23/9/16
El sistema bancario español: el emperador está desnudo, ¿quién y cómo lo vestirá?.
20/12/12
El Presupuesto para 2013: ¿A dónde nos conduce esta salvaje política de austeridad?. (Luis Osorio)
29/7/12
Perspectivas y alternativas sociopolíticas en torno a un rescate de la deuda soberana española
22 de Julio de 2012
Quisiera compartir algunas consideraciones sobre la situación límite de la economía española en el actual momento.
Posiblemente hayáis tenido ocasión de leer algunos artículos sobre el rescate reciente.
El que va a aplicarse, referido a la situación de insolvencia de buena parte de la banca privada, tiene como avalista y garantista al Estado español y entraña de por sí una interverción de la Troika. Supondrá un plus de endeudamiento público que será mediado por el FROB (Estado español) para que una parte importante de la banca privada (sobre todo una parte de las que fueron cajas de ahorros) pueda hacer frente a los compromisos de devolución de sus ingentes deudas. También admitirá un mayor endeudamiento publico hasta el límite de 100.000 millones de euros (en torno al 10% del PIB español). La pérdida de soberanía en materia de política económica además está ligado al cumplimiento de los objetivos de déficit público a lo que se suman nuevas condiciones para admitir un retraso menor en su cumplimiento.
La primera consideración es que este apaño supone un sacrificio titánico en materia de recortes (prácticamente la escala de estos coincide con el recurso financiero para rescatar a la banca privada) que está lejísimos de aliviar el problema, y no hace otra cosa más que engrandecerlo, tanto por el aumento de endeudamiento como por su orientación recesiva. El problema es el acumulado de más de 15 años de políticas de acumulación de deudas privadas que tienen que irse devolviendo y que para poder hacerlo tendría como prerrequesito que España obtuviera superávits de balanza de pagos y una expansión fuerte de sus ingresos fiscales durante dos décadas para ir haciendo frente a esto. Lo primero no se está produciendo, y no puede producirse dado el diseño de la UE y la combinación de la existencia del euro, el monopolio crediticio privado de financiación a los Estados -el BCE no es el financiador de última instancia-, y la ausencia de políticas de convergencia real, solidaridad económica, presupuesto público europeo significativo y transferencia de rentas entre países. El segundo, la obtención de ingresos fiscales crecientes es sencillamente una quimera en el actual contexto depresivo. Este enorme sacrificio no servirá ni siquiera para salvar este año.
8/7/12
Las condiciones y consecuencias del rescate bancario español
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¿Dulce rescate o agrio secuestro?
16/6/12
Lo llaman ayuda y no lo es: sobre la intervención al Estado español, el rescate al sistema financiero centroeuropeo y el préstamo a la banca española
6/7/11
El ajuste evitable
RICARDO MOLERO
La semana pasada, el gobernador del Banco de España afirmaba que el plan de austeridad aprobado por nuestro Gobierno en mayo de 2010 había “evitado que España tuviera que pedir el rescate” de la UE. De este modo, no hacía sino reafirmar la supuesta necesidad de las medidas de ajuste como única vía para enfrentar la crisis. Sin embargo, su inevitabilidad se encuentra lejos de estar probada.
24/12/10
ENTRE EL RESCATE Y LA RUPTURA

Pedro Montes
Miembro de la Coordinadora Federal de Socialismo 21
En la izquierda, hay un debate no perfilado pero si identificable en relación con la crisis económica española en el contexto del marasmo financiero europeo.
Aquellos que defienden una salida progresista a la crisis -¿quién no?- se encuentran con la dura realidad de que nuestro país está en quiebra y acosado por los mercados financieros internacionales. Ante esta situación, y teniendo en cuenta que la idea de la salida progresista a la crisis puede encuadrarse en el reformismo, esto es, en no romper el marco actual de relaciones que mantiene nuestro país en la globalización capitalista y la Europa de Maastricht, se sienten en la necesidad de buscar soluciones a la peligrosa e insostenible posición financiera del país. De ahí a propugnar un “rescate” hay un solo paso, sin entrar en los matices de cómo ejecutar ese rescate - compra de deuda soberana por BCE, emisión de eurobonos, aumento del fondo europeo- y a quién debe incluir -sólo sector público o también a las empresas privadas-.
Con esta petición de rescate surge inmediatamente una contradicción insuperable con respecto al carácter progresista de esas propuestas de salida a la crisis. Los que vayan a rescatarnos, si los hay, no son hermanas de la caridad ni altruistas profesionales, sino gobiernos preocupados porque los problemas de las economías rotas no salpiquen peligrosamente a sus países y por garantizar, en la medida de lo posible, la recuperación de los fondos puestos a disposición de los países que se asfixian. Desde su posición de fuerza y para cumplir con esos objetivos ponen en condiciones muy duras a la política social y económica que han de seguir los países ayudados.
