28/6/20
¿Por qué necesitamos una banca pública?
9/11/19
Finanzas, las sombras que nos gobiernan (Reseña "Sombras. El desorden financiero en la era de la globalización" de Louça y Ash)
20/1/17
El cuestionamiento de las deudas: Ingrediente para un plan alternativo en Europa.
18/12/16
El nuevo programa del BCE y la economía zombi europea
Un cuadro macroeconómico con tensiones crecientes.
El proceso de acumulación de la economía europea sigue prácticamente estancado. La salida de la recesión en 2013 no se ha traducido más que en un tímido crecimiento hasta 2015 que ya se ralentiza en 2016 de nuevo. Tras una profunda caída en la producción aún se está lejos de los niveles del comienzo de la crisis. El riesgo de caer de nuevo en una nueva recesión, más profunda y compleja, son mucho mayores. La debilidad de la acumulación a escala mundial se muestra más que evidente. China sigue creciendo con fuerza, pero cada vez con menor intensidad (6,7% interanual en el III Trimestre de 2016, siguiendo datos del Banco de España) y los países ricos, tras un 2015 moderadamente benigno, se estacan en la UE en el 1,9%, 1,7% en la zona euro, y un 1,6% en EEUU. España desde el II trimestre de 2015 crece con cierta mayor fuerza, pero el empuje empieza a ceder (3,2%), cerrando un ciclo industrial de recuperación muy corto incapaz de compensar la intensa caída anterior.
11/7/16
FINANCIALIZATION, INVESTMENT COMPANIES AND TRADE UNIONISM: A PERSPECTIVE ON THE CRISIS (English)
1. Crisis? What crisis?
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23/5/14
El capital ficticio: entre el sistema de producción y apropiación valor y el sistema monetario.
Daniel Albarracín. Enero de 2013.
La política y el sistema monetario, como pieza clave del sistema financiero, hoy adopta un comportamiento complejo que requiere ser comprendido para dar cuenta correctamente del funcionamiento de la economía. Tal y como asevera la teoría marxista del dinero, el papel del dinero a largo plazo ha de tener una correspondencia con el sistema de creación de valor. Sin embargo, el mecanismo monetario moderno es ahora mucho más complejo, por un lado, ante la desaparición de la convertibilidad de las monedas en oro u otro sistema equivalente, la arquitectura político-institucional que hace circular monedas por continentes enteros, el papel protagonista de algunas monedas de reserva internacional, pero también debido a que el dinero efectivo en circulación se multiplica hoy adoptando formas nuevas, al menos con un peso mucho mayor que antaño, que van más allá de las monedas o los billetes.
15/7/13
Mercados Financieros y Ciudadanía

El pasado 10 de Julio comenzó el Congreso de la Federación Española de Sociología, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM. Entre los diferentes eventos, se celebró una sesión especial dedicada a la temática de "Mercados Financieros y Ciudadanía" con el siguiente programa:
Coordinación: Matilde Massó, UDC y Manuel Pérez Yruela, CSIC
Intervinientes:
- Daniel Albarracín Sánchez
- Carlos Jesús Fernández Rodríguez (UAM)
- Enrique Gil Calvo (Catedrático de Sociología de la UCM)
A continuación acompañamos los audios de las diferentes intervenciones:
A continuación se puede seguir las audiodiapositivas de Daniel Albarracín, en las que aborda el papel de los sujetos, las instituciones, regulaciones y políticas para comprender las reglas de la economía y de la hipertrofia financiera, y lo que considera el primer punto de la agenda de las clases populares en materia política: cuestionar el pago de la deuda.
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Por último, el catedrático de sociología de la UCM Enrique Gil Calvo señaló (se puede escuchar aquí) la importancia de una estrategia de reingeniería social que está abordando el poder, que va más allá de intereses económicos, sino más bien políticos. De igual modo, indica las tensiones dentro del poder europeo en el que se están disputando ese espacio el neoliberalismo de corte anglosajón y el ordoliberalismo germánico neobismarckiano, entre los cuáles, a su juicio, las clases populares pueden poner cuñas a su favor.
27/4/13
¿Qué fases de cambio han atravesado la financiarización y los sistemas monetarios modernos?.
1/1/13
Poder financiero y crisis del empleo
En dicho número aparece un artículo firmado por Eduardo Gutiérrez y Daniel Albarracín denominado financiarización, nuevos perímetros empresariales y retos sindicales. Para seguir los diferentes artículos publicados puede buscarse en el siguiente índice.
Vol 30, No 2 (2012)
Poder financiero y crisis del empleo
Tabla de contenidos
18/12/12
La financiarización de las relaciones salariales
Autores: Luis Enrique Alonso, Carlos J. Fernández Rodríguez (eds.), Daniel Albarracín Sánchez, Nacho Álvarez Peralta, Ernesto R. Gantman, Cesar A. Giraldo Giraldo, Eduardo Gutiérrez Benito, Rafael Ibáñez Rojo, Pablo López Calle, Ángel Martínez González-Tablas, Miguel Martínez Lucio, Robert MacKenzie, Arjan B. Keizer, Lefteris Kretsos, José Miguel Rodríguez Fernández, Santos M. Ruesga Benito, Antonio Santos Ortega y Alain Supiot376 páginas
Formato: 16x24 cm
ISBN: 978-84-8319-775-2
Ref: ECS011
Editado en La Catarata
26/9/12
Financiarización: ¿Qué alternativas a este modelo de reapropiación del valor?.
8/5/12
Audio de Nacho Álvarez: Financiarización y evolución salarial

La comunicación se realizó en el marco del área mundial de las XIII Jornadas de Economía Crítica, celebradas en Sevilla, el pasado 9 de Febrero.
