La posición de las clases dirigentes
El debate sobre la seguridad y la defensa
resulta controvertido en el marco de las fuerzas del cambio. Y, precisamente
por esta razón, rara vez se da o refiere a aproximaciones idealistas. En cambio,
las fuerzas políticas de las clases dominantes optan por diferentes esquemas y
las tratan sin tapujos.
Las fuerzas nacional-conservadoras optan sea
bien por una estrategia hegemonista, tipo guardián del mundo, que les conduzca
a liderar a otro grupo de países vasallo, sea bien a abrigarse en un polo de
alianzas liderado por un país. Esta estrategia fue llevada a cabo por las
clásicas naciones imperialistas en diferentes momentos de la historia. Primero
Francia, luego Inglaterra, finalmente EEUU o, en su área de influencia, la
URSS.
Las fuerzas neoliberales, de carácter
cosmopolitas y globalistas, que saben que para competir en los mercados
mundiales no hay mejor para negociar que contar con una fuerza pública bien
dotada de medios represivos y potencialmente destructivos, suele optar por un
esquema militar amparado en un cuerpo supranacional, a poder ser vestido de
neutralidad, con el objetivo de sostener su legitimidad internacional, cuando
en la práctica opera con intereses de parte.
La cuestión es que en el contexto actual EEUU
emprende una revisión de su política militar, y con Trump en el gobierno, para
abandonar sus responsabilidades como guardián del mundo, esto es, para proteger
y abrigar los intereses de sus aliados, para exigirles corresponsabilidad en a
la hora de costear la inversión militar,
y para emprender iniciativas sin la necesidad de pedir permiso, más aún cuando
se abre una fase de lucha por los recursos naturales.
