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2/12/15

Las coordenadas de la crisis que viene (Michel Husson)




Michel Husson | Viento Sur | 11/11/2015 
 

Mientras que la zona euro esboza una fase de recuperación muy moderada, los pronósticos alarmistas respecto a la trayectoria general de la economía mundial se multiplican: por ejemplo, Le Monde del 20 de octubre titulaba “El crecimiento chino se ralentiza, la economía mundial sufre“. Christine Lagarde/1 enumera las “razones para estar inquietos en torno a la situación económica” y Jacques Attali/2 anuncia que “el mundo se acerca a una gran catástrofe económica“.

Comencemos trazando un breve panorama de la coyuntura: el crecimiento mundial se ralentiza, principalmente en los países emergentes, salvo en India. Esta tendencia se retroalimenta con la caída de los precios de las materias primas y se transmite a los países avanzados. El comercio internacional también se ralentiza, al mismo ritmo que el PIB mundial, como si la globalización productiva hubiera tocado techo. La zona euro registra una recuperación muy tímida y desigual. Estados Unidos y el Reino unido, siguen aprovechándose de las circunstancias (se benefician un poco) pero el crecimiento tiende a ralentizarse en un caso y en el otro resulta artificial.

En el campo de la “esfera financiera”, el quantitative easing (flexibilidad monetaria) alimenta la burbuja de activos en lugar de alimentar la inversión productiva, que se estanca. Y la única perspectiva -hasta ahora retrasada- de un repunte del tipo de interés del FED (Banco Central de EE UU) pesa como una espada de Damocles hasta el punto de desestabilizar las monedas y los mercados financieros de numerosos países. En fin, “la incertidumbre y las fuerzas complejas pesan sobre el crecimiento mundial” para retomar la fórmula del FMI en sus últimas perspectivas/3.

De este cuadro puntilloso, se pueden extraer las tres características fundamentales de la coyuntura actual:

· La persistencia de las “secuelas de la crisis financiera mundial”;
· Las perturbaciones de la economía mundial;
· La perspectiva de un “estancamiento secular”.

Las secuelas de la crisis financiera mundial
La flexibilización monetaria permite a un Banco Central la compra de títulos. De ese modo crea moneda que, inyectada en la economía, debería hacerle despegar. Admitamos que eso haya podido funcionar durante un tiempo en Estados Unidos. Pero el hecho nuevo es que se comienza a tomar conciencia de que este tipo de medidas tiene efectos colaterales preocupantes.

El presidente del Banco federal de Dallas, Richard Fisher (de poco peso en el seno del FED), resume de esta manera su escepticismo: “el dinero que hemos impreso no se ha distribuido tan bien como lo hubiéramos deseados. Un gran cantidad ha servido para la especulación corrupta o, con más exactitud, corrosiva/4. Durante esa conferencia, llegó incluso a citar un poema de Jonathan Swift, fechado en 1735: “El dinero, la sangre vital de la nación/ Se estanca e infecta en las venas/Al menos que una buena circulación/garantice su movimiento y su calor”/5.

La ineficacia a largo plazo de las políticas monetarias se explica en función de varios mecanismos o de los efectos secundarios que pesan en la coyuntura actual. De entrada, la inyección de moneda se hace a ciegas y nada garantiza que la liquidez se vaya a utilizar para favorecer las inversiones. Por el contrario, termina por alimentar la especulación y provocar un incremento del precio de los activos que no beneficia más que a los ricos y conduce a la formación de burbujas [financieras].

Tipos de interés históricamente bajos

La flexibilidad monetaria conduce simultáneamente a una reducción de los tipos de interés (ver gráfico 1). También podría contribuir a la recuperación de las inversiones en vivienda y sobre todo en las inversiones productivas, puras y simples. La recuperación de las inversiones es, por otra parte, la cuestión clave para toda recuperación. Ahora bien, nos encontramos con que esta recuperación no llega porque las empresas, a falta de mercados y/o de beneficios, no invierten. Restablecen sus márgenes hacen caja, multiplican las fusiones y adquisiciones, distribuyen dividendos, pero sus inversiones no avanzan.

Gráfico 1
Tipo de interés real 1972-2014
Tipos de interés de referencia de los bancos centrales (media ponderada de Alemania, EE UU, Japón). Fuente : BIS-BRI/6

Al mismo tiempo, es verdad que la inyección de moneda conduce a la inflación de activos, pero no a la inflación pura y simple, la de los precios. Tipos de interés bajos e inflación débil se combinan entonces de tal forma que los tipos de interés reales (descontada la inflación) no pueden devenir altamente negativos. Los tipos de interés nominales llevan a lo que los economistas americanos denominan ZLB (zero lower bound): cero como tipo base. Este límite es para algunos, como Lawrence Summers/7, el resultado del estancamiento secular, caracterizado por elevadas tasas de ahorro, una aversión al riesgo y una débil disposición a invertir. Para restablecer la situación, serían necesarios tipos de interés reales negativos para relanzar la actividad, lo que está fuera de toda perspectiva. Esta interpretación es muy discutible porque no tiene en cuenta determinantes más estructurales del eventual estancamiento secular/8.

16/1/14

Entrevista a Ivan Ayala y Daniel Albarracín sobre el papel de las finanzas en la crisis (Hispan TV)


Recientemente el programa Epílogo de Hispan TV entrevista a Ivan Ayala y Daniel Albarracín para tratar el papel de las finanzas en especial alusión a Goldman Sachs, como uno de los bancos de inversión más influyentes del mundo. Para ello el entrevistador estímula el debate señalando el libro El banco: Cómo Goldman Sachs dirige el mundo de Marc Roche (2010)


En este link puede seguirse el video de la entrevista, con los dos economistas, que tratarán sobre el mundo de las finanzas y su papel en la crisis económica.
 
Según el equipo de Hispan TV: "Visitando algunos de sus escándalos más sonados, el autor traza una biografía de la entidad que comprende desde su fundación hasta la actualidad. No solo sus operaciones financieras están protegidas por un impenetrable secretismo, también su organización interna y su tupida red de contactos con el poder político y los líderes de las instituciones internacionales.

La obra bucea en los despachos del banco y rescata personajes que ilustran el perfil de miembro de la conocida como hermandad Goldman. El Banco queda así retratado en dos planos: en el institucional aparece como un supermercado económico enredado en innumerables conflictos de intereses; en el social, como un club de cachorros adictos a la conspiración y poco amigos de someterse a las instituciones democráticas. Jugoso retrato de los grandes ejecutivos, de los acuerdos cerrados en los pasillos y de las conexiones con los grandes tomadores de decisiones políticas y económicas. Premiado como el mejor ensayo económico del año en Francia".

zm/msf

7/3/12

Crisis económica: Mercaderes, Bancos y Acreedores


El pasado día 15 de Febrero Manolo Nolla y Daniel Albarracín intervenían en los Miércoles del CAUM. La presentación corre a cargo de Manuel Llaneza.

Grabamos la charla en su conjunto, incluido el debate, que puedes escucharla aquí.

8/10/11

La Deuda y la crisis del Euro. Jornadas Economía y Finanzas


La Fundación 1º de Mayo el pasado día 28 de Septiembre celebró unas Jornadas sobre la crisis económica y financiera actual.

En ella se presentó un reciente estudio de Bruno Estrada y Juan Laborda que podéis encontrar aquí.