Se puede escuchar el audio de su intervención aquí
26/2/12
Ondas largas, Deudas, Auditoría y Alternativas

El pasado día 18 de Febrero se impartió una sesión de formación intensiva para militantes en materia de economía, crisis y alternativas de política económica. Fue dinamizado por Bibiana Meidaldea y Daniel Albarracín
En las siguientes liíneas se puede seguir la ordenación temporal de los temas principales tratados. Fue una sesión de enorme profundidad e interés. Espero que podáis disfrutarla.
Podéis escuchar el audio completo aquí.
Sesión de formación. Acumulación capitalista, Deudas y Auditoría.
11/9/11
Un viraje desobediente a la izquierda para tomar rumbo hacia Otra Europa (3)
Daniel Albarracín. Mayo 20113. Financiarización, sobreproducción y losa del endeudamiento.
Para afrontar el duro y conflictivo reto, es preciso contar con un diagnóstico, pero también un eje estratégico de medidas para afrontar los problemas que se están presentando y se van a manifestar próximamente.
La financiarización de la economía, que adopta múltiples formas y manifestaciones, no sólo es un rasgo de la economía contemporánea, en el que la toma de decisiones empresarial está condicionada a la valorización de un sinfín de títulos y bonos financieros (acciones, obligaciones, deuda pública, derivados, divisas, etc…). También ha sido un síntoma de la crisis capitalista, de su sobreproducción, y una respuesta para rodear y postergar sus consecuencias más inmediatas. Las políticas neoliberales, ante sus medidas recesivas, trató de realizar a una huída hacia delante para estimular la economía mediante una carga hacia el futuro, que cae como una losa sobre el presente, mediante un endeudamiento masivo.
4/8/10
"Somos Súbditos de los Mercados Financieros"

Por Iñaki Gabilondo.
En su comentario de despedida de la temporada de su programa HOY, en CNN+, el consagrado periodista señaló su punto de vista sobre la dictadura de los mercados financieros, y los retos que eso implica para la izquierda.
Creo que merece la pena escucharlo aquí:
26/7/09
Recuperación bursátil y mercado laboral
RADIO FRANCE INTERNATIONALE
PARA AMÉRICA LATINA
Artículo publicado el 24/07/2009 Ultima reactualización 24/07/2009 15:34 TU

Cientos de coches de lujo estacionados en el puerto de Río de Janeiro. La crisis económica provocó una caída en la venta de automóviles, despidos y merma en los créditos para adquirirlos.
Foto: Reuters
Las principales plazas bursátiles del mundo como Londres, Nueva York o Tokio han recuperado la senda del crecimiento que perdieron con la aparición de la crisis en 2007. En Estados Unidos, el índice Nasdaq, termómetro de los valores tecnológicos, ha ganado cerca de 25% desde enero pasado, mientras que varios bancos reportan ganancias calificadas de sorprendentes.
¿Quiere decir esto que el espectro de la crisis quedó superado?
Entrevistado: Daniel Albarracín, Economista y Sociólogo, y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid.
Audio de comentarios y entrevistas:
Por Braulio Moro
1/12/08

Daniel Albarracín y Eduardo Gutiérrez. 28 de Noviembre de 2008.
Cuando se nos pregunta acerca de la crisis económica en curso, debemos recordar que esta debe encuadrarse dentro de una crisis civilizatoria, ecológica y social, en medio de una crisis de materias primas básicas (agua, energía, alimentos), que, en el marco sociopolítico de unas relaciones sociales determinadas, constituyen el contexto del modelo económico y su dinámica.
Hasta hace muy poco en los países del Norte se vivía con autocomplacencia una ola de aparente bienestar que prometía un futuro providencial. En los últimos ocho años mencionar la crisis era propio de agoreros o de locos. Sin embargo, las contradicciones de aquella evolución desequilibrada ahora parecen estallar con unas dimensiones que cada día abofetean la incredulidad de aquellos que aún niegan lo evidente.
Primero, la negación, luego los eufemismos, y ahora los incrédulos realizan un ejercicio de escapismo para ocultar la profundidad de la crisis que, desde ya, nos va a acompañar unos cuantos años, aún cuando en los países periféricos forma parte de su modo de vida desde hace tiempo. Y es que la crisis es algo incómodo.
Se trata de una mala práctica la de sólo querer aproximarse a los problemas desde la constatación de sus síntomas. Se trata de una perversión cuando sólo se quiere abordar aquellos que afectan a intereses parciales, generalmente de índole privada.
Para comprender lo que le sucede a la civilización capitalista, tan incivilizada ella, conviene desplegar los diferentes planos de su dinámica. Porque crisis significa cambio. Si algo caracteriza al capitalismo es su transformación constante. Lo que no significa que su orientación nos satisfaga a sus víctimas. La crisis es connatural al capitalismo, comenzando desde la destrucción de viejas formas sociales (vida rural, relaciones antiguas, formas de convivencia, criterios de asignación socioeconómica) pasando por sus ondas de acumulación en forma de ciclos de larga y corta duración.
Está crisis comporta varias crisis al mismo tiempo. Sus dimensiones refieren, de manera más inmediata, al plano de la saturación de ciertas vetas de mercado, que acabaron su recorrido, tal y como representa la construcción y el mercado inmobiliario. Aquella veta supuso una oportunidad transitoria que respondía a una política financiera que para salir de viejas crisis, la del ciclo agotado en el 98 con las punto.com, planteó tipos de interés reales bajos y desregulación del sistema de crédito. A su vez, aquella situación derivaba de una anterior crisis, la de México 87, en la que los circuitos de extorsión internacional a través de la deuda se colapsaron. Los periodos de expansión débil de una fase siempre eran salidas en falso, de alivio transitorio, a una crisis que se escondía con anabolizantes, sin resolver sus problemas de fondo.
