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13/3/13

La competitividad a debate: esclareciendo los factores

En el Foro de Debate Económico de la Fundación 1º de Mayo se abrió recientemente con una nueva discusión, en esta ocasión, abierta por el economista Antonio Sanabria, titulada como "Algunos apuntes en torno al mito de la competitividad en España", que recomendamos por su profundidad analítica y empírica. El autor identifica los factores internos del declive de la competitividad de la economía española, atribuyéndolo a un ascenso de precios propiciado por unos abusivos márgenes de beneficio empresariales, así como en un deficiente modelo productivo.

Por nuestra parte, y a continuación respondimos con el siguiente comentario analítico:


La dimensión internacional de la competencia también es importante:  
El magnífico artículo de Sanabria apunta elementos a los que se debe complementar el papel de los factores externos (el marco institucional y de políticas del área económica de referencia y la división internacional del trabajo) en la competitividad del tejido productivo nacional. También es preciso revisar la teoría de la competencia que manejamos superando la teoría de las ventajas comparativas de David Ricardo vulgarizada por la teoría económica ortodoxa.

 Daniel Albarracín

Antes de nada he de felicitar a Antonio Sanabria por su potente trabajo, bien fundamentado y apoyado empíricamente. Son precisamente aportaciones como estas las que nos permiten avanzar. El texto es muy sólido, y lo plantea como unos apuntes. En la línea de completar dichos apuntes y apuntalar la argumentación de Sanabria aportamos otros apuntes complementarios.

10/3/12

Asistimos a la conversión de nuestro modelo laboral a uno semejante al que rige en los contextos anglosajones


Publicado en el Periódico Diagonal aquí. En papel salió una breve referencia dentro de este artículo de Pablo Elorduy.


DANIEL ALBARRACÍN (Economista y sociólogo)
Miércoles 7 de marzo de 2012. Número 169


Análisis de la reforma laboral y del concepto de "devaluación competitiva"
DIAGONAL: La reforma laboral apuntala el discurso de los sacrificios para salir de la crisis, en el caso del mercado laboral-productivo la llamada "devaluación competitiva", ¿Qué indicadores pueden tomarse para demostrar que no va a ser así?

DANIEL ALBARRACÍN: Antes de entrar a escudriñar sobre esquemas diversos de estrategias competitivas posibles, es preciso desentrañar el concepto de competitividad.

28/10/11

Claudio Katz: La teoría de las ondas largas. La emergencia de China

28-3-11

Claudio Katz puntualiza y redefine el esquema de las ondas largas de acumulación para la interpretación del desarrollo capitalista. Se trata de un pequeño comentario al respecto, que, será a continuación aplicado en lo que concierne a la discusión sobre la emergencia de China en el contexto internacional.

Duración: 3m.6seg.







Katz contexta una inteligente pregunta sobre el papel de China en el nuevo contexto internacional, cómo se aplica la teoría de las ondas largas, y como el modelo competitivo Chino que se nos pretende importar es francamente peligroso.

Culmina con una reflexión sobre la lucha de clases, desmantelando la tesis de que cuanto peor mejor, o, visto de otro modo, no hay garantía alguna que aceptando mayores sacrificios se pueda remontar. El factor subjetivo resulta decisivo en cualquier salida, y no hay salida aceptando agresiones sin fin.

Duración: 13m.26seg.

20/3/11

Hablemos de productividad

BRUNO ESTRADA

La aceptación de aumentar el Fondo de Rescate hasta 440.000 millones de euros para respaldar la deuda pública de países con riesgo de insolvencia tenía su cruz. En la medida que los esfuerzos financieros de ese fondo provendrán principalmente de Alemania, la canciller Merkel, junto con el solícito Sarkozy, han propuesto un supuesto pacto por la competitividad. Este contiene alguna propuesta interesante, aunque insuficiente, como la búsqueda de un cálculo común para el impuesto de sociedades a escala europea. Para evitar una permanente devaluación fiscal, no sólo debe homogeneizarse la definición de su base imponible, sino también de sus tipos. En palabras del economista alemán H. W. Sinn, “con una armonización planificada colectivamente, en lugar de una forzada por la competencia entre sistemas fiscales, Europa no tendrá que renunciar a sus logros sociales y no tendría que sufrir las distorsiones de origen fiscal”.