Ahí están ya los casos de Grecia e Irlanda para certificar el carácter antisocial y depresor de esa política. Un avance también de lo que cabe esperar para nuestro país nos lo proporciona el giro de mayo de la política del gobierno del PSOE, tras las exigencias de las instituciones europeas y la llamada telefónica de Obama. Por tanto, debe de quedar claro que es imposible reclamar un rescate y al mismo tiempo propugnar una salida progresista a la crisis.
Pero supongamos que el rescate tiene éxito y por el momento nuestro país se libra de hundirse. Que se gana, vamos, una batalla al tiempo. La situación resultante sería que quedaríamos más endeudados, pero en condiciones de hacer frente a los compromisos inmediatos con los nuevos fondos recibidos. Y cabe preguntarse, ¿cuándo podrá la economía española aliviarse del peso de la deuda externa. Ello que exigiría que en algún momento del futuro la balanza por cuenta corriente registrase un superávit.? La respuesta es nunca. Actualmente, en plena depresión y con una tasa de paro del 20%, ese déficit supera el 5% del PIB, los tipos de interés que hay que pagar son cada vez más altos, el volumen de la deuda es creciente y el destrozo del tejido productivo es manifiesto, con secuelas para la capacidad de exportación. La deuda tiene hundido al país y, con rescate o sin rescate, no hay posibilidad alguna de salir de esta situación desesperada.
A la contradicción señalada entre salida progresista y rescate hay que añadir que este último no implica solución alguna. El país está en un pozo, ahogándose, y sólo se trata de esperar hasta cuando aguantará dando manotazos antes de hundirse. El engendro del euro, tan decisivo en este gran desastre, seguirá desplegando sus maléficos efectos hasta su inevitable desaparición en su configuración actual.
Esquemáticamente, la otra posición de la izquierda es la siguiente: hay que romper el dogal del euro, recuperar una política monetaria y una moneda propias, renegociar la deuda y proteger en todo lo posible la economía.
No se pueden ocultar las dificultades de esta opción rupturista, y es imposible negar que para la sociedad española se abriría una etapa nueva que pondría en entredicho la política y las concepciones dominantes desde la adhesión al Mercado Común en 1986, bajo la hegemonía del neoliberalismo.
Sin embargo, aparte de razones ideológicas profundas -¿qué sociedad con tintes de izquierdas se puede construir avasallada por el mercado y arruinada por la especulación financiera?-, la mejor justificación que encuentro para marcar distancias con la Europa de Maastricht es una frase oída a un amigo: la única perspectiva que tiene alguien sumiso en un pozo oscuro es el círculo de luz de la bocacha.
Se trata, evidentemente, de aprovechar ese rayo de esperanza: de reconocer un gran fracaso, de admitir los graves errores que se han cometido y abordar con una perspectiva nueva la reconstrucción del país.
23/12/10
Comentario al artículo de Pedro Montes sobre la Emisión de Eurobonos...
Me gustaría comentar el artículo anterior ("El BCE vs Reserva Federal") de Pedro Montes, con el que estoy fundamentalmente de acuerdo, aunque hay cuestiones a valorar sobre el tema, y con algunas dudas. Esto nos conduce a escudriñar las diferentes opciones que se barajan para la política económica de la UE ante la crisis de la deuda.
Estoy en contra del castigo de los mercados financieros como fórmula. Ésta está detrás de la política de "reestructuración ordenada de la deuda" que plantea Alemania, porque, con esto sólo se deriva al futuro, e incrementada, la deuda de un país insolve
nte, porque a ese país se le somete a unas políticas de ajuste durísimas, y porqué en la práctica, como digo, supone que el riesgo de "reestructuración" supone invitar a los mercados a incrementar la prima de riesgo sobre la deuda de ese país.También estoy en contra de los rescates de la UE (BCE+FMI en su caso), que parece la opción planteada finalmente por la UE, porque seguramente el destino de las ayudas sería convertir en la práctica deuda privada por pública, porque no es seguro del destino de sus usos (en Grecia, armamento, en otros países rescates a la banca, tal y como viene señalando Juan Torres), y porque seguramente supondrá, gobernanza mediante, un control ex-ante de los presupuestos públicos, y la pérdida de la más mínima soberanía de los Estados-Nación, al igual que seguir profundizando el ajuste.
En el artículo de Montes se advierten los problemas, planteado por países europeos mediterráneos, algunos sindicatos latinos, y parte de la izquierda, consistente en la emisión de eurobonos: monetización del déficit, dificultad de encontrar un criterio de reparto de la compra de deuda pública de diferentes países con situaciones diferenciadas de carga de deuda pública, situación diferencial del peso del sector público en la economía de los países, averiguar cuál es la aportación de cada país para soportar el peso de la emisión de eurobonos, etc... Sin olvidar, que, como bien sugieres, el problema de la deuda se inflaría hacia el futuro, sin resolverse hacia el presente.
