Revista Éxodo.
Un
diagnóstico de la evolución de la economía en la sociedad española no
se puede hacer aisladamente sino teniendo en cuenta los estrechos
vínculos entre economía, ecología y sociología política, y ubicando el
caso español en el contexto europeo y de las relaciones internacionales.
Todas estas dimensiones están articuladas en lo concreto y tanto el
diagnóstico como las propuestas políticas que se esbozan a continuación
parten de una visión crítica con el modelo social establecido.
La acumulación productiva y el objetivo de lucro como lógicas
sistémicas abocan a una depredación del medio, a la explotación de unas
clases (mayoritarias) por otras (minoritarias) y a la rivalidad y
jerarquización entre los pueblos. Las instituciones estatales,
supranacionales y las grandes corporaciones transnacionales aplican
estas lógicas hasta donde les es posible, mediante la regulación del
campo mercantil, fiscal, penal, etc., la defensa de la propiedad privada
de los medios productivos y la libertad de movimiento de los capitales,
y el despliegue de modelos de competitividad mercantil y explotación
laboral cuyos límites solo se encuentran en las resistencias populares,
sindicales y políticas de los y las de abajo.
El reto ecológico
El curso ecológico de nuestro planeta está sometido a una alteración
que pone en tela de juicio la sostenibilidad de la vida, no sólo para
las próximas generaciones sino también para la nuestra. Y la razón
principal de esta gravísima alteración del medio ambiente, que da pie a
la mayor ola de extinción de especies en la historia del planeta y a una
degradación profundísima de las condiciones y territorios habitados por
la especie humana, no tiene que ver con causas naturales sino, más
bien, con el modelo de producción y consumo que orienta las bases de
nuestra economía. Un modelo acostumbrado a consumir compulsivamente
materias primas y energías no renovables, altamente emisor de gases de
efecto invernadero que contaminan la tierra y el agua, generando una
huella ecológica cada vez más grande, con residuos tóxicos en expansión
que hacen del planeta algo parecido a un vertedero. Las consecuencias de
este modelo de crecimiento son devastadoras y plantean grandes retos
ecohumanos:
- El caos climático, producido por la emisión de gases de efecto
invernadero a la atmósfera, cuyas consecuencias en el calentamiento
global nos enfrentan a plazos exiguos (a lo más cinco años) para
emprender medidas planetarias de transición energética hacia un esquema
de energías renovables, electrificación del sistema productivo y de
transporte, extracción productiva de baja emisión en carbono, y reducido
recurso a materias primas y energía.
- Un proceso de finalización del acceso razonable y barato a energías
fósiles, por otro lado las principales causantes de la emisión de gases
de efecto invernadero. El Peak oil ya se ha producido, y aunque nuevas
formas agresivas de extracción (fractura hidráulica, nuevos yacimientos
en el ártico, etc.) pueden retrasarlo, o realizar sustituciones internas
entre diferentes fuentes (gas natural) con mayores reservas, sin duda
alguna es una de las razones de los grandes conflictos militares y
fronterizos de nuestra época, por lo que es de urgencia vital sustituir
estas fuentes, sin caer en el abismo civilizatorio del peligro de las
nucleares.
- El agotamiento de tierras fértiles, materias primas de uso
industrial y zonas irrigadas con agua potable de calidad. El
calentamiento, la erosión y la desertificación están reduciendo las
aguas dulces en la tierra y explican en gran medida los conflictos
políticos y bélicos en numerosas zonas del planeta. Las corporaciones
privadas globales se apropian de las materias primas esenciales, entre
las que destacan las bases de la industria alimentaria mundial. Las
grandes potencias están emprendiendo una adquisición a gran escala de
zonas ricas en materias primas, tierras fértiles y zonas abastecidas de
agua (para riegos y uso humano) cuya escasez está agudizándose, más aún
con las prácticas de privatización en la propiedad y gestión de estos
bienes comunes, socavando principios clave como el de soberanía
alimentaria.
Los desafíos para enfrentar estas cuestiones insoslayables
comprometen a un cambio de modelo productivo y energético, defensa y
cuidado de los bienes comunes, infraestructuras sostenibles, desarrollo
de energías renovables, economía ecológica, agricultura de proximidad,
soberanía alimentaria, minoración y reciclaje de residuos, etc., tal
como se recoge en el Cuadro 1.