17/10/20

Sobre la elevación del techo de gasto: no es un adiós, es un hasta luego

El pasado martes 6 de octubre, el Gobierno aprobó la posibilidad de aumentar el gasto público un 53,7 % sobre las expectativas presupuestarias previas a la pandemia. De modo que el Gobierno podrá incluir en su presupuesto  196.000 millones de euros adicionales en el presupuesto de 2021. 


Ese "ingreso extra" no surge de la nada, traerá asociado un mayor endeudamiento. Se permitirá que el Estado emita más deuda pública, una vez se hayan relajado los criterios exigidos por la UE. Una parte de esa deuda puede venir de potenciales fondos que puedan venir de la UE, sólo una porción vendría de transferencias a cargo del presupuesto europeo que, de nuevo, supone un endeudamiento público adicional, si bien a escala europea. Es decir, estos préstamos se deberán devolver en el futuro con intereses, que aunque estén bajos nadie regala nada, la financiación no “llueve” ni desde Bruselas ni desde ningún acreedor como si fuera maná.


De ese dinero, el 92,8 % deberá ir destinado a paliar los efectos de la pandemia en las arcas públicas:  gastos de sanidad, ayudas de la seguridad social para trabajadores, autónomos y empresas, servicios sociales, etc. Tan sólo el 7,2 % podrá destinarse a otras partidas del presupuesto, por lo que la ansiada reversión de “los recortes del PP” tendrá que esperar para ser financiada.


Además, el Consejo de Ministros ha aprobado la suspensión, que no la derogación, de la senda de estabilidad presupuestaria que fija los objetivos de déficit para este año y para el que viene, siguiendo lo establecido por la Comisión Europea, que ha suspendido la aplicación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento hasta 2021 con motivo de la pandemia y no exigirá a los Estados miembros que se ajusten a los límites de endeudamiento previstos.



Sea bienvenida la posibilidad de superar el techo de gasto,  siempre es buena noticia la posibilidad de gastar más. Pero no olvidemos que para que esto suceda, primero hay que aprobar el presupuesto, luego ejecutarlo y, sobre todo, debemos conocer a qué se va a destinar ese gasto público, en qué y cómo se va a invertir. Esta medida es positiva, consigue un desbloqueo, una condición de posibilidad, supone la relajación de un corsé muy negativo, la austeridad, la prohibición de que las administraciones públicas gastaran lo que realmente necesitaban.


Pero contextualicemos. Todos los países, incluyendo a la UE, están enfrentando una depresión, y en casi todos este tipo de relajación en la política de gasto se está admitiendo para dar respuesta económica ante la gravedad de la situación, que ha paralizado la economía privada. Esta suspensión  de la austeridad, extraordinaria y temporal, se permite porque la UE ha acordado un paréntesis del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. La austeridad no ha muerto, como anunció de forma grandilocuente el portavoz de Unidas Podemos, Pablo Echenique, tan solo ha sido suspendida temporalmente. Lamentablemente no es un adiós sino un hasta luego.



El año que viene, si son capaces de aprobar un presupuesto, se podrá gastar más. Esto es una "potencial buena noticia", pero mucho nos tememos que los tan esperados fondos europeos llegarán tarde, serán escasos y su uso y destino están, cuanto menos, en entredicho. Porque pueden caer en la lógica financiación pública - negocio privado, y porque apenas un 11% tiene un destino a una línea definida, que, con todo, sigue siendo ambigua al no detallar qué modelo de economía digital o transición verde quiere financiar. El diablo está en los detalles, y bien podrían acabar en manos de grandes tecnológicas o grandes energéticas convencionales para hacer cosas que poco tengan que ver con lo sostenible y necesario. 


Para valorar el resultado de esta elevación del techo de gasto y constatar que ese mayor gasto público mejora las condiciones materiales de vida de la mayoría social, hay que hacerlo evaluando un marco completo de políticas. A día de hoy, las políticas del Gobierno, por desgracia, están muy lejos de un abandono de los principios neoliberales. Muy probablemente continuarán las colaboraciones público-privadas, seguirá la concentración oligarca en los sectores estratégicos (banca, comunicación,  digital y energía), se apoyará al sector del turismo (de masas),  se incentivará el urbanismo y las  industrias extractivas y depredadoras del medio ambiente, continuará la invisibilización del trabajo no remunerado de las mujeres, los cuidados y un largo y triste etcétera. Dicho de otro modo, no apuestan por un, tan necesario como urgente, cambio de modelo productivo.


Sin esa necesaria nueva forma de producir y cuidar, sin una contundente reforma fiscal progresiva, para que pague más quien más tiene, o sin modificar el artículo 135 de la Constitución para acabar de verdad con la austeridad, las deudas de hoy, serán recortes mañana.<--more-->

<--more-->
<--more-->15/10/2020 Julián Moreno y Daniel Albarracín, integrantes de la Comisión de Economía Política de Anticapitalistas. https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2020/10/14/sobre_elevacion_del_techo_gasto_no_adios_hasta_luego_111989_2003.html?fbclid=IwAR3PVpNOWGZHF3OcbInNOrngfeckXPjonYJi2MwjraEMGAxJyGcBfdf83Bg

4/9/20

El gobierno acepta la absorción de Bankia por CaixaBank: se desvanece la perspectiva de una banca pública.

