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15/9/17

LA CUESTIÓN DEL DINERO Y LA MONEDA

Publico este artículo con el que respondemos Manuel Garí y yo al profesor de la Universidad de Málaga Juan Carlos Martínez Coll que redactó un artículo crítico que firmé con Manuel Garí sobre la cuestión de la UE y el Euro

Este debate se ha publicado en Viento Sur. 

Esta sería nuestra respuesta.



Mayo de 2017. Daniel Albarracín[1] y Manuel Garí.

Recientemente, como réplica a un artículo que redactamos Manuel Garí y Daniel Albarracín en la revista Viento Sur nº150 (2017), el profesor Juan Carlos Martínez Coll nos trasladó algunos comentarios, análisis, críticas y alternativas que, en nuestra opinión son de interés, incluyendo varias aportaciones y puntos de vista que compartimos y algunas otras interpretaciones y consideraciones en las que diferimos. 

Es de agradecer la muestra de interés por cuestiones de esta índole estratégica y su carácter propositivo y constructivo. Cabe reconocer que los procesos de cambio político y las turbulencias sistémicas nos enfrentan a retos complicados, no sólo por la tensión que se encuentra tras ellos, sino también por la dificultad de dar cuenta de todos los aspectos novedosos que pasan a un primer plano. A este respecto, nuestras modestas elaboraciones y propuestas, en este difícil contexto, se desarrollan en una permanente reflexión. Al mismo tiempo que formulamos las preguntas y respuestas, provisionales, se nos exige esbozar rutas y guías para la acción política. 

Creemos conveniente desarrollar este intercambio y debate, no para reafirmar posición alguna, sino para seguir avanzando juntos ante el desafío que se nos presenta por delante. Con esta motivación, vamos a realizar dos ejercicios. Uno, de carácter de revisión teórica en relación al papel de la moneda en el mundo contemporáneo. Y dos, una discusión con algunas de las propuestas y afirmaciones políticas que se nos trasladan, para, en algún caso, aceptarlas y, en otros, rebatirlas.
1.

1.1. El papel de la dimensión monetaria en la economía, según las teorías económicas alternativas.

Quizá convenga comenzar por dar una vuelta a algunos fundamentos de economía política sobre un terreno de discusión insuficientemente trazado por los intelectuales de la izquierda política que no es otro que el campo de la política monetaria. Cabe admitir principalmente en este espacio progresista a las escuelas postkeynesianas y las marxistas. En más de una ocasión las dos escuelas reconocibles en el campo de la izquierda han originado discusiones bizantinas y malentendidos, fundamentalmente por una ausencia de diálogo y comprensión mutua, en algunas ocasiones y, en otras, sencillamente por un problema de perspectiva.

En líneas generales, una interpretación muy extendida en la escuela marxista[2] (Astarita, R.; Albarracín, J., entre otros) ha tratado la cuestión de la moneda como la expresión de las transacciones económicas reales, interpretando que hay un correlato entre la producción de valor y su equivalente monetario, desde una perspectiva de largo plazo. Se señalaría, por otra parte, que el valor de la moneda, como equivalente general, respondería al coste de extracción y producción de la mercancía que le da soporte, tradicionalmente el oro u otra materia prima que pudiese hacer las veces. Sin embargo, tras el fin de la convertibilidad entre el dólar y el patrón oro y la generalización de un sistema fiduciario[3] (Albarracín, D.; 2006), este tipo de interpretación ha naufragado para dar cuenta de algunos fenómenos monetarios y financieros, especialmente en la comprensión de algunos fenómenos financieros y monetarios de corto plazo.

De todo este armamento teórico, sin embargo y a pesar de la novedad de la transformación fiduciaria del dinero, se ha de admitir la permanencia de validez de algunas hipótesis. En primer lugar, la relativa correspondencia a largo plazo entre producción de valor y el valor del dinero, o dicho de otra manera la moneda o divisa de un país y su valor correlativo a la fuerza de los fundamentales de la economía y el Estado que tiene detrás. En segundo lugar, la validez del concepto acuñado como “capital ficticio” cuando se trata de los fenómenos que expresan la distancia entre ambas dimensiones. El concepto de capital ficticio, entendido como capital financiero titularizado del que se espera un flujo de ingresos futuros, refleja, entre otras previsiones, la tensión que se produce y que conduce a una destrucción, en un marco temporal incierto, del capital que no se encuentra soportado por bases materiales que le hagan viable.

Por su parte, la amplísima escuela postkeynesiana –que poco tiene que ver con la escuela neokeynesiana vinculada a la síntesis neoclásica- y, más particularmente algunas escuelas como la Teoría Monetaria Moderna (Kelton, Mitchell, Mosler…), la corriente ligada a Steve Keen o la escuela Minskyana han contribuido con algunas útiles interpretaciones para dar comprensión a algunos fenómenos de medio y corto plazo en buen término, aunque limitados a fenómenos financieros de medio y corto plazo. Más en particular, estas teorías han contribuido a comprender no sólo cómo se crea el dinero en la práctica, sino también a dar una interpretación alternativa a la valoración del dinero en base al coste de extracción del oro, así como señalar algunas dinámicas de crisis financieras. 