De manera más coyuntural también obedece a una crisis industrial periódica. En esta ocasión por saturación de varios mercados. Aunque ahora no es la causa principal. De fondo nos encontramos con las tensiones de la dinámica de acumulación con la presencia de resistencias estructurales para la ampliación de la tasa de rentabilidad. Sin embargo, tampoco ahora es la cuestión explicativa principal.
Efectivamente, la tasa de rentabilidad, indicador que clásicamente hemos analizado para dar cuenta del vigor de la acumulación ha desarrollado una tendencia singular. En los años 70 se vino abajo, y causó estragos en la industria. Los poderes optaron por conceder la hegemonía a parámetros de gestión neoliberal que impuso una nueva política económica. Una vez que la izquierda política y sindical se ha plegado a cambio de integrarse en espacios institucionalizados y con recursos para convertirse en mero agente consultivo, se han subordinado los derechos sociolaborales, la evolución de los salarios directos e indirectos, en favor de la intensificación de las plusvalías relativas. En los años noventa, no sin deteriorar severamente las condiciones sociolaborales de la mayoría de la clase trabajadora del Norte, y sacrificar las condiciones de subsistencia de los pueblos del Sur, las tasas de rentabilidad se incrementaron notablemente. En este comienzo de milenio estaban empezando a alcanzar los niveles de las décadas de la segunda posguerra mundial. Entonces, ¿esto avalaba las tesis de los analistas que afirmaban la incorporación a una nueva onda larga expansiva?. Pues no parece que sea así.
La remontada de la tasa de beneficio del capital se estaba gestando a cambio de larvar una crisis de inversión, seleccionando, racionalizando costes al milímetro, sólo aquella que proporcionasen mayores ratios de rentabilidad inmediata, a corto plazo. La crisis de demanda aún no se manifestaba, a pesar de que la moderación salarial y el recorte de derechos era la tónica, a cambio de que las familias trabajadoras (para obtener un ingreso ajustado para su integración social) dispusiesen más miembros para la explotación laboral, retrocediesen en la cantidad y libertad de uso de su tiempo libre, e hipotecasen sus cuentas con endeudamientos colosales, por ejemplo, en la partida de la compra de una vivienda.
La tasa de rentabilidad se entiende como el ratio que compara la tasa de explotación (la proporción en que el capital extrae el excedente del valor producido por la fuerza de trabajo) poniéndola en relación con la composición orgánica (la proporción entre inversión en capital constante –fijo y circulante- y capital variable –el fondo económico que emplea a la fuerza de trabajo-)[1]. Las condiciones del desarrollo capitalista se habían tensado al máximo, y si se rompía el frágil equilibrio plantearía un colapso del actual sistema ambiental-económico-institucional en cualquier momento.
Además, las tensiones de los ciclos, en un contexto en el que la rotación del capital se aceleraba, podían transferirse o derivarse transitoriamente en el tiempo o geográficamente, pero no evitarse. Los países centrales, como EEUU, podían derivar sus crisis a otros países dependientes, jugando con su divisa, su capacidad de negociación, merced a su hegemonía diplomática-militar, durante un tiempo, mientras acumulaban la deuda externa y pública de mayor envergadura del planeta. Asimismo, los Estados, empresas y familias se endeudaban, en un contexto de permisividad crediticia sin parangón, postergando hacia el futuro la asunción de sus responsabilidades económicas presentes.
En efecto, lo que caracteriza principalmente la actual crisis económica es, posiblemente, una generalización masiva del endeudamiento. En palabras técnicas, un apalancamiento financiero a gran escala. Como posiblemente sabrán, el apalancamiento financiero se basa en funcionar o invertir con recursos ajenos en una proporción tan alta, que pueden multiplicar por varias veces el nivel de los recursos propios, debilitando a éstos como garantía. Esta práctica permitía retrasar la explosión de muchos mecanismos notablemente exhaustos y desencajados.
Ahora bien, esta práctica en algunos casos ha ido incluso más allá. Este sería el caso de la proliferación de sociedades de inversión (fondos de inversión o hedge funds, capital riesgo, fondos soberanos, fondos de pensiones, fondos de grandes fortunas) que, con la complicidad, aportación y financiación de la banca, cajas de ahorros y empresas de seguros, movía y destinaba importantes volúmenes de capital a adquirir el accionariado de empresas rentables (o a prestar dinero con tasas de retorno escandalosamente altas), con niveles de apalancamiento que superan sus recursos propios varias veces[2]. Esto ha propiciado, que estos fondos hayan comprado (a base de préstamos muy por encima del capital propio) empresas (como Dinosol, El Arbol, TPI-Páginas Amarillas, Futura, Martinsa-Fadesa, UPS España, etc… ) a las que luego les han transferido su deuda –mediante primas de emisión, fusiones, compras de acciones propias, y otras operaciones societarias-, y han puesto las acciones compradas como garantía. Se han dedicado a racionalizar la actividad de esas empresas a niveles insospechados. Racionalización que ha derivado en segmentación de la empresa en un entramado de empresas auxiliares mediante la externalización y subcontratación sucesiva (de las partes más arriesgadas o menos rentables de la actividad), la venta de fragmentos de la empresa, el recorte de empleos, la intensificación de los ritmos de trabajo y la extensión del tiempo de trabajo, o mediante el vaciamiento de contenido del activo. Esto pone en peligro, ya lo ha puesto, la viabilidad y, ni que decir tiene, la capacidad de mantener la producción más útil y de calidad e impide una dinámica de innovación o de mejora. El propósito consiste en obtener rápida liquidez para dar más “valor al accionista” (en forma de dividendos) o al “obligacionista” (mediante la devolución de réditos del préstamo contraído).