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/37121/el-gobierno-acepta-la-absorcion-de-bankia-por-caixabank-se-desvanece-la-perspectiva-de-una-banca-publica/

Daniel Albarracín. 04/09/2020.


El sector financiero ha realizado un grandísimo proceso de transformación del sistema bancario.

En primer lugar, salvo dos pequeñas entidades, las cajas de ahorro, que representaban la mitad del sistema financiero, eran bancarizadas en 2010, perdiendo sus últimos rasgos de carácter social. La mayor parte desapareció o fue adquirida a bajo precio por los grandes bancos.

En segundo lugar, se ha asistido a un acelerado proceso de concentración bancaria. Hace 25 años había 50 entidades, hoy son prácticamente cinco entidades las que dominan el mercado, acaparando el 71% de los activos del sector y el 67,7% de la cuota de mercado –tomando datos de 2019, un 25% más que si comparamos con 2006, si ahora absorbe CaixaBank a Bankia, aunque puedan identificarse 30 entidades funcionando. En suma, el sector en el Estado español alcanza un grado de concentración que le pone en el cuarto lugar del listado europeos.


En tercer lugar, el proceso de servicio bancario se ha digitalizado en buena medida. En este contexto, el número de oficinas y empleados se ha visto recortado drásticamente, y los servicios personalizados y condiciones para la clientela se han visto restringidos o encarecidos.

En cuarto lugar, el sistema bancario ha tratado de compensar su reducción de rentabilidad, ante la disminución de los márgenes bancarios debido a un entorno de tipos de interés reales muy bajos, con la proliferación de comisiones y la realización de actividades ajenas a la práctica bancaria.

Hace pocos días el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, ya apuntaba, al igual que se hizo en la crisis del 2008, que el sistema bancario ha de abordar sus problemas de baja rentabilidad y de mala solvencia con nuevas concentraciones. Esa línea además está reforzada por la convicción en el establishment que se necesita formar “grandes campeones europeos” para competir en el mercado mundial.

 

La absorción de Bankia por CaixaBank: un paso hacia la privatización en 2021.

Bankia representa el último vestigio de banca pública en España, el FROB, instrumento estatal, cuenta con el 61,8% de su capital. La nueva entidad resultante de esta absorción puede comportar hasta 650.000 millones de activos erigiéndose en el mayor banco que opera en el Estado español[1]. 442.000 millones son aportados por CaixaBank, 215.000 millones por Bankia, lo que conduce a que el Estado cuente con sólo el 14% del capital, superado por el 30% en manos de Fundación La Caixa, que concentraría un gran poder de decisión. La previsión era que Bankia se privatizara en 2021. Con esta operación, CaixaBank puede salir muy beneficiada. El Estado aportó en su día 24.069 millones en ayudas públicas para BFA-Bankia en forma de rescate, de los que apenas se han recuperado 3.000 millones por venta de participaciones y la distribución de dividendos. La venta de las acciones de Bankia en manos del Estado se hará en un contexto bajista del valor de las acciones bancarias, y la fusión sólo recuperará una pequeña parte de ese valor perdido.

28/6/20

¿Por qué necesitamos una banca pública?




La economía es un asunto social de primer orden, porque trata sobre los recursos, cómo se producen y cómo se distribuyen. La sociedad tiene derecho a decidir sobré a qué destinan los recursos, y a quién llegan. Financiar las inversiones no es un asunto menor. Desde hace tiempo, las finanzas, los bancos, y su función, ha sido acaparada por una minoría que se arroga privilegios que no están al alcance de los demás.


o   Los bancos privados deciden a quién o qué se financia, imponen condiciones de contratación, seguros y comisiones. 


o   Los bancos privados reciben préstamos del Banco Central Europeo que, literalmente, regalan el dinero, por el entorno de tipos de interés negativos. Con eso, hacen de intermediadores sacando un importante porcentaje cuando prestan al sector público, al prestar ese dinero a un tipo superior. El BCE les compra sus deudas corporativas sin mirar su grado de toxicidad, cargando la deuda privada a una entidad pública. 


o   Los bancos privados crean dinero, al conceder préstamos, y lo hacen de la nada, con un mero apunte informático, y pueden someter de por vida a aquellos que deberán devolver la deuda.

o   Son los responsables de los desahucios, pasando el riesgo a las personas que no pueden pagar, quedándose con el piso. Sin embargo, las regulaciones de la banca privada son muy flexibles, en materia de solvencia, en materia de tipos, servicios asociados a sus productos bancarios, o de comisiones. 


o   Hemos pasado en tiempo record a tener un mercado dual con cajas de ahorros y banca privada, a un sector plenamente bancarizado. La mitad del sector hace pocos años estaba en manos de las cajas de ahorro, ahora hay apenas 12 bancos y cinco de ellos concentran casi el 70% del mercado. Jamás hubo más riesgo para que los bancos chantajeen al sector público con aquello de que “son demasiado grandes para caer”. 

19/6/20

¿Hacia una IVa Revolución Industrial?.

https://www.elsaltodiario.com/economia/podcast-la-uberizacion-del-empleo-2-cuarta-revolucion-industrial


En esta pieza abordamos la idea de la cuarta revolución industrial de la mano del economista y sociólogo Daniel Albarracín, que nos ofrece una charla de historia y economía para desentrañar este concepto. 

De la mano de Albarracín repasaremos si realmente podemos hablar de Cuarta Revolución Industrial al hablar de internet y nos detendremos a observar cómo influye la tecnología en la economía, nuestro entorno laboral y nuestra vida. 

