RESUMEN

La revolución rusa atemorizó a las clases
dominantes que aceptaron impensables concesiones sociales. Ilustró la dinámica
contemporánea de la confrontación con el capitalismo y los rasgos que
singularizan un perfil socialista. La radicalización de los bolcheviques inspiró
procesos equivalentes del siglo XX.
Los revolucionarios no causaron los
horrores que padeció la URSS, ni anticiparon el stalinismo. Actuaron con gran
respaldo popular, en las antípodas de un golpe. Su proyecto era factible, pero
fue distorsionado por una burocracia que finalmente se aburguesó.
La inmadurez de las fuerzas productivas
no obstruía el debut del socialismo y las dificultades de esa experiencia no se
superan soslayando el manejo del estado. El exclusivismo proletario desconoce
la variedad de trayectorias inauguradas por 1917. La actualización de esa gesta
exige un empalme de Lenin con Gramsci, para lidiar con el dilema del socialismo
o la barbarie.
Claudio Katz[1]
La revolución rusa fue
el principal acontecimiento del siglo XX. Generó enormes transformaciones
sociales y suscitó una inédita expectativa de emancipación entre millones de
oprimidos.