La desregulación del sistema financiero ha hecho posible iniciativas de alto riesgo, en un contexto de bajos tipos de interés reales donde la industria financiera, para obtener masas de beneficio con márgenes financieros bajos, optaron por conceder créditos de cualquier manera. Mientras tanto los bancos centrales hacían dejación del control básico, y así prácticamente desaparecían los coeficientes de cajas y las reservas obligatorias para hacer frente a la devolución de depósitos o para hacer frente a problemas de capitalización en situaciones adversas. Además, la regulación financiera hizo una apuesta radical por facilitar la movilidad del capital, por desfiscalizar sus inversiones, por no condicionar ni supervisar sus conductas, y por ser completamente permisivos con la presencia de espacios sin impuestos como son los paraísos fiscales que coartaban la eficacia y propósito de cualquier normativa reguladora, chantajeando así a los Estados para flexibilizar más cualquier condición al capital financiero.
En estas condiciones, muchos analistas han querido explicar la crisis como una mera crisis de liquidez. Es decir, como un problema de cortocircuito del crédito, por un problema de confianza y de gestión de los propios fondos de tesorería y liquidez.
Sin embargo, la crisis de liquidez no es sino consecuencia de una crisis de solvencia de unas proporciones desconocidas hasta ahora. Cuando la mayor parte de los agentes económicos han puesto al límite su funcionamiento por unos niveles de endeudamiento difícilmente sostenibles, los problemas no podían sino estallar más tarde o más temprano. Y ha estallado ahora. Las cosas podían seguir adelante mientras los ingresos periódicos pudiesen cubrir las obligaciones de devolución de los compromisos adquiridos. Basta con que algunos mercados se desaceleren para que la economía se desplome como un edificio de naipes.
Esta nueva estructuración del desarrollo capitalista ha imprimido, al menos en los últimos diez años, una dinámica singular. Hasta ahora la tasa de rentabilidad, confirmación de la obtención de un retorno por la inversión, e indicador que movilizaba el excedente hacia esa inversión, era la referencia de la acumulación de capital. Ahora bien, con la extensión de los privilegios a los inversores capitalistas, y a las sociedades gestoras de sus fondos o con el marco jurídico protector de las corporaciones o sociedades anónimas (leyes concursales, derecho mercantil, etc…) el universo de intereses de la empresa hasta ahora conocido ha sido profundamente alterado por un cambio de prioridades. Efectivamente, ahora las empresas no buscan simplemente un beneficio en sí mismo sino que éste es tan sólo un instrumento para proporcionar dividendos o intereses a accionistas y prestamistas (el capital financiero) totalmente indiferente a los procesos socialmente productivos.
Es decir, una creciente proporción de la tasa de beneficio se retiene para proporcionar ese “valor para el accionista”, o interés para el obligacionista, impidiendo que el excedente se reincorpore a la inversión, en forma de mantenimiento, expansión productiva, o innovación tecnológica. Nos encontramos con que no sólo se presiona al incremento de la tasa de explotación, sino también a la moderación de la evolución de la composición orgánica del capital. Se adelgaza la capacidad productiva en aras de que el cogollo productivo que queda después de la purga de las áreas de menor o más volátil rentabilidad, sea lo más rentable posible en poco tiempo. Ese excedente simplemente engrosaría las cuentas de una clase capitalista financiera aventurera y depredadora.
Se habla, así, de una tasa de beneficio retenido[3], pulverizando la capacidad de la masa de beneficio de animar la acumulación, la inversión y el crecimiento, como antes, porque simplemente desvía gran parte del excedente para engrosar las arcas del Management financiero.
El sistema financiero, en este contexto, empieza a padecer los riesgos en que había incurrido. La morosidad empieza a repuntar[4]. Las sociedades de inversión observan como les aprietan sus obligaciones de pago, y las empresas ya no pueden reportar tasas de retorno de un 20% como les exigían los prestamistas. Empresas, como Ono, con mayoría accionarial de fondos de inversión, en una empresa cada vez más rentable y puntera, exigen mayores ganancias, y recortan en 1300 personas su plantilla.
Así, una crisis de fondo y una crisis coyuntural se combinan con una financiarización de la economía de un modo fatal[5].
La manera de afrontar este cataclismo ha sido la intervención del Estado que transfiere el problema de la banca –que no es el sector más afectado y que además es un agente directamente responsable que ha causado la situación- a las cuentas públicas. También se propone apoyar al sector automovilístico. ¿Cuál será el siguiente sector?. O darle a la maquinita de crear moneda (EEUU). Pero el alivio de la liquidez no resuelve el formidable problema de solvencia generalizado. Sólo encaja un problema del sector privado en el presupuesto público. Para el año próximo alcanzará el 4% del déficit público el presupuesto español. Ha sido la crisis y no los movimientos sociales quienes derrumban el Plan de Estabilidad de la UE.