En las Jornadas, celebradas en Madrid, hubo cuatro intervenciones centrales que se centraron sobre la crisis de la deuda y la crisis del euro, con perspectivas de gran altura intelectual, magníficos diagnósticos y perspectivas para el futuro.

Tras la presentación de Rodolfo Benito, intervino en primer lugar Juan Laborda. Se trata de un analista financiero postkeynesiano, seguidor de Minsky, que brindó un análisis excelente sobre el papel de la deuda como obstáculo y rémora para el futuro, señalando que el problema de la deuda radica en la privada. Destacó no sólo su potente análisis teórica mostrando la hipótesis de la inestabilidad financiera y la paradoja de la tranquilidad, sino dimensionando el problema de la deuda privada. Su intervención podéis escucharla aquí.

A continuación intervino Bruno Estrada, de corte keynesiano y ecologista, que abordó la crisis financiera tomando el esquema de Giovanni Arrighi sobre los "siglos largos" y su mirada de largo plazo. Advirtió de la sucesión de hegemonías diferentes a lo largo de la historia advirtiendo del advenimiento venidero de la China y los problemas ecológicos de un modelo de producción de fuerte acumulación. Su intervención puede escuchar aquí

En tercer lugar, intervino el economista Luis Alberto Alonso, que expuso el porqué la Unión Monetaria Europea está abocada a llevar al abismo a los países periféricos, y cómo aconseja salirse del euro, con políticas de control nacional del tipo de cambio doble, devaluación y quita selectiva. Aquí se puede escuchar su intervención.

Finalmente, Nacho Álvarez explicó la situación al borde del abismo en la Unión Europea, la necesidad de una quita, impulsada por una Auditoria sobre las deudas, y el desarrollo de una reforma fiscal, advirtiendo que una salida de la crisis debe enfocarse desde una óptica internacionalista, y que las devaluaciones competitivas y el proteccionismo renacionalizador no puede ser la solución.

11/9/11

Un viraje desobediente a la izquierda para tomar rumbo hacia Otra Europa (3)

Daniel Albarracín. Mayo 2011

3. Financiarización, sobreproducción y losa del endeudamiento.

Para afrontar el duro y conflictivo reto, es preciso contar con un diagnóstico, pero también un eje estratégico de medidas para afrontar los problemas que se están presentando y se van a manifestar próximamente.

La financiarización de la economía, que adopta múltiples formas y manifestaciones, no sólo es un rasgo de la economía contemporánea, en el que la toma de decisiones empresarial está condicionada a la valorización de un sinfín de títulos y bonos financieros (acciones, obligaciones, deuda pública, derivados, divisas, etc…). También ha sido un síntoma de la crisis capitalista, de su sobreproducción, y una respuesta para rodear y postergar sus consecuencias más inmediatas. Las políticas neoliberales, ante sus medidas recesivas, trató de realizar a una huída hacia delante para estimular la economía mediante una carga hacia el futuro, que cae como una losa sobre el presente, mediante un endeudamiento masivo.

9/8/11

La cuestión de la Deuda y Alternativas a la Crisis Europea


En este enlace puede verse y escucharse una entrevista en el mes de Julio de 2011 a Daniel Albarracín, analista crítico y militante de Izquierda Anticapitalista sobre la crisis de la deuda, las agencias de calificación y el pacto del Euro.

Son 21m. y 15 seg. de entrevista.



