Mostrando entradas con la etiqueta Balance de Gobierno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Balance de Gobierno. Mostrar todas las entradas

20/3/22

Reforma laboral a lo “Zapajoy”: ni pequeño avance, ni en dirección contraria

Daniel Albarracín. Enero de 2022.

https://cdn.vientosur.info/VScompletos/vs_0180.pdf

https://vientosur.info/reforma-laboral-a-lo-zapajoy-ni-pequeno-avance-ni-en-direccion-contraria/

Págs. 107-115

La formación del gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos generó expectativas tanto por su carácter inédito como porque su programa de coalición planteaba propuestas que incluían alguna recuperación de derechos. De todas ellas, la que despertó más interés, desde un enfoque progresista material, fue la nueva regulación de los aspectos más lesivos de la reforma laboral de 2012 del PP. Con todo, suponía una fuerte moderación respecto a las aspiraciones de derogación de aquella norma, porque las expectativas de los movimientos y las demandas de los sindicatos iban más lejos[i].

En aquel programa se acordaba la elaboración de un nuevo Estatuto de los Trabajadores, primar el convenio sectorial sobre el de empresa, limitar la subcontratación, acotar la modificación unilateral de las condiciones de trabajo por parte de la empresa, la revisión de las causas de despido, y la reordenación de las modalidades de contrato para limitar la temporalidad. En los primeros meses de gobierno se derogó el despido por absentismo por baja por enfermedad y sólo en 2022 ha visto la luz una reforma laboral pactada con patronal y sindicatos, que contrasta mucho con lo prometido y con lo acordado en el programa de coalición.

Como herramienta política, la regulación laboral se centra en la definición de la calidad de las relaciones de empleo; fundamentalmente, los derechos y costes asociados, la arquitectura de la negociación colectiva y la regulación del tiempo de trabajo. Ahora bien, política de empleo y economía política aplicada deben estudiarse conjuntamente, dado que la creación de empleo depende de la inversión, la rentabilidad, y las medidas de política económica. Solo las medidas referidas a la regulación del tiempo de trabajo, que corresponden al marco de la política laboral, afectan al empleo. Algo que, por cierto, ni se contempla por este gobierno.

El gobierno de coalición se ha limitado a cambios menores en la política fiscal y ha confiado su política expansiva[ii] a los fondos Next Generation (Albarracín y Moreno; 2021)[iii].  Los fondos, al margen de sus dudosos contenidos y de sus beneficiarios particulares, van a tener serias consecuencias macroeconómicas, laborales y sociales. A medio plazo, cuando se retome el Pacto de Estabilidad y Crecimiento suspendido por la depresión pandémica, debido a la necesaria devolución de la deuda acumulada, que tras 2023 supondrá fuertes recortes. Y en lo inmediato, por la aplicación de los compromisos con la Comisión Europea, para poder recibir los diferentes tramos de los Fondos Next Generation, entre los que se encuentran la implementación de lo que va a ser una lesiva reforma del sistema de pensiones y la exigencia de adecuar el marco laboral. Su objetivo: compatibilizar la moderación de la tasa de temporalidad y la garantía de flexibilidad de la gestión laboral a bajo coste para el empresariado. Es en este contexto que hay que analizar la reforma laboral consensuada entre gobierno, patronal y sindicatos.

 

1.       Criterios para evaluar la reforma

La ministra de trabajo, Yolanda Diaz, y UP, socio menor en el gobierno, han consentido y admitido las condiciones que han maniatado su labor: han hecho propios los compromisos aceptables por la Comisión Europea, han respetado los intereses de la patronal y han visto interferida su labor por la acción de la vicepresidenta económica y el presidente del gobierno, en un contexto de competencias limitadas de por sí para esta cartera.