Hasta ahora, los diferentes países, y el G-20 sólo han discutido sobre la modalidad de socialización de pérdidas[6] a emprender. Unos apuestan por comprar activos (de mayor o menor calidad), otros por comprar acciones y participar en un rincón, sin hacer ruido, en los consejos de administración. La UE plantea reducir impuestos ¿y qué pasará con las políticas sociales del Estado?. Las nacionalizaciones sólo se plantean para salvar a la tecnostructura (gestores de y directores de empresas) responsables de la situación. Los poderes no se plantean decididamente socializar los sectores estratégicos, intervenir los mercados, y planificar aspectos fundamentales de la economía con criterios que reestablezcan una asignación de recursos solvente y, mucho menos, orientada a la satisfacción de necesidades sociales o a garantizar la sostenibilidad medioambiental. La bolsa, ha caído más profundamente que en 1929, y ésta sólo expresa un síntoma de expectativas a corto y medio plazo sobre la crisis. Una crisis capitalista más profunda que ninguna anterior.
El desenfoque de la izquierda.
La izquierda se ha enfrentado a este tipo de fenómenos, en términos generales, con una suerte entre el desconocimiento y la simplificación, sin referirnos a aquellos que apostaron por contribuir a gestionar compasivamente una política neoliberal. La economía no deja de ser un aspecto social y político central de nuestras vidas, pero ante su relativa complejidad se abandonó el intento de su comprensión. Así las cosas, ha sido muy frecuente escuchar afirmaciones sumarias que localizaban el espacio financiero en un lugar etéreo casi fuera del mundo. Se ha dicho que el capital, abandonando la baja rentabilidad de una economía real, se escapaba al mundo de las finanzas. Ese “otro lugar” se presentaba como un espacio de intercambios de papeles sin más abonado a una especulación, sin explicar por tanto el origen de sus fabulosas ganancias. Con estas poco fundadas metáforas al llegar la crisis muchos se han conformado con contemplar el desplome que, según ellos, sólo afectaría a esos usureros especuladores como si se encontrasen al margen de nuestra realidad y no nos llevasen consigo.Pues no, no es así. No existe un “más allá financiero”, sino que éste está siempre más acá. Lo que ha sucedido con la esfera financiera es que la desregulación de dicho ámbito y la fluidez de su movilidad permiten que el capital financiero cambie con mayor agilidad de actividad en busca de mayor rentabilidad. Además, la regulación flexible ha abierto ciertos vacíos propicios al fraude alegal (por ejemplo, compra de empresas mediante apalancamiento financiero para luego trocearlas y vaciarlas, con nuevas prácticas de desinversión rentable) que pueden ocasionar la quiebra injustificada de empresas viables, socialmente útiles o el desmantelamiento de empresas rentables. En suma, si la esfera financiera, como pasivo, se viene abajo, arrastra a la economía, como activo, siguiendo la metáfora contable.
Desde la izquierda se ha hablado sobremanera de la especulación (inmobiliaria, financiera, comercial, etc…) como causante de todos los males que nos aquejan. Sin embargo, la razón de la “alteración de los precios” (sea de vivienda, del tipo de interés, o del precio de venta al público) no puede atribuirse al juego oportunista de intermediarios en un intercambio, sino a un auténtico ejercicio de poder. Efectivamente, en los “mercados” (que desde luego no son igualmente libres para todos), hay algunos actores que pueden imponer en la negociación sus condiciones. Esto es, si sólo denunciamos la especulación desenfocamos y vaciamos de contenido nuestra comprensión de lo que sucede. Y además corremos el riesgo de hacer pensar que, si no hubiese oportunismos e información asimétrica, el mercado funcionaría por sí mismo correctamente. Nos olvidaríamos de que el problema no es, por otro lado, el mal fluir del mercado, sino el marco capitalista en el que este se despliega, con unas relaciones sociales desiguales determinadas (entre clases sociales, entre unidades productivas, etc…) que se basan en un sistema social complejo que no refiere precisamente a un intercambio, sino a una forma de dominación y explotación.
Una necesaria respuesta política organizada desde la izquierda anticapitalista
Muchos anhelan fáciles recetas para salir de esta crisis, en la que los principales causantes ya están pergeñando estrategias para blindarse y derivar a los más débiles sus consecuencias. La estrategia de las clases dominantes y sus adláteres consiste en: una intervención del Estado que lleve a cabo una socialización de pérdidas, cargando a la espalda de los y las trabajadoras los desaguisados privados; y en monopolizar las áreas de actividad que son más necesarias para la población y para el desarrollo socioeconómico (energía, comunicaciones, alimentación, materias primas, etc…). Los gobiernos, financiados y apoyados por intereses privados, responderán con un condicionamiento mínimo para proveer con fondos públicos a las grandes corporaciones. Precisamente esas grandes corporaciones, reeditarán – aún lo siguen haciendo - y profundizarán la extracción de plusvalía por vías financieras, de rentabilidad económica y de racionalización o incluso destrucción del aparato productivo, de una manera poco sensible a la sostenibilidad ecológica y social, más allá de lo que las fuerzas sociales impongan con movilizaciones a la ofensiva. Los gobiernos, en esta democracia burguesa de baja intensidad, harán regresar fórmulas de desfiscalización del capital y de las clases dominantes; reformas que hagan retroceder los salarios directos e indirectos, las políticas de bienestar social, o inclusive los derechos sociales y políticos que puedan incomodar al proceso de acumulación capitalista.
Desde las organizaciones políticas favorables a las clases trabajadoras, las organizaciones sindicales y los movimientos sociales es más importante que nunca agruparse para levantar un programa de acción que combata esta dinámica.
- En primer lugar, hay que cuestionar las relaciones de poder institucionales, jurídico-políticas e ideológicas que conducen una economía y relaciones sociales en contra de la inmensa mayoría de la población mundial. Esta es la tarea previa, como condición necesaria, a todas las demás.
- A partir de ahí hay que poner en práctica, paralelamente, una dinámica democratizadora constituyente y participativa que abra paso a nuevas instituciones populares.