25/10/10

Valorando la entrevista de Punset al Nobel Robert Mundell


He visto el documental de Redes (http://www.rtve.es/mediateca/videos/20101017/redes-entresijos-crisis-mundial-17-10-10/904776.shtml) que me ha comentado un amigo con entusiasmo este domingo.
Más allá de lo sugerente de una serie así, creo que este documental, como casi todos los de Punset, esconde muchas cosas, y sesga profundamente el análisis de los hechos, con una visión ideológica simplista y cerrada. Sí, discrepo completamente del enfoque de Punset, y mucho más de casi todo lo que dice Robert Mundell, que aporta una visión neoliberal. Y, lo que es peor, no dice la verdad de lo que sucede, y de los objetivos de algunas de sus propuestas. Parece que ser un Nobel en economía, a mi modo de ver, es más motivo de desprestigio que otra cosa, a la vista de a quien se les concede, casi siempre, salvo honrosas excepciones (Amartya Sen), de la misma orientación.
Vayamos por partes. Punset adopta una perspectiva sumamente convencional sobre los fenómenos sociales, del comportamiento, y de la economía. De formación de economista, simplifica la conducta social con un enfoque conductista ramplón, en la que los seres humanos son una suerte de herencias genéticas, y conductas psicológicas derivadas de instintos primarios. Más allá de que lo genético predisponga y limite, y que los instintos formen parte de nosotros la condición humana es fundamentalmente sociohistórica y cultural, la sociedad es netamente conflictiva, y las interpretaciones son complejas, generalmente vinculadas a la experiencia material de los grupos sociales, exigiendo marcos de elaboración cultural ligados a un modo de vida. A mi me parece Punset un divulgador positivista del pensamiento dominante, un comunicador sugerente, pero precisamente por ello muy peligroso, por el sesgo ideológico que comporta.
En lo que refiere a la interpretación de Mundell hay de nuevo muchas simplificaciones, muchas deformaciones y bastantes hechos pendientes de analizar o directamente falseados, incluso más allá si indicamos que en su análisis el conflicto social, los problemas políticos, o los intereses y el poder están casi ausentes o desviados en su relevancia.
Como no puede ser de otra manera de un discurso mínimamente escuchable combina exámenes sobre aspectos que son ciertos con otros que no lo son en absoluto.
Además, hay que advertir que su tesis sobre las "áreas monetarias óptimas", con la que consiguió el Nobel, más allá de exigir reducción de salarios y movilidad plena del factor trabajo como "grandes e innovadoras recetas", deduce que la eurozona no cumple sus condiciones como tal área óptima. Pero en fin, es sólo un desliz que se olvida en la entrevista...
Las explicaciones sobre las sucesivas burbujas punto.com, inmobiliaria y financiera forman parte del curso del problema, pero no son más que síntomas del auténtico problema. Las cuestiones sobre los problemas de liquidez son ciertos, pero oculta que en la práctica se ha asistido a una difusión de una crisis de solvencia generalizado, causados por sucesivos fenómenos capitalistas recurrentes de sobreproducción. La financiarización que señala es un fenómeno cuyo perfil es inédito en su dimensión, pero no puede divorciarse de las dinámicas de la economía real, de la perenne desinversión en occidente orientada a las pujantes economías asiáticas y brasileña (donde la relocalización fabril se sitúa, siempre en manos del capital occidental en complicidad con las oligarquías locales), de la evolución de la tasa de beneficio, de las desproporciones sectoriales, de la explotación del trabajo, y de los subsiguientes colapsos de la demanda.
Entre tanto hay unas cuantas cosas a desmentir de la sesgada interpretación de Mundell. Es verdad que la voluminosa deuda privada -el auténtico problema causado por una política de laxitud regulatoria del sistema financiero, y una política monetaria expansiva de bajísimos tipos de interés-, ha sido contenida con su endosamiento en las cuentas públicas. En modo alguno puede decirse que la deuda pública sea alta. Posiblemente llegará a ser un problema, pero lo que no dice este señor es que los Estados no solo prestaron y avalaron hasta un punto de emplear el 24% del PIB mundial a la banca privada en su rescate, desfiscalizaron al capital (estímulos fiscales le llaman), sino que la Reserva Federal (una entidad semiprivada ¿no lo sabías? en la que cogobiernan grandes corporaciones privadas norteamericanas) y el BCE inyectaron y en su caso prestaron grandes volúmenes de dinero a un determinado tipo de interés, que luego se demostrará muy por debajo de los réditos que comporta comprar deuda soberana de algunos países. Todo ese dinero no se destinó, en el caso del sistema financiero, al crédito a la inversión empresarial (no por un problema de confianza o escasez de liquidez, que también, sino por las bajas expectativas de rentabilidad) sino a una especulación devaluativa -para comprarla se exigiría unos comparativamente altos tipos de interés de devolución- de la deuda soberana (pública) de algunas economías vulnerables, como la griega. El capital financiero manejó parte de esos montantes de liquidez nueva disponibles, junto con los sobrantes de capital excedente que unas economías que no crecían mucho no podían absorber, para exigir a los gobiernos griego, y más tarde español, y ahora portugués e irlandés, tipos de interés mucho más altos que ese 1% al que prestaba el BCE, por ejemplo. De modo que no sólo salió al rescate el sector público del capital privado, sino que aquel (los llamados mercados, que no son otra cosa que las oligarquías financieras internacionales y grandes corporaciones industrial con capacidad de inversión financiera) extorsionó a los gobiernos para eliminar de facto cualquier rastro de posición consecuente con los programas por los que se les votó. Y además, salió ganando negocio.
Se dijo que los causantes de esta cuestión fueron unos gobiernos irresponsables, como el griego o el español. Más allá de lo que haya de cierto en su negligencia, lo que se ha ocultado es que los gobiernos alemanes y francés diseñaron unas políticas europeas (Tratado de Maastricht, Tratado de Amsterdam, y así...) siempre para el interés de sus economías nacionales. Con aquellas se afianzaba el poder de mercado, la posición privilegiada de las empresas de los países aventajados, y la división europea de las economías en países centrales y semiperiféricas. El euro se fortaleció, y el tipo de interés fijado no se adecuaba a sus necesidades, debilitando a economías desaventajadas como las de España o Grecia, entre otras, causando grandes déficits de la balanza de pagos, que corresponden a los superávits alemán, fundamentalmente. Para financiarlos los países periféricos se endeudaron, sobre todo sus economías privadas.
A continuación, la jugada del capital financiero ha sido también amenazar a las propias y grandes divisas, como el euro. Será precursor de una invitación de la oligarquía globalizada a unir las grandes monedas (algo ya ideado por Keynes). Retén el nombre del Phoenix como posible propuesta de integración monetaria del área dólar y la eurozona.
Hay que pensar que contar con una moneda única, que bien es cierto que es como el tejado en una construcción, y que aquí se edificó sin los cimientos de contar previamente con un régimen fiscal armonizado, y un Estado más capaz para integrar las economías europeas (¿cómo puede ser que el presupuesto europeo sea sólo de un 1,7% del PIB europeo, cuando cualquier país para compensar las heterogeneidades regionales y mantener un mercado que sea mínimamente equilibrado e integrado requiere al menos de un 33%?). ¿Por qué se hizo así?. Porque al mismo tiempo que se imponía una política económica neoliberal y regresiva en los países candidatos (antes España o Portugal, ahora los del Este), el contar con una moneda estable (y con un BCE que sólo persigue que haya una baja inflación, pero que no se cree empleo, por ejemplo) favorece a las economías más fuertes, que ya no verán oposición a invertir en aquellas nuevas colonias por la existencia de monedas nacionales.
El interés del dólar (más bien, de los poderes económicos estadounidenses) de integrarse en un futuro con el euro está bien claro. Ante la emergencia de China, India y otros países, y los desequilibrios monumentales de la economía norteamericana en claro declive (sólo compensada por ser el guardián del mundo), contar con una moneda en las dos zonas más consolidadas del mercado mundial le permitiría sostener a su moneda como reserva internacional (lo que supone contar un extra del 3% en su PIB, pues actúa de moneda refugio), al mismo tiempo que las multinacionales norteamericanas (y las alemanas y quizá las francesas) podrían irrumpir en el mercado europeo a sus anchas. También propiciaría dinámicas de devaluación fiscal y competitiva peligrosísimas. En modo alguno es una propuesta neutral.
Eso no quiere decir que contar con monedas únicas sea malo, porque lo que hay definir son las políticas que están detrás, y a quienes responden. En fin, el debate es largo...
Te invito a ver un video-cómic explicativo, mucho más serio (pedagógico, fundamentado y divertido) que la entrevista tan pedestre de Punset y Mundell. Seguro que no te arrepentirás, si es que has aguantado el tirón de esta explicación que te doy aquí... Se trata de David Harvey, y este sí que mola:

4/8/10

"Somos Súbditos de los Mercados Financieros"


Por Iñaki Gabilondo.

En su comentario de despedida de la temporada de su programa HOY, en CNN+, el consagrado periodista señaló su punto de vista sobre la dictadura de los mercados financieros, y los retos que eso implica para la izquierda.

Creo que merece la pena escucharlo aquí:

2/8/10

La fianza de las finanzas: ¿damos crédito?


Daniel AlbarracínNota del Autor: Este artículo fue publicado en Julio de 2006 en la Revista Diagonal aquí, y recuperamos este artículo porque su reflexión es oportuno para hacer alguna lectura del momento financiero actual.

Dicen los sabios más sensatos que el neoliberalismo se ha extendido tal cual credo postmoderno. La economía, invocada como ciencia, es manejada como alquimia. Se confía en ella por principios de fe, cuyos argumentos se repiten como mantras, rutina de recetas tautológicas. La economía constituye la mística de nuestro ahora. Unos la veneran, otros la temen.

Pocas instituciones como la banca, junto a ministros de Economía y presidentes de bancos centrales –gurús del sacerdocio monetarista-, representan mejor la figura de Iglesia (del Estado y el Mercado) capitalista.

El sistema monetario es fiduciario. Nos cambian un euro por nada si vamos a los bancos centrales. Antaño el oro respaldaba el dinero. Luego fue el dólar, hasta que Nixon negó la convertibilidad. Ahora es la fe. Se basa, por tanto, en la confianza conferida al Estado y el sistema financiero.

Apenas se concibe no hacer cualquier transacción o mantener la inmensa parte de nuestro dinero en una entidad financiera. Estas entidades dicen tenerlo en depósito. Más bien lo que protegen es la promesa de que ahí estará cuando lo pidamos de vuelta. La práctica desaparición de los coeficientes de caja (el porcentaje exigible de dinero disponible de facto para hacer frente a peticiones de los depositantes) aumenta la liquidez del banco. También supone un riesgo. Bastaría que un 1% de los depositantes decidiesen sacar su dinero al mismo tiempo para poner en un grave aprieto a cualquier entidad bancaria. La razón es clara, el banco no guarda nuestro dinero, lo mueve allí donde obtiene mejor rédito.

El sistema financiero engrasa los intercambios, financia inversiones y compras, emplea las cuentas que allí depositamos, y actúa en el mercado de valores y capitales. Sin su concurso apenas nada funcionaría, la cuestión es que funciona al modo que ellos indican. Sencillamente, ahora, si el trabajo es el pulmón que aporta oxígeno y vigor a la economía, el sistema financiero es la sangre que lo permite circular. Ahora, el circuito arterial, ¿hacia dónde va?.