Sin embargo, el centro del debate se sitúa en la polémica propuesta de la eliminación del sistema de indexación de salarios
–que posibilita el mantenimiento del poder adquisitivo de las rentas del trabajo– y su sustitución por un modelo que vincule los crecimientos salariales (nominales) al incremento de la productividad. Esta propuesta, de aceptarse, supondría la institucionalización de un mecanismo de “ajuste salarial permanente”.

Según datos de la Comisión Europea, el crecimiento de la productividad en España –definida esta como el PIB real por hora trabajada– durante la década de los noventa ha sido del 1,5% anual, y del 1% durante la década de 2000. Sin embargo, el crecimiento medio de la inflación durante esas décadas fue del 4,2% y del 3% respectivamente. Si en estas últimas dos décadas se hubiese arbitrado un mecanismo como el del plan de competitividad, la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios españoles hubiese sido aún mayor.
De hecho, los salarios reales en España han crecido durante las últimas dos décadas por debajo de la productividad. Esta es la razón por la cual los costes laborales unitarios –que relacionan salario medio y productividad– se han reducido un 10% desde 1990 hasta hoy.
Los representantes de la CEOE que reclaman ligar salarios (nominales) y productividad pretenden, al igual que el Banco de España, acabar con las cláusulas de revisión y aumentar con ello el peso de las rentas del capital en el PIB. Nada nuevo bajo el sol: en los últimos 25 años, los 40.000 españoles más ricos han pasado de poseer el 2% de la riqueza nacional al 4%, sobre todo por ganancias de capital. Los ajustes frente a la crisis vuelven a intentar repercutirse sobre los y las trabajadoras, en este caso no ya por la vía del empleo, sino de la depresión salarial.

Además, si se tomara de referencia salarial la productividad en el ámbito de las empresas, nos encontraríamos con que esta no sólo depende de la competitividad de sus productos, sino también de su poder de mercado y de otros factores contextuales (infraestructuras, nivel tecnológico, innovación organizativa y comercial, economías de escala interempresariales, provisión de servicios públicos en el entorno, prosperidad del mercado en el que se mueve, etc.).
Hacer una negociación colectiva descentralizada sobre los salarios en función de la productividad de las empresas estaría abriendo la brecha salarial entre los trabajadores de sectores oligopólicos (por ejemplo, financiero, producción eléctrica, fabricación de automóviles) y el resto, lo que conllevaría que el ajuste se propicie contra las plantillas del tejido empresarial más débil, reforzando la recesión.

Otra cosa sería que, partiendo de un suelo digno (salarios mínimos sectoriales que deberían actualizarse en relación con la evolución del poder adquisitivo), se desarrollen instrumentos para disputar la generación de riqueza producida en las empresas. La participación colectiva de los trabajadores en las decisiones empresariales podría implicar una mejora de la productividad de las mismas si incrementara el volumen de beneficios no distribuidos a los accionistas, reinvirtiéndolos en actividades de I+D+i que impulsen un cambio del modelo tecnoproductivo en clave de sostenibilidad y en la formación de los trabajadores. Las fórmulas de participación de los trabajadores en sus empresas pueden ser diferentes, unas pueden cuestionar el modelo socioeconómico y otras moverse en el existente.

El último Gobierno de Olof Palme impulsó en Suecia los Fondos de Inversión de los Asalariados. Una parte añadida al salario se remunera en acciones, que se sindican colectivamente, lo que posibilita influir o bloquear determinadas decisiones, reducir la presión sobre los salarios y una cierta defensa para los trabajadores en tiempos de crisis. Los fondos garantizan un núcleo estable de capital, reduciendo la dependencia del capital impaciente que exclusivamente busca incrementar el reparto de dividendos.
Impulsar nuevos elementos en el modelo de negociación colectiva que armonicen al alza los derechos laborales debería ser el eje central de un pacto europeo por la competitividad favorable a una mayoría social. La generación de riqueza en una sociedad basada en el conocimiento, como quiere ser la sociedad europea del siglo XXI, sólo puede sustentarse en la democratización de la economía.

Bruno Estrada es Economista. Director de Estudios de la Fundación 1º de mayo
*También firman este artículo Daniel Albarracín, Ignacio Álvarez, Manuel Garí y Bibiana Medialdea.