- Que pongan la economía y sus sectores estratégicos (sistema financiero, energía, comunicaciones, alimentación, vivienda, educación, sanidad, etc…) bajo una planificación democrática descentralizada de grandes líneas que decida cuáles son las áreas de inversión socialmente idóneas, y que garantice una eficiencia y solvencia productiva –frente a una gestión burocrática o una producción sucia e insostenible basada en la maximización de beneficios y la máxima extracción del excedente originado en la explotación de la fuerza de trabajo y de la naturaleza-. Que deje un lugar al mercado (no capitalista) y bien regulado para el conjunto de bienes y servicios imposible –e innecesario- de planificar, y que estimule la iniciativa y creatividad de los miembros de la sociedad animando y prestigiando el trabajo colectivo con fines de utilidad social y desarrollo personal.
- Que conciba una planificación de la economía que evite los abusos y errores de viejas experiencias del denominado socialismo real. Que incluya planes de sostenibilidad y regeneración ecológica del sistema productivo empleando y diseñando los avances tecnológicos para un mejor uso más eficiente, de mínimo despilfarro, de las materias primas y energías, y que minimice los residuos y puedan ser reaprovechados en ciclos de producción sostenibles venideros.
- Que al tiempo que socialice los medios de producción estratégicos no impida la propiedad de los bienes de consumo básicos, y consiguientemente un ingreso universal garantizado, que garanticen la autonomía personal y familiar. Una política económica que asegure una redistribución de la riqueza y de las rentas impidiendo cualquier forma de explotación, dentro de los márgenes posibles.
- Que también haga posible una mayor disposición del tiempo libre con una redistribución de todo el trabajo y una reducción de la jornada laboral.
- Que incorpore una línea de expansión internacionalista y solidaria de esta política conformando cada vez mayores áreas regionales que integren a los pueblos en un desarrollo conjunto, de un modo que sea emancipatorio y autodeterminado en cada caso.
[1] La tasa de beneficio en puridad se mide como:
T.B= (plusvalía/capital variable)/((capital constante/capital variable)+1)
[2] .- De hasta 30 veces sus recursos propios en los Hedge Funds orientados a la compra de “valores-empresas en crisis”·. Estudio sobre la industria de Hedge Funds. CNMV.Febrero 2006.
[3] Álvarez Peralta, Ignacio (2007) “Financiarización, Nuevas Estrategias Empresariales y Dinámica Salarial. El caso de Francia entre 1980-2006” Universidad Complutense de Madrid. Septiembre de 2007
[4] “Las familias deben un billón de euros en hipotecas y la morosidad se ha triplicado en un año hasta el 2,5%. Un informe de ING señala que a partir del 15% de morosos, el sistema se derrumbaría. El presidente de Caixa Catalunya, Narcís Serra, no descarta que se llegue al 9% en esta crisis” Ramón Muñoz (23-11-08) “Cuando las cosas van de verdad mal”. El País.
[5] Gutiérrez, E. y Albarracín, D. (2008) “Financiarización y economía real: perspectivas de una crisis civilizatoria”. Viento Sur. Número 100.
[6] Álvarez, I. y Medialdea, B. (2008) “Financiarización, crisis económica y socialización de pérdidas”. Viento Sur. Número 100.
1/11/08
Financiarización y Crisis: ¿Hacia un nuevo ciclo sistémico de acumulación?. (5/5)

La crisis señal (Arrigui, G; 1999) expresada en 1970, la acumulación rampante y la hipertrofia financiera posterior no son sino signos de un posible cambio en el curso de la historia capitalista. Nada permite presagiar un único escenario de futuro ni mucho menos sus rasgos con precisión. No hay mecanicismo en la historia ni menos aún linealidad. No obstante el alcance de la crisis actual advierte de una tensión de gigantescas proporciones cuyos puntos extremos de posibilidad pueden, al menos, reflexionarse y discutirse.
En primer lugar, la tasa de beneficio en los países industrializados tuvo un descenso notable desde fines de los 60, se atravesó una crisis sangrante en los años 70 y se sustituyó la política keynesiana por una de orientación neoliberal, que privatizando bienes comunes y públicos permitió una recuperación desde los años 90, a niveles insuficientes tanto para recuperar la tasa de acumulación y crecimiento a una escala comparable al periodo de posguerra como, mucho menos, inaugurar una nueva onda larga de prosperidad en una espiral duradera (Albarracín, J.; 1994). Por otro lado, la hipertrofia financiera ha supuesto al mismo tiempo un lastre para la reinversión del excedente (se ha retenido parte de este para remunerar al capital financiero) como un impulso a la apropiación creciente de esa misma fracción de la masa de beneficios extraída al trabajo.
Cabría pensar una dinámica en lo sucesivo de crisis periódicas, ciclos industriales de corta duración, cada vez más profundas y prolongadas, y recuperaciones cada vez más efímeras y débiles. Como el “sueño de Schumpeter” (1942) (el heroísmo del emprendedor innovador) se viene abajo, es posible que una parte del capital haya apostado por una pesadilla: la destrucción “creadora”[1], en su versión más cruda. Ahora bien, esa destrucción no parece que vaya a tener lugar sin costes sociales ni costes sistémicos para muchas otras fracciones del capital, y sólo se producirá tras una eliminación de una gran parte del capital productivo o de la competencia. Por el contrario, parece que la destrucción sólo cabría definirla como de “apropiativa” por parte de minorías blindadas de las clases dominantes, porque al tiempo que se elimina competidores y capacidad productiva apenas se crea nada nuevo ni mejor.