El podscast puede seguirse AQUÍ.


14/6/20

Cooperación fiscal armonizada y auditorías de la deuda: un nuevo concepto solidario para una nueva Europa.


https://vientosur.info/spip.php?article16038

Daniel Albarracín, Alex Merlo y Mats Lucia Bayer. 04 de Junio de 2020.


Las contradicciones de la legitimación argumental del capital

Las clases dirigentes han iniciado una fuerte ofensiva para afianzar su relato autolegitimador, para alterar el diseño y aplicación de todos los instrumentos de la política pública y laboral, una vez más, a su favor. Recuperando la vieja retórica de que son las empresas las que generan la riqueza, y que sin ellas el factor trabajo no podría valerse por sí mismo, pretenden hacerse también con el papel de benefactores, arrogándose el mérito de la creación de empleo como fórmula de reparto al que se accederá según la productividad y los méritos. Así las cosas, consideran a los impuestos una lacra para las inversiones, y exigen su reducción o aplazamiento.

La paradoja se da precisamente en el discurso de autobombo y su contradicción intrínseca, y cómo se resuelve. Por un lado, dirán que los empresarios arriesgan sus ahorros, promueven iniciativas innovadoras (Schumpeter, J.A.; 1983)[1] con valor propio, y que organizan la producción haciéndola racional. Sin embargo, los ahorros logrados son sobre todo fruto de herencias, beneficios logrados a partir de la explotación del trabajo, el acaparamiento oligopolístico o la especulación financiera, y la mayor parte de las innovaciones se originan en inversiones públicas (Mazzucato, M.; 2014)[2] en materia de investigación fundamental, el 80% de las innovaciones es fruto de la creatividad de los trabajadores (Nieto, M.; 2018)[3], y realmente son los gerentes los que organizan racionalmente la producción. Los capitalistas, como esa capa que o bien vive de los dividendos de acciones de grandes empresas, son obligacionistas acreedores, o detentan la propiedad de bienes raíces, son en sí una minoría de parásitos de postín.

Sin embargo, esta no es en sí la paradoja más llamativa, sino la que ahora se esgrime invocando el papel del Estado en su socorro, exigiendo que el sector público se haga cargo de parte de los costes laborales del capital, que avale créditos para superar los problemas de liquidez y solvencia ante la crisis, al mismo tiempo que no se hace responsable de que se endeude mientras pide reducciones de impuestos o el aplazamiento de su pago. Esto es, los capitalistas no cumplen ni uno de sus argumentos legitimadores, aunque nosotros ya teníamos claro que, aunque tratasen de cumplirlos, la lógica del beneficio, la competencia y la acumulación harían injusto, insostenible e ineficiente el sistema económico que propugnan, basado en la explotación del trabajo en sus diferentes formas (de gestión, del conocimiento, de producción) y en esquilmar la naturaleza. Se trata del neoliberalismo de Estado, donde en “aras de hacer funcional al mercado”, el sector público ha de desempeñar el papel de “primo de Zumosol” de las grandes empresas que operan en la cadena de valor capitalista.

 

Fiscalidad regresiva y deuda, mecanismos de explotación institucional.

 

El neoliberalismo de Estado conlleva, en particular, un triple modelo de extracción del valor del trabajo:

·       La intensificación del trabajo y la vulnerabilización del empleo.

·       Un modelo impositivo regresivo y desfiscalizado.

·       Un modelo financiarizado en el que el mecanismo de deuda presiona a los endeudados a todas las escalas: individual y colectiva.

4/6/20

Varoufakis y la política de Syriza en la encrucijada europea de 2015. Cuando el recuerdo es selectivo

Reseña de Capitulación entre adultos, Grecia 2015: una alternativa era posible. De Eric Toussaint (2020) Editorial El Viejo Topo.
Daniel Albarracín[1], 05/03/2020
https://vientosur.info/spip.php?article15985

¿Qué pasó realmente en Grecia en 2015, en el epicentro de la crisis de la UE? Aquella historia aún rezuma héroes y tragedias. ¿Y si todo ese fuese un mito, producto de una sublimación por una derrota tras una batalla no librada?. 

Eric Toussaint
, protagonista en primer plano de la Comisión de la Verdad que auditó la Deuda Pública griega, lanzada por el Parlamento heleno, en ese periodo, responde en este libro "Capitulando entre adultos" al relato selectivamente olvidadizo de Varoufakis en su libro "Comportarse entre adultos". Un relato que incluso cautivó a Costa Gavras en su conocido documental, pero que, lamentablemente se basa en medias verdades, que son las mentiras más efectivas. En esta reseña introduzco las aportaciones de Toussaint para este episodio que marcó un antes y un después de la historia de la UE.

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En 2015 Europa vivió su primera gran crisis. Aunque se hubiesen producido otras anteriores, ninguna fue como esta. Grecia, otrora considerada la cuna de la cultura europea, se situó en el epicentro de un terremoto político. Se vió cuestionaba la arquitectura económica que soporta la Unión Europea y, especialmente, su zona euro. Aquellos meses, de Febrero a Septiembre, Grecia, y sus protagonistas inundaban las portadas de la prensa. Por primera vez, la Troika parecía asustada, parecían removerse sus cimientos, porque un país europeo llevaba al gobierno a un partido de izquierda, Syriza. Pasado ese episodio se crearon mitos, sublimados más aún tras la claudicación y derrota del gobierno de Syriza. Los “imposibilistas” se resignaron a decir que no cabía alternativa, otros ensalzaron como héroes vencidos a los que simularon librar una batalla.