Dichos problemas de emisión de eurobonos, que deriva y esconde el problema pero no lo resuelve, esquiva la solución principal: que para afrontar cualquier problema de déficit la prioridad es el establecimiento de ingresos fiscales (progresivos) que reestablezca el equilibrio, y que con los recursos públicos europeos se apueste por la inversión solidaria, con efectos multiplicadores, que genere empleo. Eso supone, que la UE no puede seguir con un presupuesto tan irrisoria, y sin una armonización fiscal, creciente y progresiva, entre otras cosas.
No obstante, según conversaciones con buenos compañeros y analistas la emisión de eurobonos no siempre y en todo caso tienen porque ser una mala solución (transitoria) si se encuentran criterios de reparto solidario de la carga y de la posibilidad de conversión de deuda nacional por europea. Las ventajas de la emisión de eurobonos hay que contemplarlas: que la prima de riesgo de la deuda soberana no mantenga diferenciales tan altos, y que precisamente la búsqueda de criterios de actuación cooperadora de la emisión de deuda soberana supone un estímulo para una mayor unificación de la política económica (no mercadista) en la UE. Otra cosa es que no nos creamos en el actual contexto que los criterios que se puedan alcanzar sean satisfactorios. Yo diría más bien sobre la emisión de eurobonos que la cuestión no es tanto su emisión, sino el diseño que comporte y la orientación que tenga detrás. Y que, por otro lado, el problema es que no es solución, porque aún con este paréntesis y tiempo muerto para darnos un respiro, no se habrá resuelto la orientación de la política económica inaugurada en el Tratado de Maastricht.
Sea como fuere, y ante las escasas expectativas de un diseño progresista que reforme la UE, o que plantee una fórmula aceptable de emisión de eurobonos, insisto que cobra más actualidad si cabe una opción de salida concertada del euro por parte de aquellos países perjudicados por el modelo de la UE y su política monetaria y mercadista. Se trataría de proponer la conformación de un área económica supranacional con todos los países que quisieran sumarse con políticas de armonización fiscal, construcción de un Estado del Bienestar, una inversión propulsora de la economía, un desconocimiento, al menos parcial, de la deuda, y una política de cooperación, que pueda suponer contar con una moneda diferente para el nuevo área. Ni que decir tiene que eso tendrá consecuencias difíciles, como el ataque de los mercados financieros, pero al menos se podrá actuar de manera desembarazada del corsé político de la UE, tan escorado al neoliberalismo y a los intereses de los países centrales, y disponiendo de una política económica soberana y con margen de maniobra para enfrentar la situación. Esta claro que no es muy viable una salida nacional, sino que debe ser tan internacionalista como sea posible.
De todas maneras, el futuro no va a ser fácil, ni las soluciones serán sencillas. Pero lo que está claro es que la salida debe ser política, o no habrá salida alguna.
8/12/10
¡SOS! EUROPA

Pedro Montes
Parece mentira que una ciencia tan rigurosa como la economía a veces caiga en imprecisiones tan caricaturescas. Por mayo, se rescató a Grecia. Ahora, con 85.000 millones de euros, se va a rescatar a Irlanda. Mañana ya veremos.
Supongo que cuando los mineros de Chile salieron, uno a uno, de la tumba que los había aprisionado, cada uno de ellos se sintió rescatado de la muerte: estaban vivos. Supongo también que cuando los pescadores del Océano Indico fueron liberados de sus secuestradores se sintieron también rescatados: por fin, estaban protegidos y ya no se sentían amenazados.
No ocurre igual cuando la palaba rescate se aplica a Grecia e Irlanda en relación con la crisis financiera, pues una vez rescatados siguen más apresados que antes. La sensación de libertad no les llega por ninguna parte sino todo lo contrario: tienen más compromisos, más restricciones, más obligaciones y, sobre todo, más cargas financieras a las que responder que antes del salvamento.
El problema de estos países, y de los que vendrán, Portugal y España han pedido el turno, es que tienen una deuda con el exterior que no pueden pagar. Subrayo esto del exterior porque si los problemas fueran de deuda interna, aunque fuese enorme, entre acreedores y deudores griegos o irlandeses, al mundo les importarían un comino. Estos volúmenes de deuda externa son tan peligrosos para la supervivencia del euro y los propios intereses de los países acreedores, que la UE y el FMI han intentado, en mayo con Grecia y ahora con Irlanda, que no se declaren en quiebra, ayudándoles masivamente con créditos o avales para afrontar sus compromisos exteriores.