26/10/21

La reforma laboral fantasma y la crisis de gobierno

 Daniel Albarracín, 26/10/2021

Entre las cuestiones positivas del programa de gobierno está la derogación de algunos puntos clave de las reformas laborales recientes. Habría que ser más ambiciosos porque volver a un marco laboral como el que ya ajustó Zapatero dista mucho de unas condiciones laborales dignas, estables y, ni que decir tiene, democráticas. Los puntos que Yolanda Díaz quiere retirar de la reforma de Rajoy son los más importantes, porque desde el 2012 se ha pulverizado la cobertura de la negociación colectiva, dejando casi a la mitad de la clase trabajadora sin derechos vía esta fuente.

En esta lucha vamos a coincidir. Y sería el primero en aplaudir que esos puntos se retirasen -sin dejar de decir que sería aún insuficiente, pero reconociendo que algunas piedras en el camino se habrían quitado-.

Ahora bien, el problema es que las conquistas no se van a arreglar en un gobierno estando en minoría, con un socio mayoritario que es un tapón para cualquier reforma a favor de los trabajadores, y sin activar fuertes luchas sociales y obreras, que pasan por paralizar la producción para tener capacidad de negociación o victoria.

Mientras tanto el balance del gobierno es pobre.

Hay aspectos en materia de libertades civiles que están en su haber. Y que se saludan. También la vacunación por lo público, aunque con patentes privadas...

Hay aspectos compasivos, como el IMV, muy insuficientes, que apenas han cubierto poco más del 30% de lo necesario.

Las soluciones como los ERTEs, han supuesto evitar destrucción de empleo pero también un coste público enorme para cubrir los costes laborales de las empresas. Hemos socializado sus costes, una vez más.

No hay una reforma fiscal progresiva digna de tal nombre que cubra la brecha de la deuda, tampoco para redistribuir.

Los fondos europeos, de una cuantía pequeña para la reactivación, y una ejecución muy parcial y tardía, mancomunan deuda, pero lo hacen de manera condicionada a la devolución de la misma, y desviarán los fondos para financiar inversiones privadas en actividades de dudosa utilidad y cuestionable sostenibilidad ecológica. La digitalización a gran escala exigirá materiales a gran escala que no habrá; el coche eléctrico o el hidrógeno, son insostenibles, porque recurren a un mix energético basado en fósiles o requieren de un litio con límites de disponibilidad, por ejemplo.

Las inversiones privadas irán al ritmo de las expectativas de negocio, es decir, muy dosificada y selectivamente. La transición ecológica no va a poder hacerse con criterios de negocio, tengámoslo en cuenta.

Si los presupuestos son expansivos son por las cuentas que se hacen con los fondos Next Generation. Pero pronto retornará el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y habrá que devolver las deudas.

La economía capitalista no revitaliza sin aumento de la tasa de rentabilidad, y eso no sucede si no aumenta la tasa de explotación. Ese es el plan de las clases dominantes, no lo olvidemos. Si no es por las buenas, por las malas, que para eso está el PP y Vox.

Hay grandilocuencia en cualquier modificación, pero una absoluta falta de contexto y puesta en relación con la envergadura de los problemas reales, y el papel que desempeñan los cambios.

Unidas Podemos se sostiene en el gobierno para mantener su propia burocracia, porque, aunque su deseo sea el cambio, el camino escogido les atrapa en la impotencia. Por debajo, su miedo a abandonar el gobierno es más fuerte que su deseo de transformación. Da la sensación que les vale con aparentar que hacen algo.

El PSOE no tiene siquiera a un Corbyn al frente, sino a un Sánchez que abraza al viejo felipismo.

Y, con esto, vamos a tener una reforma de las pensiones lesiva para los y las trabajadoras en términos netos, tenemos un SMI que retrocede en términos reales -evoluciona por debajo de la inflación-, y, además, se nos dice que no se puede hacer otra cosa. ¿De verdad?

No nos engañemos. La reforma laboral, si la hay, será cosmética, como tantas cosas que ha traído este gobierno. O será, una vez más, otra promesa incumplida.

Los derechos no nos los van a regalar, y el PSOE, garante del régimen, menos. Salvo que haya una fuerte lucha obrera y social dirigida por los y las trabajadoras. Pero para eso hay que ponerse en clave de querer organizarla. Y levantar un proyecto de cambio digno de tal nombre.