La actividad crediticia sigue el ritmo de la economía, porque la rentabilidad financiera sólo puede nacer de la economía real. Eso no impide que las finanzas alteren dicha economía real, e incluso, siempre temporalmente, se divorcie de su cíclica.

Ahora bien, los márgenes de intermediación (2,02% s/activos totales medios en 2004 y 1,78% en 2005; en 1988 era de un 4,2%) se han ido moderando paulatinamente. La razón del estrechamiento, amén de la “competencia” (cada vez más oligopolística, debido a la concentración del sector; y la peculiar participación de las Cajas de Ahorros), la trae la confluencia de bajos tipos de interés –etapa que ya acaba- y una inflación persistente en niveles altos respecto a la UE.

Sea como fuere, el volumen absoluto y relativo de beneficios aumenta, con ratios de eficiencia y rentabilidad campeonas en la UE-15. El resultado neto en 2004 pasó del 0,88% (sobre Activos Totales Medios) al 0,95% en 2005. El volumen absoluto de ganancia crece y la tasa de beneficios aumenta, pero se observa un ritmo más lento de esta segunda. Crecen por las operaciones desarrolladas merced a los mercados de valores, fondos de inversión, y la actividad ligada a la construcción, la inmobiliaria y las hipotecas, que en los próximos años observará, de un modo mayor o menor, su agotamiento. Si las bases reales de la rentabilidad se deterioran esos formidables volúmenes de beneficios estarán amenazados. Síntoma de un sistema en crisis recurrente.

La dinámica aboca a que el sistema financiero desempeñe un papel central. La banca, salvo las idiosincrásicas cajas de ahorros –gobernadas parcialmente por las CCAA-, se desprende de sus participaciones industriales, pero eso no impide que su influencia siga siendo determinante. Ser un importante acreedor también confiere gran poder industrial. Según el Banco de España, la adquisición neta de acciones y otras participaciones por parte de las instituciones financieras ha pasado del 4,2% al 1,3% del PIB entre 1998 y 2005.

El capital ya no compite entre sí como antes (terratenientes, contra industriales, contra financieros), pues prácticamente han encontrado sus intereses en común en una estrategia patronal contra las condiciones laborales y la protección social. Los miembros de las clases dominantes cambian de entidad recurrentemente, mantienen lazos y forman una línea bien comunicada entre direcciones empresariales –públicas y privadas- y grupos políticos influyentes, intercambiando sus dirigentes. Una práctica de solidaridad de clase.

Estado y banca son cómplices del status quo. La banca financia a algunos partidos con opción de poder. El Estado respalda a la banca, y sanea bancos en crisis, socializando sus pérdidas. Desde la transición, el coste por haber intervenido ante situaciones de crisis bancarias, ha ascendido a 3.558 millones de Euros (Según Expansión.com, M.A.Patiño 13/6/06), tratándose de la suma del saneamiento de casi 70 entidades. Banco Navarra (1978), Rumasa (1984), Ibercorp (1992), Banesto (1994) –el saneamiento más caro- o Eurobank (2003) son algunos ejemplos. El Estado interviene para ayudar a la banca, siendo la sociedad, los trabajadores y trabajadoras, quienes responden y sufren ante sus fracasos e irresponsabilidades. Pero los beneficios, en cambio, son privados.

La banca pública ha sido privatizada. El sector público hace dejación, confiando toda la gestión a la acción privada, sus criterios rentabilistas, y al mercado capitalista. Hasta la política monetaria y cambiaria está secuestrada por los técnicos monetaristas del Banco Central Europeo. Sería preciso un modelo bancario con criterios socialmente útiles. Sólo una banca pública, gobernada democráticamente, y por otras manos, podría garantizarlo. Es, en suma, cuestión de crédito, y qué o quién lo merece.

23/2/10

LA CRISIS ECONÓMICA ESPAÑOLA: ENTRE LA TIRANÍA DE LOS MERCADOS FINANCIEROS, EL DÉFICIT FISCAL, EL PARO, Y EL RECORTE DE LAS PENSIONES

Daniel Albarracín. Febrero de 2010.


Una versión más amplia y con gráficos de este artículo se publicará en francés en la Revista La Breche, de Suiza, próximamente. También aquí:

1. ¿Qué crisis?. ¡Una reestructuración del capitalismo mundial!.

Estamos ante una crisis mundial que trasciende y es también consecuencia del modelo civilizatorio dominante. Desde el análisis económico no es ningún accidente pasajero ni es exactamente comparable a otra crisis anterior. No se trata sólo de una crisis de liquidez, de confianza, ni un estrangulamiento coyuntural. Nos encontramos ante el fin de una onda larga en la que se están dirimiendo las condiciones para profundizar la crisis, inaugurar la remontada, o disputar el cambio del modelo socioeconómico.

En los años 70 la tasa de rentabilidad se vino abajo. La burguesía optó por confiar en una gestión neoliberal que impuso una nueva política económica que también tiene vigencia en España. En los años noventa, con esta política contra los y las trabajadoras, las tasas de rentabilidad se recuperaron notablemente, y temporalmente propició una prosperidad, si bien débil en relación a otros períodos, no sin acumular muchos desequilibrios internos.

¿Esto avalaba las tesis de los analistas que afirmaban la incorporación a una nueva onda larga expansiva?. Pues no parece que sea así. Coincidían una remontada de la tasa de beneficio del capital y una crisis de inversión industrial, desviándose capitales a dinámicas extravertidas –en otros países, en sectores no industriales-, y en estas condiciones se descarta una prosperidad general en espiral, que no impide afirmar que en países emergentes se estén presentando –con empresas transnacionales occidentales operando y beneficiándose del proceso- situaciones de firme y sostenida actividad que tampoco pueden analizarse con una aproximación regional y con los modelos de análisis clásicos.

Dentro de un diagnóstico económico deben identificarse diferentes niveles de desarrollo de la crisis. La crisis mundial arrancó en su plano desencadenante con la crisis inmobiliaria y el colapso de las hipotecas subprime. El factor dominante ha sido un fenómeno de endeudamiento extraordinario de Estados, familias y empresas. Como factores determinantes y singulares de esta crisis puede identificarse la relativización del papel de la rentabilidad para animar la acumulación, al menos en lo que concierne a los países “aventajados” –Europa occidental, EEUU y Japón-. Su causa parece encontrarse en la punción del excedente que detraen los mercados financieros, y en los que participan decididamente las grandes corporaciones transnacionales, alterando sus estrategias empresariales clásicas, y en la que se ha intensificado una “economía de la adquisición” (Carpintero, O.; 2004) que redunda en que una parte del excedente y los ahorros de los países emergentes se deriven al capital del centro.

La crisis de acumulación ha estado pautada por un estrangulamiento de la inversión, con la “retención”[1] de la tasa de beneficio como vector estimulador capitalista[2], y la reordenación caótica del mercado mundial, en la que es necesario mirar más allá de occidente. La acumulación se ha visto contraída en los países centrales merced a la extensión de estrategias privadas de desinversión y de reestructuración rentabilistas, de relocalización de grandes fases productivas en países emergentes y desvío de capitales hacia allí, combinadas con políticas de reforma del sector público (privatización o gestión privada y externalización de los servicios públicos) y de las relaciones laborales. Una política de ajuste permanente encaminada a aumentar las tasas de explotación.