A este respecto, algunas contribuciones valiosas muestran el origen del dinero. Por un lado, la Teoría Monetaria Moderna parte de la asunción de la Escuela cartalista (Escuela Histórica Alemana) señalando que el dinero equivale básicamente una promesa de pago con el respaldo del Estado, y se ampara en la fuerza de este para cobrar impuestos u otras obligaciones en la moneda que este emite; o en la de pagar prestaciones o salarios públicos, haciendo extensible y normalizado el uso de la moneda. También han realizado algunas observaciones sobre la creación de dinero crédito que realiza la banca de manera endógena[4] al realizar sus préstamos, a los que se asocia la apertura de nuevas cuentas corrientes que son, en definitiva, dinero nuevo. Estas consideraciones no son incompatibles con una concepción de dinero-mercancía, propias de la interpretación marxista más extendida o, incluso, la neoclásica. Merece la pena también recordar, por otro lado, la explicación ofrecida por Minsky en virtud de la cual la crisis financieras son de una mayor magnitud y generan un efecto resaca más fuerte debido a las expectativas desmedidas que se generan en ciclos económicos positivos donde hay una mayor propensión a endeudarse dadas las previsiones de rentabilidad que, por el contrario, desaparecen en el ciclo negativo.

Sin embargo, la escuela postkeynesiana[5] se desliza hacia una suerte de abstracción en tanto que traslada las razones últimas de las causas principales al espacio del Estado o al de las finanzas, dándole una importancia subordinada –o incluso denegando- a la dinámica de las relaciones de producción, y dejando al margen el papel de los ciclos, al menos los de largo plazo.

13/9/17

Qué se puede hacer, y qué no, con la UE (Juan Carlos Martínez Coll)

Publico este artículo del profesor de la Universidad de Málaga Juan Carlos Martínez Coll que redactó en relación a un artículo que firmé con Manuel Garí sobre la cuestión de la UE y el Euro

Este debate se ha publicado en Viento Sur. 

El artículo de Martínez Coll puede leerse a continuación:



Por Juanca Martínez[i]

La mayoría de los españoles se sienten satisfechos de pertenecer a la Unión Europea. Según las encuestas del Eurobarómetro[ii], la aprobación de los españoles es superior a la media europea y consideran mayoritariamente que nuestro país se beneficia económicamente de su integración en el Euro y políticamente de sus garantías democráticas. Pero también hay una amplia minoría que consideramos que las políticas actuales de la UE y el mal diseño del sistema euro están provocando el aumento de la desigualdad en y entre los países europeos; la economía es más frágil y la pérdida de soberanía económica induce a soluciones basadas en el empobrecimiento de la población. Ante esto ¿Qué podemos hacer? ¿Sería mejor salirnos de la UE? ¿Es posible? Y, de quedarnos, ¿Podemos cambiar la UE? En este artículo, 1º tras  analizar los perjuicios que ocasiona la pertenencia a la UE, 2º se argumenta que  no es conveniente ni posible salirnos, 3º que sí es posible defendernos y fortalecer la economía española y 4º que sí es posible cambiar la UE.

1º La Unión Europea perjudica la economía y la democracia española

La desigualdad en España, medida por el índice de Gini, está creciendo, y también ha aumentado notablemente la diferencia en la renta per cápita entre los países europeos del norte y del sur, especialmente en los últimos diez años. La entrada en la Unión Europea supuso el desmantelamiento de gran parte de nuestro capital industrial. El déficit por cuenta corriente y el consiguiente endeudamiento externo se hizo crónico tras la entrada en la UE y creció espectacularmente a partir del euro. La deuda pública en porcentaje sobre el PIB es la mayor de nuestra historia, más del doble del ratio anterior a la entrada en la UE. 

En lo que respecta a la democracia, entrar en la Unión Europea y el euro ha significado la pérdida de control democrático sobre las políticas económicas y, como consecuencia y por imposición de la UE, las conquistas del estado del bienestar se están deteriorando gravemente. 

Los instrumentos mediante los que un gobierno puede controlar la economía de su país son de tres tipos: la política monetaria, la política fiscal y la regulación de los mercados. España perdió totalmente el control de la política monetaria al entrar en el euro. La entrada en la UE requirió una reforma fiscal en un sentido regresivo (el IVA) adaptada a las normas europeas y la entrada en el euro y su Pacto de Estabilidad implicó unos compromisos fiscales que limitan gravemente nuestra soberanía. Respecto a la potestad de regulación de los mercados (agrícolas, industriales, laborales, inmobiliarios, financieros, etc.), al entrar en la UE España renunció a gran parte de su soberanía y poder regulatorio, incluyendo nuestra capacidad de negociación de acuerdos comerciales con otros países. Tras el rescate bancario de 2012, el control de las instituciones europeas sobre la legislación española es aún mayor. La liberalización del mercado de trabajo es una de sus consecuencias más visibles y dolorosas.

No todo es malo. Ciertamente las normas europeas de protección al consumidor son mucho más avanzadas que las que hubiéramos podido imponer siendo un país independiente. Los tipos de interés son mucho más bajos de lo que sería normal para un país de nuestro tamaño. Sin duda el poder de la UE puede conseguir condiciones más beneficiosas al negociar la pesca con Marruecos que las que tendríamos negociándolas como país independiente. Pero esos tipos de interés descontroladamente bajos provocaron la burbuja inmobiliaria y los acuerdos y tratados internacionales de la UE pueden resultar perjudiciales para el nuestro.