Podría hablarse de rescate, aunque fuera parcial, si a estos países se les hubiera reducido su deuda externa, por unas u otras vías. Pero esto no ha sucedido: simplemente se les ha prestado ayuda para que, por el momento, puedan hacer frente a las cargas de la deuda contraída y a sus necesidades de financiación actuales, pues en los mercados estaban desahuciados. Por decirlo sencillamente, lo que se ha hecho es darles créditos a medio plazo para que puedan atender compromisos inmediatos. Así, estos países no han sido liberados sino que se encuentran ahora mucho más endeudados que antes de ser rescatados y tienen por delante mayores compromisos. Como si se hubiera apagado la sed de financiación con agua de mar.
Tarde o temprano Grecia e Irlanda tendrán que sacar la bandera blanca de la rendición porque no tienen posibilidad de hacer frente a la deuda acumulada y las ayudas recibidas, y menos bajo las condiciones que se les han impuesto. Sólo tendría sentido económico prestarle respaldo a estos países si como fruto del mismo pudieran sus economías empezar a generar superávits de balanza de pagos, esto es, ingresar más que pagan y, con el excedente, ir liquidando paulatinamente las deudas pendientes. Pero este no es el caso, pues justamente la situación de bancarrota griega e irlandesa es consecuencia esencialmente de que a partir de la creación del euro sus economías han perdido competitividad y han incurrido en unos déficits desorbitados de balanza de pagos, de modo que cada año su deuda acumulada ha ido creciendo y es cada vez menos pagable
Los déficits de la balanza por cuenta corriente de Grecia e Irlanda en 2008, antes de que se declarasen todos los problemas financieros que recorren al mundo, fueron del 13,8 y 5,1% del PIB, respectivamente. Los dos habían cavado su propia tumba, al margen de singularidades y matices de cada uno de ellos. Irlanda se drogó hasta el síncope absorbiendo recursos exteriores de un manantial que creía inagotable. Dejemos ahora tranquilos a Portugal y España –todo se andará-, pero sus s déficits exteriores representaron en 2008 el 12,1 y el 9,5% del PIB, respectivamente.
Los salvamentos de Grecia e Irlanda recuerdan a los planes de ajuste estructural que impuso el FMI a los países latinoamericanos en los años 80, también fuertemente endeudados e incapaces de afrontar la carga financiera de sus deudas externas, las amortizaciones y los intereses. Sin embargo hay un matiz importante entre una y otra situación. El FMI con sus planes pretendía esencialmente estrangular las condiciones de vida de la población de esos países latinoamericanos y reorientar fundamentalmente su producción a aquellos sectores susceptibles de hacer crecer las exportaciones con las que obtener ingresos para pagar la deuda. Por ello, siempre iban acompañados de una sensible devaluación de las monedas para facilitar las ventas exteriores.
Ahora no. Se imponen condiciones parecidas, se desmontan los precarios estados del bienestar, se exigen recortes sociales intolerables, se reclaman reformas que nada tienen que ver con el problema de fondo, como la de las pensiones, se envían al paro a cientos de miles de personas, pero sin la posibilidad de que el hundimiento económico tras tantas medidas depresivas pueda dar lugar a un crecimiento de las exportaciones, pues, estos países, a diferencia de lo que ocurrió con el caso latinoamericano, no pueden devaluar sus monedas por la pertenencia al euro. Están en el euro y es a éste al que, por el momento, hay que salvar a toda costa. Como he dicho, sin excedente de balanza de pagos no hay reducción posible de la deuda.
Además, estas masivas ayudas financieras no son gratis, sino que llevan aparejadas unos altos tipos de interés, lo que refuerza mi opinión de que realmente no existen tales rescates. Nada está claro en todo este embrollo de las ayudas y su concreción, pero se dice que Grecia está pagando un tipo de interés del 5,2% y a Irlanda se le acaba de imponer el 5,8%. Implican estos tipos unos pagos de intereses tan enormes para ambos países y un agravamiento de sus posiciones deficitaria exteriores que es imposible que puedan salir del hoyo en que se encuentran. Un cálculo burdo puede ilustrar el problema. Los 67.500 millones de euros de soporte exterior que va a recibir Irlanda (los otros 17.500, hasta los mencionados 85.000 millones de euros en los que se ha cuantificado el rescate, serán contribuciones de la propia Irlanda), al 5,8% de interés, representan unos pagos anuales adicionales de 3. 900 millones de euros, nada más y nada menos que el 2,7% del PIB de Irlanda. A la deficitaria balanza de pagos hay que añadirle estos nuevos desembolsos.
La conclusión es tan clara como dramática: los llamados rescates son medidas desesperadas para evitar el hundimiento inmediato de las finanzas y la moneda europea. Lejos de resolver el problema, están cebando una bomba cuyos efectos destructivos serán inevitablemente más contundentes. No se ve solución posible a la crisis: sólo queda esperar a ver cómo será su desenlace.