En este contexto, gran parte del excedente se destina a los retornos exigidos por las corporaciones financieras globales, y así la reinversión productiva y la acumulación no pueden sostenerse al ritmo de anteriores décadas, al menos aquí. El capital también ha apostado por racionalizar sus actividades para concentrarse en aquellas más rentables, desdeñando las que lo eran menos. Y está mirando a países emergentes que comportan un escenario de acumulación muy distinto. España, a este respecto, ya no puede ni competir en bajos salarios, ante la irrupción de nuevos países (del este europeo, asiáticos, latinoamericanos…) que brindan un estructura de costes más barata, con mercados bajo la influencia de las grandes potencias y con segmentos de población laboral suficientemente cualificada.


2. ¿Cuál es la singularidad española en la crisis?.

2.1. Una semiperiferia en retroceso en el contexto internacional

Las crisis cobran curso en formaciones sociohistóricas concretas, con características propias. Para el caso español el factor contextual determinante es la condición semiperiférica estructural de la economía española. El sometimiento a las reglas del bloque de la UE (mercado y moneda única, Banco Central cuya política prioriza los intereses de los países centrales, Pacto de Estabilidad, etc…), perjudica a países como España, con menos poder industrial y de mercado, y situada en ciclos del capital auxiliares en el marco europeo. El ciclo de acumulación español acostumbra a ser asincrónico y tardío –siguiendo la inercia europea-, y de mayor intensidad (más favorable en el auge y desfavorable en la recesión). En cualquier caso, mientras siga atada a los compromisos de una UE neoliberal seguirá esta dinámica subalterna.

A este respecto, el discurso que apostaba por la inversión en I+D+i, a pesar de un gradual incremento en estos últimos años –achacables en lo que concierne al sector público más bien a fondos en forma de préstamos, más que al gasto real[3]), se ha encontrado con un cierre del grifo para el presupuesto de 2010, sobre todo para la financiación pública de la investigación, con lo que se dificulta cualquier salida de desarrollo endógeno de carácter industrial tecnológico que no sea testimonial en términos estructurales.

La necesidad de financiar una balanza de pagos muy negativa, el euro impidiendo cualquier ajuste del tipo de cambio, una política monetaria del BCE que responde a los intereses de países centrales, y con la ausencia de un régimen fiscal, laboral y de servicios públicos armonizados a escala europea, no hacen otra cosa que obstaculizar la salida de la subalterna economía española. Su peor posición negociadora[4] ante el mercado internacional, en consecuencia, ha ocasionado un sobrecoste añadido para financiar su desarrollo interno.


2.2. Una crisis de sobreproducción, también.

La economía española al igual que ha podido crecer más que el resto de países durante unos años, ahora la crisis es si cabe más adversa. El PIBpm, a fin de 2009 caía un -3,6%, según el gobierno, y es de los pocos países de la OCDE aún en recesión.

En España la inversión y la producción crecieron entre 1995 y 2007 por motivos particulares y coyunturales. El intenso modelo de crecimiento español se sostuvo bajo la extensión de un empleo de bajos costes, precariedad y derechos limitados, en el cuál se ha visto entrampada una gran mayoría de la juventud, las mujeres y, sobre todo, la inmigración, que se incorporó de manera sustancial en los últimos quince años en condiciones muy vulnerables.

La inversión privada se especializó y creció en la actividad constructora y en el turismo, en la que se daban circunstancias excepcionales para el negocio. Pero una vez el recorrido de estos mercados se agotó por sobreproducción y las expectativas de crecimiento se cerraron ocasionaron un efecto arrastre, añadido a los fundamentos de la crisis sistémica internacional, al resto de la economía, que ha intensificado los efectos depresivos. La crisis estructural coincide así con una crisis industrial periódica. En esta ocasión por saturación de mercados (por sobreproducción en la construcción[5] y automóvil; posteriormente por una caída del consumo en el comercio; y combinadas en el turismo, etc…)


Aquellas vetas de negocio representaron un refugio transitorio para el capital que huía de otros sectores con márgenes inciertos. Su magnitud supuso que la inversión en construcción residencial superase a la de cualquier otro tipo, a niveles extraordinarios sobre todo desde la segunda mitad de los 90 y hasta 2007. La construcción (con un 44,7% de índice de crecimiento entre 2000 y 2007)[6] ha sido el sector promotor del crecimiento, con efecto arrastre en actividades de servicios como la intermediación financiera (89,8%), las inmobiliarias (31%); otro sector que creció también fueron los correos y telecomunicaciones con un 33,5%. Esa inversión “refugio” en el sector de la construcción residencial albergaba flujos de capital que huían de las recurrentes crisis financieras y de la deuda externa internacional que amenazaban con impagos. Todo ello en un contexto de política monetaria expansiva con tipos de interés reales muy bajos; con la desregulación del sistema bancario que propició una concesión de crédito en extremo permisiva. La garantía para la banca, en España, era que los hipotecados en caso de impago daban como aval su vivienda –que se subasta- sin dejar de responsabilizarse de las deudas pendientes. La banca, así, se está convirtiendo en un gran propietario de inmuebles, y ya no sabe muy bien qué hacer con ellos. Por de pronto, el gobierno, en su última reforma fiscal ha creado una nueva figura –las SOCIMI- de sociedad inversora completamente desfiscalizada para movilizar capital hacia actividades inmobiliarias y fomentar el alquiler.

Pero, ¿Qué sucedió con el suelo y la vivienda en el anterior periodo de auge?:

· La ley liberalizadora del suelo de 1998 con el gobierno del Partido Popular supuso la mayor disposición de suelo, representado una oportunidad de financiación municipal; los ayuntamientos recalificaron el suelo para venderlo y financiar sus limitados y endeudados presupuestos;
· una cultura patrimonialista –posiblemente originada en el miedo a la carestía en la vejez por no esperar una pensión digna, también por la inercia de que se implantó el sistema de pensiones de manera tardía e insuficiente, y por la asunción de recortes futuros en este derecho por parte de mucha gente- que hace a la vivienda un valor de seguridad material;
· una gran demanda de una amplia generación en edad de emancipación (el baby boom) y un segmento de nueva inmigración con necesidades de encontrar vivienda;
· una ilusión falsa de especulación, que se ha demostrado sólo aprovechable por muy pocos durante esta década.
· y una red de corrupción clientelar muy extendida (recalificación ilegal, dinero negro, etc…), constituyeron, una gran oportunidad a “extorsionar”, a favor de un capital que encontró en España su Dorado.


Durante 1995-2007 la demanda se compensó por la amplia creación de empleo (de mala calidad), pero la moderación salarial y el desempleo han resultado definitivos. A la crisis de oferta y las contradicciones del modelo se le suma una crisis de demanda causada por la desinversión rentable, el desempleo, los salarios moderados, el endeudamiento generalizado y un consumo limitado por las hipotecas y por el ahorro bajo el “efecto precaución”. La crisis de demanda de larga duración vendría a explicar una nueva fase de inflación rampante –el 0,8% de IPC a fin de 2009, según el INE- que sólo impide la deflación, por el momento, por el efecto contrarrestante del encarecimiento de las materias primas en un país energéticamente dependiente.