Se transitó del anhelo a la frustración. Con ello la esperanza en Europa quedó seriamente dañada. Una serie de relatos han querido rescatar las figuras, en su momento icónicas, de Tsipras y, especialmente, de aquel insigne economista que parecía haber toreado al Minotauro: Yannis Varoufakis. A este relato contribuyeron todos aquellos que querían alabar la razonabilidad y la política pro-UE de la dirección del gobierno, o los que, aunque los hechos hablasen en otro sentido, trataban de presentar a Varoufakis como el nuevo Hércules, en aras de impulsarle a nuevos desafíos posteriores[2]. Libros, como el del propio Varoufakis (2017), Conversación entre adultos, o la película del admirable, en esta ocasión fallido en el ángulo escogido, Costa Gavras (2019), Comportarse como adultos, que obtuvo el premio Donostia de cine, han dado una versión elogiosa de este protagonista casual. Desde entonces, los mitos se encargaron de dar lustre y brillo a los bustos de los perdedores, como si hubiesen librado la batalla en buena lid. Por desgracia, esas narraciones, rindieron como vano consuelo, especialmente para ocultar y deformar lo sucedido.

El libro de Eric Toussaint, plenamente involucrado con el pueblo griego en aquellos meses, coordinando la histórica Comisión parlamentaria de la Verdad de la Deuda Pública Griega, desde el 4 de Abril, impulsada por la presidenta del Parlamento griego Zoe Konstantopoulo y la diputada Sofia Sakorafa, brinda una versión algo distinta, con una conclusión bien diferente. Lejos de las hagiografías y los mitos, se basa en lo realmente sucedido, sin esconder nada, constatando que hubo varias oportunidades para aplicar una política diferente, a pesar de las enormes adversidades que sufrió, y sufre, el país heleno.

1/6/20

Criterios para una tecnología acorde a la transición energética y el cambio de modelo productivo

Daniel Albarracín Noviembre 2019.
https://www.vientosur.info/spip.php?article15350

1.     Los mitos de la nueva revolución industrial y de las tecnologías del capitalismo verde


En medio de la incertidumbre devienen varias crisis superpuestas, en las que la energética y climática son las más graves para el futuro de la humanidad. Con ello, llegan las promesas, muchas amparadas en el milagro de la técnica, bajo una forma de determinismo tecnológico, motor de los cambios y solución de progreso.


El pensamiento convencional irrumpiría con el concepto “revolución digital”, casi una suerte de economía virtual inmaterial, que habría sido elevada a la categoría de IVa Revolución Industrial, como solución de las crisis. En ella se reunirían un conjunto de innovaciones tecnológicas que se reforzarían entre sí aunando mejoras extraordinarias en la conectividad de internet, su interconexión con numerosas aplicaciones de uso cotidiano desde el ámbito manufacturero al doméstico, pasando por los desarrollos en el campo de la automatización industrial de procesos, los sistemas ciberfísicos –nanotecnología, ingeniería genética, etcétera-, la gestión del “big data” y la “información en la nube” (cloud), el desarrollo de las redes sociales y las aplicaciones que cada uno portamos con nuestros dispositivos móviles. Resulta cuanto menos digno de debatir el que estemos ante una revolución industrial o ante innovaciones técnicas, dentro de la III Revolución científico-tecnológica, más aún que todo esto no se soporte sobre la realidad material y no tenga límites productivos y físicos concretos.


Robert Solow (1987), observó: “Se ven ordenadores por todas partes, salvo en los indicadores de productividad”. Patrick Artus (2017), también afirma que: ”A pesar del desarrollo de lo digital y del esfuerzo de investigación y de innovación, los aumentos de productividad disminuyen”. A día de hoy, puede decirse que, salvo entre 1990 y 2004, periodo en el que se produjo un descenso del coste de velocidad y la capacidad de memoria de los ordenadores, la tendencia al estancamiento de la productividad es inequívoca. 


La productividad resulta un factor clave para la generación de nuevos mercados y de rentabilidad. Sin su mejora, la presión para elevar la tasa de plusvalor es mucho mayor, lo que conduce a escenarios crecientes de conflictividad sociolaboral y política. Pero también, sin su elevación, la presión a acaparar y sobreexplotar territorios y materias primas se incrementa severamente. 


Gordon (2014) advierte sobre los límites productivos de las nuevas tecnologías a nivel macroeconómico. Las innovaciones robóticas son de difícil generalización en el sector de servicios y de la construcción, o en algunas partes de los servicios logísticos y de transporte (almacenamiento, carga y descarga). A su vez, algunos productos y aplicaciones son de utilidad específica puntual, y las innovaciones en los sistemas de información no aumentan la productividad, sino que sólo racionalizan y controlan mejor los procesos. 


La robotización plena no es generalizable. No sólo porque en no pocos procesos intervienen personas. También por razones físicas naturales. Todo software funciona con un hardware, una infraestructura de cables, antenas de telecomunicaciones, servidores. Los bienes digitales, los datos requieren de energía, en su generación, tratamiento, almacenamiento y difusión. No hay nada de inmaterial en la tecnología. Y cabe la certeza que no será una solución universalizable por razones biofísicas y económicas.