En esta línea de reflexión parece que los agentes de la burguesía no pueden alterar la inercia del desarrollo capitalista a la crisis sistémica y la degradación socioeconómica cíclica. Pero al menos una parte de ellos cuentan con un diagnóstico y han inaugurado una serie de medidas y acciones empresariales y políticas para blindarse ante la crisis y tratar de derivar hacia otros segmentos sociales los costes de esta fase entre la ralentización, la parálisis y la depresión.
Si la exuberancia del capital financiero de los últimos veinte años obedece a una huída de la inversiones industriales y comerciales tradicionales[2], con rentabilidades cada vez más dudosas y rampantes, y agotadas las oportunidades que prometían áreas de negocios “prometedoras y tecnológicamente innovadoras” (las punto.com, por ejemplo); o las áreas económicas emergentes en los países del Sur y del Este; o el fin de la burbuja inmobiliaria y el refugio del suelo y la vivienda, con un vuelo más corto de lo esperado, el capital dominante corporativo y transnacionalizado ha orientado su liquidez a invertir en actividades muy distintas, desde luego más rentables.
A este respecto, mientras se “espera” que algún día aparezcan de nuevo las condiciones para una nueva onda larga, cuyas características, como decimos, no parecen presentarse de momento, una fracción de la burguesía y agentes afines a ella, han decidido reorientar sus inversiones. El capital dominante piensa que aún puede dársele una vuelta de tuerca al mercado global liberalizado, y lo que podemos llamar la “transición corporativa”, muestra que las grandes compañías económico-financieras se están posicionando desde hace años para encarar con grandes inversiones la denominada “geopolítica de la escasez”. El propósito de esta estrategia y sus inversiones, sustentadas también en iniciativas y presiones políticas innegables, es garantizar y blindar su rentabilidad en áreas de negocio que cumplen ciertos rasgos:
- Tienen una demanda inelástica y son bienes de necesidad social fundamental. Dentro de esto puede referirse a bienes naturales esenciales (energías clásicas como el petróleo, materias primas como el agua, o la propia industria alimentaria) o a bienes de naturaleza pública hasta ahora ostentados por los Estados-Nación, cuyo papel está en retroceso. La aplicación de títulos de propiedad sobre bienes naturales hasta ahora sin propietario, o las privatizaciones de bienes hasta ahora públicos o comunitarios responden a esta tendencia.
- Son bienes cuya necesidad puede ser también inelástica en función de la manipulación y alteración de ciertos parámetros. Por ejemplo, los servicios sanitarios o la industria de la salud, la seguridad privada, o la industria armamentística. En efecto, el miedo y la represión pueden “generar fantasmas cuyo espectro se presenta como necesidad” (como lo ha hecho la publicidad excitando el deseo en el ámbito del consumo privado), pues basta con infundir temor o inventar peligros, enfermedades o enemigos para que la sociedad estime oportuno gastar en este tipo de mercancías. Dentro de este capítulo cabe incluir también esferas delictivas: narcotráfico, tráfico de armas, mafias, etc…[3] El nivel de institucionalización puede ser muy diferente dentro de este campo.
- Apropiarse –violentamente o no- y concentrar la propiedad de bases fundamentales de producción del ciclo actual y de un posible ciclo futuro de acumulación, en aras de blindarse ante las crisis. En efecto, el fin de la era del petróleo ya tiene un horizonte más cercano. Y constituye una auténtica oportunidad acaparar todas las reservas para incrementar los precios de una materia prima tan preciada, así como dominar las posibles energías que la puedan sustituir, para dosificar su incorporación a los mercados con la mayor rentabilidad posible. Un ejemplo adelantado de estos movimientos del capital multinacional corporativizado es la inundación de Brasil con inversiones en la agro-industria del etanol, que en tan sólo el 2006, recibió inversiones extranjeras por un valor de 6.000 millones de dólares (GRAIN,2007)

- Como siempre, la energía esta íntimamente vinculada a la historia del capitalismo: La apuesta por la energía nuclear da tiempo para hacer rentable a otras energías alternativas hoy por hoy costosas, pero que un día en ausencia de otra alternativa, a la desregulación campante en la economía-mundo, están siendo acaparadas y pueden serles muy rentables, a la fracción dominante de la burguesía corporativa trasnacional, y lamentables para la población mundial.
Esta estrategia monopolística ya es ejercida en otros campos por parte de grandes corporaciones transnacionales, que viene acompañada de potentes presiones para los poderes públicos y demás agentes políticos. La apuesta por los, también no sustentables, agrocombustibles de las grandes corporaciones capitalistas dominantes (energéticas, terratenientes y financieras), es una de las más preocupantes. La comunidad de expertos agrícolas manifiesta de forma rotunda que: “el aumento de los precios del petróleo está generando una nueva y descomunal amenaza a la diversidad biológica de la tierra”, “conforme se deteriore la seguridad energética, también se deteriora la seguridad alimentaria mundial, de hecho las reservas mundiales de grano (se habla de las de petróleo o gas, pero no de estas) están en el 2006 el nivel mas bajo desde hace 24 años. Cuando la producción mundial de cereales alcanzó en el 2006 los 1.967 millones de tn, en EEUU ya un año después, se transformaron más de 80 millones de tn en carburantes. Así las cosas, en el medio plazo (3-5 años), la disyuntiva será: gasolina o alimentos, si la migración de las grandes corporaciones capitalistas hacia los agrocombustibles progresa, como ya lo esta haciendo en los últimos 5 años” (GRAIN,2007).
