neoliberalismo y a los intereses de los países centrales, y disponiendo de una política económica soberana y con margen de maniobra para enfrentar la situación. Esta claro que no es muy viable una salida nacional, sino que debe ser tan internacionalista como sea posible.

De todas maneras, el futuro no va a ser fácil, ni las soluciones serán sencillas. Pero lo que está claro es que la salida debe ser política, o no habrá salida alguna.

8/12/10

¡SOS! EUROPA


Pedro Montes

Parece mentira que una ciencia tan rigurosa como la economía a veces caiga en imprecisiones tan caricaturescas. Por mayo, se rescató a Grecia. Ahora, con 85.000 millones de euros, se va a rescatar a Irlanda. Mañana ya veremos.

Supongo que cuando los mineros de Chile salieron, uno a uno, de la tumba que los había aprisionado, cada uno de ellos se sintió rescatado de la muerte: estaban vivos. Supongo también que cuando los pescadores del Océano Indico fueron liberados de sus secuestradores se sintieron también rescatados: por fin, estaban protegidos y ya no se sentían amenazados.

No ocurre igual cuando la palaba rescate se aplica a Grecia e Irlanda en relación con la crisis financiera, pues una vez rescatados siguen más apresados que antes. La sensación de libertad no les llega por ninguna parte sino todo lo contrario: tienen más compromisos, más restricciones, más obligaciones y, sobre todo, más cargas financieras a las que responder que antes del salvamento.

El problema de estos países, y de los que vendrán, Portugal y España han pedido el turno, es que tienen una deuda con el exterior que no pueden pagar. Subrayo esto del exterior porque si los problemas fueran de deuda interna, aunque fuese enorme, entre acreedores y deudores griegos o irlandeses, al mundo les importarían un comino. Estos volúmenes de deuda externa son tan peligrosos para la supervivencia del euro y los propios intereses de los países acreedores, que la UE y el FMI han intentado, en mayo con Grecia y ahora con Irlanda, que no se declaren en quiebra, ayudándoles masivamente con créditos o avales para afrontar sus compromisos exteriores.

Podría hablarse de rescate, aunque fuera parcial, si a estos países se les hubiera reducido su deuda externa, por unas u otras vías. Pero esto no ha sucedido: simplemente se les ha prestado ayuda para que, por el momento, puedan hacer frente a las cargas de la deuda contraída y a sus necesidades de financiación actuales, pues en los mercados estaban desahuciados. Por decirlo sencillamente, lo que se ha hecho es darles créditos a medio plazo para que puedan atender compromisos inmediatos. Así, estos países no han sido liberados sino que se encuentran ahora mucho más endeudados que antes de ser rescatados y tienen por delante mayores compromisos. Como si se hubiera apagado la sed de financiación con agua de mar.

Tarde o temprano Grecia e Irlanda tendrán que sacar la bandera blanca de la rendición porque no tienen posibilidad de hacer frente a la deuda acumulada y las ayudas recibidas, y menos bajo las condiciones que se les han impuesto. Sólo tendría sentido económico prestarle respaldo a estos países si como fruto del mismo pudieran sus economías empezar a generar superávits de balanza de pagos, esto es, ingresar más que pagan y, con el excedente, ir liquidando paulatinamente las deudas pendientes. Pero este no es el caso, pues justamente la situación de bancarrota griega e irlandesa es consecuencia esencialmente de que a partir de la creación del euro sus economías han perdido competitividad y han incurrido en unos déficits desorbitados de balanza de pagos, de modo que cada año su deuda acumulada ha ido creciendo y es cada vez menos pagable

Los déficits de la balanza por cuenta corriente de Grecia e Irlanda en 2008, antes de que se declarasen todos los problemas financieros que recorren al mundo, fueron del 13,8 y 5,1% del PIB, respectivamente. Los dos habían cavado su propia tumba, al margen de singularidades y matices de cada uno de ellos. Irlanda se drogó hasta el síncope absorbiendo recursos exteriores de un manantial que creía inagotable. Dejemos ahora tranquilos a Portugal y España –todo se andará-, pero sus s déficits exteriores representaron en 2008 el 12,1 y el 9,5% del PIB, respectivamente.

Los salvamentos de Grecia e Irlanda recuerdan a los planes de ajuste estructural que impuso el FMI a los países latinoamericanos en los años 80, también fuertemente endeudados e incapaces de afrontar la carga financiera de sus deudas externas, las amortizaciones y los intereses. Sin embargo hay un matiz importante entre una y otra situación. El FMI con sus planes pretendía esencialmente estrangular las condiciones de vida de la población de esos países latinoamericanos y reorientar fundamentalmente su producción a aquellos sectores susceptibles de hacer crecer las exportaciones con las que obtener ingresos para pagar la deuda. Por ello, siempre iban acompañados de una sensible devaluación de las monedas para facilitar las ventas exteriores.

Ahora no. Se imponen condiciones parecidas, se desmontan los precarios estados del bienestar, se exigen recortes sociales intolerables, se reclaman reformas que nada tienen que ver con el problema de fondo, como la de las pensiones, se envían al paro a cientos de miles de personas, pero sin la posibilidad de que el hundimiento económico tras tantas medidas depresivas pueda dar lugar a un crecimiento de las exportaciones, pues, estos países, a diferencia de lo que ocurrió con el caso latinoamericano, no pueden devaluar sus monedas por la pertenencia al euro. Están en el euro y es a éste al que, por el momento, hay que salvar a toda costa. Como he dicho, sin excedente de balanza de pagos no hay reducción posible de la deuda.

Además, estas masivas ayudas financieras no son gratis, sino que llevan aparejadas unos altos tipos de interés, lo que refuerza mi opinión de que realmente no existen tales rescates. Nada está claro en todo este embrollo de las ayudas y su concreción, pero se dice que Grecia está pagando un tipo de interés del 5,2% y a Irlanda se le acaba de imponer el 5,8%. Implican estos tipos unos pagos de intereses tan enormes para ambos países y un agravamiento de sus posiciones deficitaria exteriores que es imposible que puedan salir del hoyo en que se encuentran. Un cálculo burdo puede ilustrar el problema. Los 67.500 millones de euros de soporte exterior que va a recibir Irlanda (los otros 17.500, hasta los mencionados 85.000 millones de euros en los que se ha cuantificado el rescate, serán contribuciones de la propia Irlanda), al 5,8% de interés, representan unos pagos anuales adicionales de 3. 900 millones de euros, nada más y nada menos que el 2,7% del PIB de Irlanda. A la deficitaria balanza de pagos hay que añadirle estos nuevos desembolsos.

La conclusión es tan clara como dramática: los llamados rescates son medidas desesperadas para evitar el hundimiento inmediato de las finanzas y la moneda europea. Lejos de resolver el problema, están cebando una bomba cuyos efectos destructivos serán inevitablemente más contundentes. No se ve solución posible a la crisis: sólo queda esperar a ver cómo será su desenlace.