De manera semejante, si las anteriores innovaciones prometen superar las crisis y solucionar diferentes problemáticas (aunque sólo sea para la minoría que pueda financiársela), la crisis energética y climática ha querido abordarse con una panoplia de innovaciones que, con Daniel Tanuro, venimos a caracterizar dentro del paradigma del “capitalismo verde”.


Estas innovaciones técnicas o soluciones organizativas se presentan como solución ante la crisis medioambiental. El llamado capitalismo verde trata de institucionalizar soluciones de mercado que internalicen en la toma de decisiones de las empresas los costes medioambientales externos, como así representa el mercado de derechos de emisión, la atribución de derechos de propiedad a los bienes naturales comunes, convirtiéndolos en capital natural. También nos llegarán con la promesa de energías supuestamente limpias (el gas natural, la energía nuclear, el hidrógeno). Apostarían por soluciones tecnológicas ecoeficientes. Señalarían que las renovables podrán ser un gran negocio a largo plazo. Y que el coche eléctrico nos aportaría prestaciones confortables que no nos harían renunciar a nuestras comodidades. Con el reciclaje de residuos también nos encontraríamos con una conducta moral, estética y rentable. O con los sistemas de captura de carbono hallaríamos la contención en la industria a la emisión de gases de efecto invernadero. Por último, pero no menor, se dirá que la revolución digital difundirá un tipo de economía inmaterial que no añadirá carga significativa al planeta.


Al igual que cabe preguntarse sobre el cumplimiento de las promesas de la dichosa revolución digital inmaterial, los problemas de esta propuesta de capitalismo verde no son pocos: 

22/5/20

El Ingreso Mínimo Vital y el futuro por hacer.


Daniel Albarracín[1]. 15/05/2020
https://www.nortes.me/2020/05/21/el-ingreso-minimo-vital-y-el-futuro-por-hacer/

Se ha instalado el tópico elitista que sospecha de todo aquel que, por percibir rentas originadas por un derecho humano, es un mantenido, un caradura perezoso. Hay un discurso cínico y disciplinador, que tacha de vagos a personas que no eligieron ser despedidos ni haber sido empobrecidos. Los que hablan de paguita, no se preguntan siquiera si la renta será suficiente para vivir. No se quejan de haya créditos avalados, subvenciones o bajos impuestos para las empresas. Lo que les importa, a los que niegan al trabajo el origen del valor y piensan que son las empresas las que crean la riqueza, es la docilidad de la fuerza de trabajo disponible. Parados y sin ingresos seguro que seremos más obedientes, teniendo que aceptar cualquier empleo, en un contexto de depresión económica en el que cunde el temor porque no haya lentejas. Por esta razón la derecha es hostil a cualquier medida de escudo social a las clases trabajadoras. 

Dicho esto, sorprenderá que ciertos liberales estén conformes con una medida como puede ser el ingreso mínimo vital. No debe extrañarnos cuando su cuantía anda por debajo del coste de reproducción de la vida. Recordemos que sirve para “llenar la nevera”, pero no para pagar el alquiler, la hipoteca y otros gastos propios de una familia. El misterio se resuelve cuando se comprueba que dinamiza el consumo, que impide un mayor hundimiento de la economía, al estabilizar la demanda. Vaya, que ayuda a que el mercado funcione.

18/5/20

El Ingreso Mínimo Vital y los vehículos para el cambio: Renta Básica Universal, Planes de Empleo Garantizado y la Política de Desmercantilización y Democratización Laboral


https://vientosur.info/spip.php?article15972


Daniel Albarracín 15/05/2020


En Junio, se implementará un ingreso mínimo vital cuyo perfil definitivo aún está perfilándose, tanto en su aplicación concreta como en su alcance social, e incluso territorial, pues se ha trasladado como propuesta a las instituciones europeas. 


Esta iniciativa brinda una oportunidad para contrastar diferentes “vehículos de cambio”[1]. Valorar un esquema de medidas exige, al menos una doble comparación. Lo que ofrece y mueve respecto a un determinado punto de partida. Y, especialmente, hacia dónde nos lleva. Para poder evaluar apropiadamente. Debemos contrastar los diferentes vehículos disponibles, para ver cómo avanzan en cada terreno, y establecer los horizontes deseables. Sin caracterizar esos horizontes[2], resulta muy difícil orientarnos. No se trata de llegar a ellos en un estadio más o menos inmediato, sino, cuanto menos, concluir con un juicio cabal de si al menos nos movemos en la dirección que buscamos.

A este respecto, este documento, primero, contrastará lo que es el ingreso mínimo vital y su distancia con la Renta Básica Universal. Segundo, compararemos la RBU con los conocidos Planes de Empleo Garantizado. Tercero, compararemos ambos esquemas –en tanto que vienen asociadas a medidas que comprometen a otras esferas de la política económica, social y laboral-, con una solución alternativa. Aquella, en síntesis, consiste en el desarrollo de políticas de desmercantilización, la extensión de servicios públicos universal gratuitos, y la democratización de las relaciones laborales.



¿Es el Ingreso mínimo vital una renta básica universal?. ¿Se podrá financiar la RBU?