2.3. Financiarización en España.

Al mismo tiempo, con una influencia de máxima relevancia, la desregulación del sistema financiero ha hecho posible iniciativas de alto riesgo. La industria financiera, para obtener masas de beneficio con bajos márgenes financieros, optó por conceder créditos de cualquier manera, al menos hasta el inicio de la crisis. Mientras tanto el Banco de España hacía dejación de ciertos controles, -coeficientes de cajas y reservas obligatorias-, siguiendo la tendencia, si bien con algunas medidas comparativamente con el entorno más prudentes[7]. Además, los gobiernos europeos apostaron por facilitar la movilidad del capital, por desfiscalizar, por no condicionar ni supervisar ciertas conductas, y por ser completamente permisivos con la presencia de espacios sin impuestos como son los paraísos fiscales que coartaban la eficacia de cualquier normativa reguladora, chantajeando así a los Estados para flexibilizar más cualquier condición al capital financiero.

El proceso de financiarización en España cobra toda la fuerza, pues la tiranía de los mercados financieros no acaba con una movilización rentable y altamente flexible del capital, orientados a la configuración de una nueva división internacional del trabajo. Su dinámica y prioridades de rentabilidad operan contra Estados de limitada dimensión que les hace ser débiles ante la presión de exigir mayores rendimientos por su capital, con márgenes de maniobra estrechos, en un contexto en el que los organismos internacionales y las instituciones continentales, como es la UE, sirven a los actores privilegiados por dichos mercados, en vez de contrarrestarlos. Cabe explicar la exacerbación de la situación crítica en los medios de comunicación internacionales de países como Grecia, Irlanda, Portugal y España, entre otros, por un movimiento orquestado por agentes financieros globales y que se traduce en la subvaloración de las agencias calificadoras, privadas, de la deuda pública a la que estaban recurriendo para financiar algunas actuaciones amortiguadoras de la crisis. Con ello, se corta de raíz cualquier espacio de autonomía de la política de los gobiernos y su condición democrática. Gobiernos que antes tenían margen cuando contaban con moneda propia y ahora no pueden ni devaluar. El déficit de balanza de pagos –la necesidad de financiación de la economía española frente al resto del mundo de la economía española a fin de 2009, según el gobierno, era del -4,9% del PIB-, el desequilibro de las cuentas públicas, y la imposibilidad de actuar con la más mínima independencia en materia de política económica, y el chantaje de no poder salir del euro ante el riesgo de aislamiento, la renuncia de la UE a ejercer política reguladora que merezca tal nombre en materia fiscal, laboral y financiera, o siquiera de concertación para emitir deuda pública conjunta basada en la solidaridad de diferentes Estados europeos, abocan a un disciplinamiento de la agenda política nacional.

En este caso esos agentes del capital financiero transnacional someten, y los gobiernos claudican, exigiendo un programa de austeridad neoliberal en las cuentas públicas de dimensiones históricamente formidables, así como de reformas laborales, modelos de negociación colectiva y revisión salarial, y en el sistema de pensiones. Todo para asegurarse que los retornos y tipos de interés de los títulos de deuda pública que compran sean lo más holgados posibles. Con esta situación se puede constatar que la Unión Europea no es más que una carcasa institucional inoperativa en el plano político para poner corsé a los abusos especulativos de los mercados financieros globales y su propia lógica. Y que, en suma, la democracia, que ya lo era de baja intensidad, se desdibuja completamente, haciendo a los gobiernos meros gestores de las políticas neoliberales que les dictan las sociedades de inversión y grandes transnacionales a través del “pie visible, con bota dura y firme” de los mercados financieros.

Puede decirse así, que la crisis española, introduce también así un factor externo añadido. En el concierto internacional, mediante este mecanismo, también se decide cómo se va a repercutir sus efectos entre clases y países. Y el pato, en el contexto europeo, pueden pagarlo principalmente las semiperiferias europeas –países mediterráneos, países del este-, en el que ahora España cobra un protagonismo mediático internacional deliberado.


Otro rasgo de esta dinámica se ha producido un repunte del peso de capital de las sociedades de inversión en nuestra economía, un actor emergido de la institucionalización y peso creciente de la financiarización. Estas nuevas sociedades (hedge fund, private equity, fondos de pensiones privados, fondos soberanos, etc….), cuyo propósito consiste en obtener rápida liquidez e ingresos para dar más “valor al accionista” (en forma de dividendos) o al “obligacionista” (mediante la devolución de réditos de préstamos concedidos), han impuesto pautas minimizadoras de costes y de adelgazamiento de capacidad productiva y de empleo en sus destinos de inversión. Inversiones coyunturales que exigen retornos muy por encima de la rentabilidad media del mercado y que han desnaturalizado y segmentado entidades productivas mediante externalización y subcontratación sucesivas (de las partes más arriesgadas o menos rentables de la actividad), venta de fragmentos de la empresa, recorte de empleos, intensificación de los ritmos de trabajo y extensión del tiempo de trabajo. O el mismo vaciamiento de contenido del activo empresarial mediante artificios de ingeniería financiera aprovechando la desregulación fiscal, societaria y mercantil. La financiarización ha tenido como actor más activo y destructivo a estas sociedades y fondos de inversión, que han gozado de privilegios fiscales excepcionales en España (un 1% de gravamen –las Sociedades de Inversión de Capital Variable, SICAV- frente al 30% del impuesto de sociedades de cualquier otra actividad). Esto ha erosionado la viabilidad de la producción más útil y de calidad e impide una dinámica de innovación o de mejora.

Así, el equilibrio de balance empresarial estaba sobre una cuerda floja para hacer frente a los flujos de devolución de los compromisos financieros adquiridos, y por eso los ingresos debían sostener cierta pauta. Una vez comenzaron a desacelerarse ciertos mercados, hasta ese momento en auge y locomotora de otras actividades, la solvencia de cada vez más empresas empezó a desmoronarse. Además, en el caso español el desequilibro intersectorial ha sido más que evidente, y el efecto arrastre sobre sectores auxiliares no se ha hecho esperar. Una vez se modera el vigor de la acumulación se han producido, por el apalancamiento financiero generalizado y sostenido en el tiempo, problemas en cadena. Bastaba un pequeño cambio de ritmo para que se abriese un círculo recesivo de cierres de empresas al límite y, en consecuencia, un deterioro de las condiciones, ratios y expectativas de beneficio. La sacudida primero se dio en la viabilidad de ciertos segmentos de la economía real para seguir con una crisis de demanda y el crecimiento de la morosidad, afectando al sector financiero, que había concedido crédito y creado “dinero bancario ficticio” de manera irresponsable.


2.4. La política del gobierno; entre el paréntesis del mercado y el rescate neoliberal.

El PSOE estuvo siguiendo una política socialiberal, corregida con elementos keynesianos menores. Una vez se ha comprobado la ineficacia de los primeros estímulos fiscales al consumo mediante desgravaciones fiscales diversas, o devoluciones en el Impuesto sobre la Renta, que ya ha retirado, el gobierno español puso en marcha medidas y movilizó recursos para el rescate y respaldo del capital para la banca y la automoción, principalmente. La modalidad suave de socialización de pérdidas (avales y compras de activos “no tóxicos” a la banca en dificultades, subvenciones a la industria del automóvil, e inyecciones de financiación para PYMEs a través del Instituto de Crédito Oficial) constata la orientación a favor del capital del gobierno. Mientras, la población ahora prefiere ahorrar y las empresas ajustar su actividad. También ha desarrollado una política de inversión municipal sin planificarse proyectos ordenados o que garanticen su utilidad o sus efectos multiplicadores. El paquete keynesiano, a favor de un déficit público contracíclico, ha finalizado. No tenía más vocación que un paréntesis temporal para restaurar el funcionamiento de los mercados (dominados por agentes económicos oligopólicos) y la rentabilidad.