La actitud que los gobiernos democráticos occidentales vienen mostrando no está a la altura de los riesgos potenciales, en especial respecto de la segunda “revolución verde”, que nos venden los mismos de la primera (Monsanto, Dupont, Bayer, Dow,….), que se dedican “generosamente” a la “museificación de la información” genética, el primer paso hacia su sustitución diseñada por la ingeniería corporativa transnacional de las multinacionales de la agro-energía. El dominio sobre un bien ya muy escaso como el agua potable también va en esta línea. La centralización de la industria alimentaria poniendo en juego la soberanía de la población sobre un bien básico también responde a todo esto.
En suma, el propósito de las grandes corporaciones capitalistas es llevar sus negocios directamente al tuétano de los bienes y servicios fundamentales de la población del planeta, haciendo inviable una sociedad mínima y dignamente civilizada.
Por otro lado, parece que los riesgos sistémicos, de alcance internacional, sólo pueden tener una respuesta políticamente coherente con un proyecto civilizatorio para todo el planeta, desde un nivel transnacional. Pero, no es casual que los países aventajados del mundo se hayan encargado de reactivar o actualizar (G8) las antiguas instituciones del Consenso de Washington para convertirlo en el club de discusión y toma de decisiones de los poderes fácticos (estatales y de las grandes corporaciones privadas de los países más influyentes). Ese “gobierno mundial” no es, sin embargo, el gobierno de todos, sino el de unos pocos sobre todos los demás. Y en la actualidad el mundo está troquelado en bloques y áreas regionales que compiten entre sí. También cabe augurar fuertes tensiones para configurar cualquier línea sostenida de dicha “oligarquía autoritaria mundial”, sin poder descartar conflictos diplomáticos constantes, y una continuación de la lucha económica competitiva mundial por otras vías.
La transición en plena crisis de la señal financiera, como hemos expuesto, ya están siendo exploradas, y en algunas zonas del mundo ya han tenido cierto recorrido, y no puede dejar impasibles a ningún grupo social, porque sus efectos serán visibles en unos años, y en muchas áreas y poblaciones tienen sus consecuencias, a veces devastadoras, hoy día (Irak, África, América Latina, Irán, etc…). De igual modo, las clases subalternas están en el ojo del huracán, tanto como víctimas del deterioro de sus condiciones de vida como posibles protagonistas que combatan su explotación y dominación.
Pero de igual de modo que las clases dominantes persiguen “soluciones” a sus problemas, las clases dominadas, con sus diferentes segmentos, también ofrecerán sus resistencias y construirán alternativas. Nada está escrito en la historia y ésta debe aún redactarse posiblemente, con la destreza de la inteligencia y la sabiduría, pero también, con el esfuerzo y, desgraciadamente, la sangre de mucha gente. La tensión en juego es muy grande, y no sabemos hacía donde se dirigirá, pues sólo los sujetos son los que pueden orientarla.
Desde luego que, en ausencia de movimientos antisistémicos y de una subjetividad antagonista organizada[4], ese es un escenario bien probable. La estructura evolutiva del capitalismo, bajo la hegemonía neoliberal, propicia vislumbrar un marco de escenarios con rasgos poco halagüeños.
Ahora bien, al mismo tiempo que ese marco podría tener lugar con la connivencia o inacción social de los sujetos subalternos, tampoco es posible asegurarlo sin tener en cuenta las posibles estrategias de las clases dominantes. Parece poco razonable, a este respecto, pensar una dinámica histórica donde los sujetos sociales se dejen llevar sin más por una inercia.
Cabe, por nuestra parte, aportar un granito para advertir de estas cuestiones, y de contribuir a dar pistas de reflexión para el movimiento obrero internacional, en primer lugar en las organizaciones sindicales que, nos gustaría, asumiesen este desafío. Un desafío que no sólo debería pasar por aliviar, derivar o postergar los efectos y soluciones de este riesgo sistémico, sino que afrontara la necesidad, posiblemente para la humanidad y el planeta a medio y largo plazo, de un cambio estructural que erradicase un nefasto sistema socioeconómico y político.
[1] Schumpeter hablaba de la “destrucción creadora” del mercado y sus ciclos, que permitían eliminar la capacidad productiva sobrante, animar la innovación y el hallazgo de nuevos mercados, y reestablecer la rentabilidad.
[2] .- La Agencia Internacional de la Energía (AIE), constataba la fuga de inversiones del capital corporativo dominante, localizando una gran parte del problema energético actual, en que: “..los mercados eléctricos liberalizados necesitan más inversiones”, y pronostica que en los próximos 30 años, serán necesarios un volumen de inversiones a escala mundial que: “equivalen, en términos reales, a casi el triple de las cifras de los últimos treinta años” (AIE.2004)
[3] .- “La comunidad internacional no puede permanecer ajena al reforzamiento de la represión penal ante delitos de carácter transnacional que gozan de espacios de la más absoluta impunidad (los paraísos fiscales) y que se realizan a través de procedimientos sumamente complejos. En segundo lugar, la criminalidad financiera tiene como sujeto principal la sociedad anónima que, por tanto, se constituye y actúa bajo la cobertura de la legalidad formal. Los hechos punibles se presentan como actos lícitos desarrollados en el normal ejercicio de la actividad empresarial bajo un ropaje formal que es extremadamente útil para enmascarar el comportamiento ilícito”. Jiménez Villarejo, C.
[4] Se entiende por subjetividad antagonista por la organización colectiva y consciente, que elabora sus medios de expresión y acción pública, formando una perspectiva ideológica intelectualmente compartida –que aspira a la hegemonía en términos de Gramsci-, y que puede adoptar diferentes formas de organización, coordinación y vínculo, en contra del sistema establecido. Este término ha sido frecuentemente empleado por la tradición inmaterialista italiana (Negri) y es de uso habitual entre los movimientos contra el capitalismo global.