El ingreso mínimo vital es una renta reducida y condicionada para determinados colectivos en situación de pobreza severa, por no tener apenas ingresos. La cuantía prevista del ingreso mínimo vital, a falta de mayor precisión regulatoria irá desde los 462 euros para alrededor de un millón de familias, o unidades de convivencia, con muy bajos ingresos ni propiedad de vivienda por encima de 100.000 euros de valor, aunque pueda luego elevarse en función del número de miembros que tenga cada unidad de convivencia, o si se es familia monoparental. Una renta condicionada y de mínimos que en nada se parece a una Renta Básica Universal, que sería una renta general para toda la ciudadanía, que permitiría vivir sin la obligación de trabajar para poder tener una vida digna.

Algunos autores, como el equipo de Arcarons, Torrens y Raventós, han ideado fórmulas bien pergeñadas que la pueden hacer la RBU asumible financiera y fácil de aplicar. Se financiaría a través de un incremento de los tipos del IRPF, especialmente de las rentas más altas, pero bastaría con aplicar un tipo único del 49%, con una ampliación del mínimo exento. Esta fórmula permite compaginar su financiación con la redistribución. Aunque lo perciba toda la ciudadanía, el efecto neto es que el 20% de las rentas superiores financia al 80% restante, garantizando que todo el mundo tenga una renta básica mensual. Su coste administrativo es el que ya se da con el trámite tributario actual, aunque naturalmente, el diseño del IRPF se vería drásticamente modificado. Sería una medida financieramente viable, redistributiva y además sustentada por una reforma fiscal redistributiva justa. En base a cálculos propios siguiendo los datos del equipo de Arcarons, para 2012, estimamos que el efecto neto de aplicar la RBU, sería del 3,5% del PIB, al ahorrarse el pago de prestaciones sociales inferiores. El del TG sería del 4,37% al ahorrarse el pago de prestaciones de desempleo. Ambas medidas son perfectamente financiables equiparando la presión fiscal española a la media europea.



Diferencias y compatibilidades entre la RBU y los Planes de Trabajo Garantizado.

6/5/20

El Fondo de Recuperación Europeo. Un globo desinflado

24/04/2020. Daniel Albarracín y Mats Lucía
https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/fondo-de-recuperacion-europeo-globo-desinflado


Recientemente hemos reflexionado sobre la respuesta de la Unión Europea para encarar la crisis económica desencadenada por el coronavirus. Una respuesta que, por su insuficiencia, podría traducirse en políticas de ajuste y devaluación interna sin precedentes, que, en el Estado español, nos ha retrotraído a un cínico revival de los viejos Pactos de la Moncloa. Tras haberse aceptado las iniciativas vehiculadas por el BEI, el SURE y el MEDE, queda pendiente el llamado Fondo de Recuperación, el único instrumento potencialmente capaz de reactivar la economía europea y hacer frente al reto sanitario enfrente de nosotros.

La polémica sobre el Fondo de Recuperación está envolviendo a numerosos analistas, encerrando un debate de fondo que pone en tela de juicio los proyectos de futuro para la Unión Europea. En esta ocasión, la iniciativa comenzó con una apelación al Plan Marshall por parte del gobierno español, en un contexto de críticas de los países del Sur europeo, encabezadas por el gobierno italiano y portugués, a las condicionalidades a favor de la austeridad, encarnadas sobre todo en el Mecanismo de Estabilidad Europeo (MEDE), como mecanismo de préstamo para los mal llamados rescates europeos de economías en dificultad.

Vamos a comenzar diciendo y explicando el perfil de la propuesta del gobierno español. Señalando sus potencialidades, pero también los problemas y, ante todo, su futilidad en el marco de la arquitectura institucional vigente en la Unión Europea. Seguiremos dando cuenta de la contrapropuesta de Bruselas y los criterios del club de países frugales, encabezados por los Países Bajos. Spoiler: la cosa anda bloqueada. Sin embargo, el interés radica tanto en su contraste como, sí, la conclusión: el marco europeo no se ha construido para ninguna solución cooperativa y solidaria, sino más bien para lo contrario.


La propuesta del gobierno español


El gobierno español apuntó un plan potente inspirado, en parte, en las ideas de Yanis Varoufakis, para que la UE tuviera una capacidad de financiación, tras los consiguientes efectos multiplicadores que estiman tras una aportación de garantías previas por parte de los Estados miembro y los presupuestos europeos, de hasta 1,6 billones de euros. 


La cifra es asombrosa, cerca del tamaño de la producción de Italia en un año. Posiblemente, la profundidad de la crisis que atravesamos, lo hará igualmente insuficiente, pero no puede decirse que no sea una cifra muy notable. 

25/4/20

¿Del plan Marshall soñado a la farsa de los Pactos de la Moncloa?



1
Daniel Albarracín Sánchez y Mats Lucía Bayer. Abril 2020
https://vientosur.info/spip.php?article15909



.     ¿Hacia una mutualización europea de la deuda?



El pasado 5 de abril, Pedro Sánchez reclamó un gran pacto europeo equivalente en términos políticos al Plan Marshall, que EEUU desarrolló durante cuatro años desde 1948 apoyando a la Europa Occidental aliada para facilitar su reconstrucción, la influencia norteamericana y acabar con las barreras al comercio. Aquello fueron transferencias directas, para recuperación industrial y la reactivación económica, y para evitar la sombra soviética.