El pasado ciclo de crecimiento rampante se ha interrumpido bruscamente. Los desequilibrios acumulados ahora se desenvuelven con fuerza. En este contexto, la caída de los ingresos fiscales por la recesión, el recorte de tipos en el impuesto de sociedades para las PYMES –acompañado de un incremento en los tipos en el IVA (un impuesto contradistributivo)-, la política de salvamento al capital privado, y una desorientada política de inversión local (Plan E), ha elevado el déficit público extraordinariamente en muy poco tiempo –la necesidad de financiación del sector público ascienda a fin de 2009 al -11,4% del PIB, según el Ministerio de Economía y Hacienda-, cuando en 2007 había un significativo superávit.

El régimen fiscal se ha modificado muy ligeramente, aumentado la composición de la imposición indirecta, y se han eliminado impuestos tan significativos como el de Patrimonio. La recesión ha reducido formidablemente la recaudación, y nos encontramos en una presión fiscal en mínimos (en torno al 30% del PIB)[8].

El Estado se ha desangrado salvando a los principales responsables de la crisis y, ahora con una formidable crisis fiscal, trata de financiarse emitiendo deuda pública. La crisis fiscal es un problema de primer orden en la agenda política. El déficit público se ha disparado. Ante la crisis ha apostado por transferir el problema de la banca –que además es un agente directamente responsable que ha causado la situación-, y de otros sectores que constituyen grupos de presión (automóvil, por ejemplo) a las cuentas públicas. Y pretende que sufraguen ese esfuerzo los y las trabajadoras, deteriorando los servicios públicos y atacando las condiciones laborales y las políticas sociales. No hay previsión de aumentar los impuestos a las rentas más altas ni a los propietarios del capital, ni de realizar un ejercicio real de regulación del sistema financiero.

El recurso a la deuda pública para financiar el gasto público se encuentra con un mercado que, al inundarse de títulos de esta naturaleza y devaluarse el valor de estos, exige aumentos de los intereses para adquirirla. El presupuesto público para 2010 da buena prueba del regreso a una austeridad para intentar resituarse en tres años dentro de los límites del Pacto de Estabilidad. Naturalmente, este programa gubernamental no es creíble, por su intensidad y sus plazos, por las propias inercias del presupuesto y muchos compromisos difíciles de remover, pero supone una tendencia de recorte y una señal a los mercados financieros para ganar su confianza.

No obstante, es preciso dimensionar esta cuestión, el porcentaje de deuda pública en España, con la que ha financiado sus (irregulares y desorientados) planes de contención de la crisis, a pesar de que se han incrementado velozmente (en 2008 estaba en el 39,7%), porque aún tiene niveles saneados (el 55,2%del PIB a fin de 2009, según el Ministerio de Economía y Hacienda, aunque algunos datos no oficiales ya apuntan el 74%), y aún encareciéndose el recurso a financiarse por esta vía no debe contemplarse como una catástrofe, aunque desde luego sí detraerá recursos, y, además, supone una presión directa al incremento de los tipos de interés.


Inmediatamente el gobierno está girando su línea presupuestaria hacia una severa austeridad, cuando hace muy poco planeaba una política tímidamente expansiva. Ahora con la presidencia española de la UE el gobierno se compromete a reducir el déficit público hasta el “mitificado” 3% para cumplir el Pacto de Estabilidad y así mostrarse como gobierno ejemplar. Puede que se trate de una respuesta política “europeista”, pero también obedece a la presión de los mercados financieros y la especulación ejercida sobre la enorme deuda pública emitida por diversos países europeos en dificultades, entre ellos España. Consiguientemente el gobierno ha diseñado con carácter improvisado[10] un presupuesto público con 50.000 millones de euros menos en sólo cuatro años, y un recorte en la emisión de deuda pública.

Para “dar confianza a los mercados” ha anunciado una propuesta de reforma de retraso de la edad de jubilación a los 67 años y una ampliación de los años mínimos a cotizar para alcanzar una prestación contributiva (de 15 a 17), y de los años sobre los que calcular el cómputo de la base reguladora de la pensión (ahora está en 15), lo que supondrá un endurecimiento al acceso a la pensión y un recorte significativo de la pensión media.

En cuanto a la regulación laboral, el modelo laboral flexible ha sido norma después de la imposición gubernamental de reformas laborales flexibilizadoras de 1994 y, con pacto sindical, de 1997, para abaratar el despido. Se creció mucho entre 1995 y 2007, y se creó empleo sin preguntarse qué tipo de empleo. Al tiempo, se desarrolló una subordinación del derecho laboral respecto al mercantil muy peligrosa (ETTs, ley concursal, subcontratas, etc…).

A comienzos de 2009 se realizó una pequeña reforma del mercado de trabajo que erosionará los ingresos de la Seguridad Social con medidas, entre otras, como la conversión de la prestación de desempleo en bonificaciones en la cuota. No solamente será ineficaz para crear empleo, sino que simplemente engrosaría el excedente empresarial a costa de un salario indirecto y discriminaría a los parados de larga duración que ya no perciben prestación. Por otro lado, la medida de incentivación del empleo a tiempo parcial tendrá la consecuencia de reducir las cuotas a la seguridad social de esta figura contractual, y es una invitación a un amplio efecto sustitución del empleo a tiempo completo por éste, seguramente con un gran efecto sobre las mujeres en sectores como servicios personales, hostelería y comercio, entre otros. También se traducirá en una reducción de ingresos salariales, un incentivo al aumento de la economía irregular (las personas para llegar a fin de mes estarán dispuestas a trabajar horas extras), y en una ficción estadística en la minoración de la tasa de desempleo. El resto de medidas harían recaer todo su peso sobre los fondos de la Seguridad Social, o en líneas de crédito ICO que son nuevamente una subvención estatal hacia el capital. Puede decirse, que si quiebra algún día la Seguridad Social se deberá a que el Estado está más dispuesto a respaldar la irresponsabilidad del sistema financiero privado que a sostener mecanismos de solidaridad. Buena prueba de ello es la anunciada reforma de las pensiones, que ha desenmascarado por completo al gobierno del PSOE.

Ahora también el gobierno marca la agenda de una nueva reforma laboral pautada por el abaratamiento del despido (o la generalización del contrato indefinido barato de indemnización de 33 días por año trabajado), bonificaciones a la contratación juvenil, fomento del contrato parcial, y quizá encarecimiento y mayor control de la contratación temporal, como único elemento de contrapeso. Su perfil definitivo ha comenzado a negociarse por patronal y sindicatos.

Mientras tanto la tasa de paro se ha disparado al 18,8%, IV Trimestre de 2009, EPA-INE, con más de 4.300.000 personas paradas, cuando en el II Trimestre de 2007 estaba apenas en el 7,95%. Esto ha sido posible por un modelo de flexibilidad laboral que había generalizado la vulnerabilidad y desprotección, con despido fácil y barato. El severo ajuste del empleo ha golpeado sobre los eventuales –sobre todo juventud, inmigración y mujeres-. Así, con esto, la tasa de temporalidad desciende en torno al 25% -una cifra altísima para Europa, pero que en apenas dos años ha caído 8 puntos-. Se da el efecto doble al atemorizar y disciplinar las pretensiones de toda la clase trabajadora, que ahora acepta más intensificación y desregulación del trabajo y mayores contenciones salariales.