Mientras tanto se ha abierto un debate, por parte de los neo- y post-keynesianos, sobre la posibilidad de mutualizar deuda, apelando a la solidaridad europea, mediante la emisión de coronabonos. Esta formulación, que reedita la vieja propuesta de los eurobonos, supondría una vía de financiación de los costes de la crisis y una potencial herramienta para la reactivación posterior. La idea de los coronabonos supone mancomunar deuda a escala europea, con el respaldo de todos los miembros participantes, reduciendo las primas de riesgo, aportando más quien tuviese más capacidad para hacerlo, y poder apoyar a Estados, sectores o territorios que lo necesitasen, condicionado a que se emplease para inversiones sociosanitarias o para la recuperación económica.

22/4/20

El virus de la obediencia a la arquitectura económica europea.

Mats Lucía Bayer y Daniel Albarracín Sánchez
https://vientosur.info/spip.php?article15900
18 de Abril de 2020.




1.       El Covid19 como desencadenante de la crisis y los factores determinantes de la depresión económica


“Esta es una crisis sin precedentes, mucho más grave que la del 2008”. Estas fueron las palabras que pronunció Christine Lagarde, presidenta del BCE, en la mañana del 9 de abril, durante su entrevista en el programa matutino de la radio francesa France Inter. Acto seguido, recalcó que los países europeos iban a estar preparados para asumir esta crisis si respetaban el marco de la UE. El equipo de investigaciones del banco Uni Credit publicó un informe el 5 de abril en el que insiste igualmente en la magnitud de la crisis, poniendo de relieve las oportunidades de crecimiento que se abrirán tras los períodos de cuarentena (condicionados, según este banco, a que el BCE no pare de inyectar liquidez). Mientras que Lagarde subraya que los efectos de la crisis serán muy diferentes según los tipos de empresas, los actores financieros, como el citado banco, ya preparan su siguiente paso para reforzar sus posiciones. Todo depende de a quien le preguntemos.


Que a la pandemia se haya sumado ahora la recesión nos ha sumido desde hace semanas en una avalancha de informaciones, a menudo contradictorias. Así, en algunos medios se pretendía dar una sensación de seguridad, incluso de esperanza, querían creer que tras la fuerte caída de la producción durante la pandemia podría darse un efecto rebote. Las previsiones más realistas, incluyendo a las de la presidenta del BCE, contradicen claramente la idea de que el impacto económico tendrá la forma de una “V”. Las condiciones para una crisis de largo alcance están dadas, lo estaban incluso antes de la pandemia del Covid-19.

16/4/20

¿POR QUÉ UNA PLANIFICACIÓN (ECO)SOCIALISTA Y DEMOCRÁTICA?.


Daniel Albarracín. 16/04/2020

Comisión de Economía Política de Anticapitalistas.

 https://vientosur.info/spip.php?article15874
Se puede aquí el video de la charla y el debate asociados:
https://youtu.be/DL44iFmw3JM



Me gustaría tratar una hipótesis que para muchos, desde hace décadas, se ha querido presentar como anacrónica: Me refiero a las ventajas que podría ofrecer una solución basada en un modelo económico de planificación democrática y ecosocialista. 

Posiblemente, una propuesta así en este preciso momento, por la envergadura de la crisis y desafíos que el mundo atraviesa se pone de nuevo de actualidad. Aparte de ser, posiblemente, la mejor vía para intentar superar los problemas que vivimos…

Con la conmoción que ha causado la crisis coronavirus, hay muchos que esperan una mayor intervención del Estado en la economía. Estos creen que el nuevo escenario podría traer un cambio en las reglas de juego en la sociedad. Ahora, el Estado siempre fue la institución protagonista en la historia del modo de producción capitalista, dándole forma, cuerpo legal, y orden para que la economía de mercado fuese estable y funcionase de algún modo no del todo irracional. Por lo tanto, no basta con hablar de más o menos Estado, sino que de lo que se trata es de estudiar de qué Estado estamos hablando. 

En el marco del capitalismo se da la articulación de una determinada forma de Estado (burgués) y una determinada forma de mercado (capitalista), que también han tenido modalidades y relaciones entre sí diferentes según cada época y país.


Las limitaciones del Mercado (capitalista) 


Fijémonos ahora en esa institución llamada mercado, que en su formato actual, podríamos llamar, siendo necesario los apellidos, como mercado lucrativo.

Los liberales clásicos, ensalzaban la nueva sociedad burguesa justificándola por las siguientes virtudes
  • ·  Para ellos, la propiedad de los medios productivos (la riqueza) se legitima por el trabajo realizado para conseguirla. 
  • ·En su opinión, el libre mercado de competencia perfecta asigna óptimamente los recursos disponibles.
  • ·   La libre iniciativa empresarial y la búsqueda del interés propio da como resultado la mejor toma de decisiones individual y la mejor solución de conjunto.

15/4/20

¿Qué es el MEDE y por qué debería importarnos?.


Daniel Albarracín | Que si los eurobonos son mejores que el MEDE, que si Italia no quiere oír hablar de este último porque su mero nombre ya estigmatiza a quien lo cita, que si Países Bajos no se bajan de ese carro o que si Alemania acepta recurrir al MEDE pero sin que se apliquen sus condiciones habituales. Llevamos semanas oyendo hablar de esas cuatro siglas, pero ¿qué es el MEDE?
 
¿Qué es el MEDE?
MEDE es el Mecanismo Europeo de Estabilidad (o ESM por sus siglas en inglés). Es una institución financiera internacional creada en 2012 por los propios Estados Miembro de la zona euro en plena crisis fiscal y de la deuda. Vino a sustituir y perfeccionar el anterior mecanismo de Facilidad de Estabilidad Financiera Europea (FEFE) creado en mayo de 2010 para canalizar los préstamos a países de la UE en crisis tras el crack de 2008.
Con sede en Luxemburgo, el MEDE es una institución intergubernamental, bajo derecho internacional público, cuyas decisiones se toman en base a las aportaciones: quién más dinero aporta, más peso tiene en su funcionamiento. El objetivo del MEDE es proporcionar apoyo a la estabilidad a través de una serie de instrumentos de asistencia financiera a los Estados Miembros que estén experimentando o se encuentren amenazados por graves problemas de financiación. Para ello, el MEDE recauda fondos entre sus miembros, emite bonos en el mercado de capitales y realiza transacciones en el mercado monetario.
 
¿Qué implicaciones políticas tiene?
En la práctica, el MEDE es un fuerte instrumento financiero con una elevada capacidad de préstamo que, además de intereses, tiene como contrapartida la aceptación, por parte de los países que reciben esa línea de crédito, de una serie de condiciones. Estas condiciones, recogidas en un Memorándum de Entendimiento (MoU, en inglés, popularmente conocidos como “rescates”), consisten en reformas fundamentales en su aparato productivo y normativa económica. Todas de ellas de inspiración neoliberal y semejantes a los Planes de Ajuste Estructural que organismos financieros internacionales como el FMI o el Banco Mundial impusieron durante década a los países del Sur Global a cambio de “refinanciar” sus deudas públicas.

Coloquial pero crudamente podríamos definir al MEDE como el brazo financiero de las políticas de ajuste estructural que desde la UE ha impulsado la Troika (Comisión Europea + Banco Central Europeo + FMI) durante la última década, especialmente en los Estados Miembro de la periferia europea, y que han sufrido en primera línea las clases populares. Con su potente capacidad de préstamo, el MEDE es un instrumento necesario de condicionamiento de la soberanía económica y de la orientación de la política económica de estos países (privatizaciones, liberalizaciones, fiscalidad regresiva), cuyos resultados conocemos en la práctica como “recortes” y “austeridad social y salarial”.

Durante sus primeros años de vida, los préstamos del MEDE se destinaron principalmente a que los Estados Miembro más golpeados por la crisis financiera “rescatasen” a parte de su sistema bancario privado, asumiendo sus deudas y por lo tanto socializando sus pérdidas, que pasaron a engrosar la deuda pública, que creció hasta convertirse en un problema macroeconómico que justificó nuevos préstamos y nuevas reformas/recortes.
 
El MEDE en tiempos del Coronavirus (si no lo evitamos)
En los últimos años, tras salir del primer plano mediático, el MEDE ha estado envuelto en un debate más amplio sobre las grandes reformas pendientes de la Unión Económica y Monetaria. Esto es, de la UE realmente existente que surgió tras el Tratado de Maastricht.
Informes del Parlamento Europeo, propuestas de la Comisión y decenas de reuniones del Eurogrupo después, su reforma sigue estancada. Pero más allá de las diferentes posturas entre países, de los sueños federalizantes de la eurocracia neoliberal y de los proyectos estratégicos del ordoliberalismo más salvaje, ninguna de las propuestas sobre la mesa pretende avanzar en un sistema de garantía de depósitos que proteja a los pequeños ahorradores, ni en mecanismos de amortiguación automáticos, ni en estabilizadores anticíclicos ni en transferencias redistributivas entre Estados y regiones cada vez más desiguales.

La falta de consenso truncó que el MEDE se convirtiese en un Fondo Monetario Europeo, un instrumento que federalizase la orientación neoliberal a escala de la UE. Aún así, bajo su actual formato intergubernamental no deja de ser una herramienta de chantaje para la soberanía económica de los pueblos y un látigo financiero para quien deba rendirse a la solicitud de sus préstamos.

La UE realmente existente, no la que encontramos en los mitos de los “padres fundadores” ni en las habituales bonitas palabras de la burbuja bruselense, no nació ni para la democracia ni para atender las necesidades de sus pueblos, sino del capital. Y así se empeña en demostrarlo y recordárnoslo cada día. Como por ejemplo en plena pandemia del Coronavirus, donde los intereses de las élites, el negocio de los bancos privados que gestionarán esos “rescates” y la profundización de la agenda de reformas neoliberales pendientes pesan más que la salud de la población o el futuro de quienes sufriremos en primera línea la crisis económica y social que vendrá.

Las y los de abajo tenemos que comenzar a levantar otra Europa, con otros Tratados y otras alianzas y mecanismos solidarios. Y para ello también necesitamos construir una solidaridad financiera que levante un mecanismo de inversión socio-ecológico y público a gran escala, redistributivo, favorable a la convergencia real, compensatorio de las desigualdades y socialmente cohesionador, contra-cíclico, creador de empleo y transformador del sistema productivo. Un mecanismo de intervención del sistema bancario para retomar sus activos viables, que proteja el empleo y reconfigure una banca pública con una política financiera prudente al servicio de las necesidades sociales. Otras herramientas para darle la vuelta a Europa.


(Este post es una adaptación sintetizada y actualizada, con permiso de su autor, de un artículo original del economista Daniel Albarracín que puede encontrarse en su blog https://daniloalba.blogspot.com/2019/03/el-fondo-monetario-europeo-latigo.html)