En suma, la alta destrucción de empleo –propiciada por este modelo laboral flexible- y la moderación salarial, con efectos importantes en el consumo; la saturación de ciertos sectores como la construcción y el mercado inmobiliario; y la falta de políticas de inversión pública en sectores estratégicos y endógenos de futuro, que redujesen la dependencia tecnológica y económica del exterior y de los mercados internacionales, explican también la intensidad comparada de la crisis en España.


3. Un diálogo social en tensión.


En 2009, la patronal ni siquiera aceptó acuerdos y bloqueó en 2009 una parte de los convenios, sólo desbloqueados tras un repunte de la conflictividad. La presión patronal ha aumentado para exigir pautas de recorte salarial, culpabilizando a los salarios injusta e injustificadamente de la crisis, o plantear modalidades contractuales –el llamado “contrato único”- que entrañan recortes en las indemnizaciones por despido –con indemnización creciente en función de la antigüedad, pero que en la práctica supondría un recorte sustancial del coste del despido para los indefinidos-.

Los sindicatos habían exigido desbloquear los convenios y para ello realizaron una importante movilización general el pasado 12 de Diciembre de 2009, con gran éxito de convocatoria en Madrid, pero sin más pretensiones que reestablecer el diálogo social y hacer oír algunos planteamientos que no rebasan más expectativas que un programa keynesiano y la apuesta por la protección social de los y las desempleadas, o la propuesta del poder combinar reducciones de jornada y salario combinables con la obtención de prestaciones de desempleo. Esta última medida ha sido bien acogida por el gobierno.

El 8 de Febrero de 2010 sindicatos y patronal, tras una tensa mesa de negociación, pactan una revisión salarial de hasta el 1% para 2010, entre el 1-2% para 2011 si se sale de la recesión, y entre el 1,5-2,5% para el 2012. Y el gobierno establece el marco para una reforma laboral basada en el abaratamiento del despido del contrato indefinido y el encarecimiento de la indemnización del despido del temporal.

CEOE sigue con su postura intransigente y provocadora en otros capítulos de negociación (estructura negociación colectiva, flexibilidad de la movilidad geográfica y funcional, desregulación de la opción de modificación sustancial de las condiciones de trabajo, etc…) y, tras embarrancar el diálogo entre sindicatos y patronal por este motivo, el gobierno ha irrumpido con una propuesta de recorte radical de las pensiones que está poniendo en gran tensión al país. Los sindicatos mayoritarios, no plantean una huelga general ante tamaña agresión, sino un reguero de manifestaciones en diversas ciudades contra el recorte de las pensiones, al tiempo que sobre la reforma laboral recientemente planteada no se han opuesto antes de ponerse a negociar.

4. Algunas reflexiones finales

El panorama no nos ofrece un panorama halagüeño, y, de seguir así, sus consecuencias serán duras y duraderas. Sólo una acción unitaria anticapitalista que plantee una alternativa rupturista hará posible un cambio. De otro modo, la prospectiva se presenta pesimista.

Para poder enfrentar con mínima eficacia y credibilidad esta crisis debemos poner en la agenda de discusión los procesos determinantes –crisis de sobreproducción, de realización y de la propia relación salarial- y dominantes de la misma –financiarización-, y poner en cuestión las reglas de juego capitalistas. Al menos, para dar una respuesta seria y progresista básica, hay que hablar de implantar una regulación, bajo control público y social que gobierne los mercados y sistemas financieros; unas políticas de inversión, servicio y empleo público; una reforma laboral a la ofensiva y garantista de derechos, a poder ser a escala internacional; un régimen fiscal, a poder ser concertado y armonizado a escala supranacional; y el desarrollo de un paradigma de intervención democrática a escala internacional, emprendida por los y las trabajadoras.

En España, el conflicto resultará de las contradicciones más maduras y posiblemente estarán vinculadas a la crisis de la vivienda, el desempleo, y la carestía de la vida de la propia condición social del salariado, y posiblemente el chivo expiatorio de la inmigración. Y ya, por de pronto, es posible una gran confrontación por la cuestión de las pensiones y de las condiciones de empleo en disputa. Es tarea de los anticapitalistas hacer comprender las bases estructurales que causan estas crisis y conflictos y tratar de transformarlas superar este sistema, comenzando por enfrentar la crisis de subjetividad antagonista que impide, de momento, el despliegue de cualquier paradigma alternativo.


[1] Álvarez Peralta, Ignacio (2007) “Financiarización, Nuevas Estrategias Empresariales y Dinámica Salarial. El caso de Francia entre 1980-2006” Universidad Complutense de Madrid. Septiembre de 2007
[2] Aunque, como ya ha demostrado Anwar Shaik, la acumulación no empieza a debilitarse tras que la tasa de rentabilidad no se viene acompañada de una caída de la masa de beneficios, con lo que una caída de la tasa no se traduce en recesión inmediatamente. http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/
[3] CCOO “Análisis de los Presupuestos Generales del Estado 2010 en Investigación, Desarrollo e Innovación: recorte al sector público”. Cuadernos de Información sindical, núm 7.
[4] Si bien resulta abstracto hablar de “economía española” cuando los agentes privados dominantes son heterogéneos, y cuando gran parte del capital es transnacional.
[5] El parque de viviendas, según nos informa el economista Diego Fernández Palomero, ha aumentado a una tasa anual media del 2,7 por ciento, pasando de 18,3 millones en 1995 a 25,1 millones en 2007 y siguió creciendo en 2008 y 2009 puesto que se estaban terminando las contratadas antes de la crisis. Entre 2006 y 2008, según el economista Guillermo de la Dehesa, la inversión en vivienda ha caído del 9,4 por ciento del PIB al 7,2 por ciento y la inversión en construcción ha descendido del 18%del PIB al 15,6 por ciento.
[6] Valor añadido bruto a precios básicos: índices de volumen encadenados, referencia año 2000 = 100, Fuente: Contabilidad Nacional de España.
[7] A este respecto, según advierte Fernández-Palomero, “el Banco de España previendo que después de la entrada en el euro y el pequeño peso español en la fijación del tipo de interés de la zona euro, obligó a que bancos y cajas hicieran provisiones genéricas contracíclicas con las que dotarse cada vez que daban un préstamo, en lugar a esperar a dotarlas cada vez que se produjeran morosos o fallidos. Con lo que los bancos se han encontrado con un colchón de unos 35.000 millones… Ahora bien, la mayor parte del endeudamiento del sector privado de empresas y familias españolas había sido financiado por la banca, que a su vez se refinanciaba en euros en los mercados extranjeros, tanto con cédulas hipotecarias como con deuda Senior y otros. Cuando llego la crisis, no sólo se cerró el mercado de papel comercial con garantía de títulos cuyo subyacente eran hipotecas subprime, sino también los de las cedulas hipotecarias que no tenían nada que ver con las anteriores ya que dichas hipotecas eran las mejores y además se mantenían en el balance del banco que las emitía, por lo cual tenia que hacer frente a su riesgo. En ese momento el pánico hizo que los inversores no distinguieran el riesgo entre unos y otros. .. los mercados financieros se “renacionalizaron” de nuevo… A pesar de que bancos y cajas españoles han sido mas prudentes que los demás países de la OCDE a excepción de Canadá, también están sufriendo las consecuencias sistémicas de la crisis financiera y de financiarse en los mercados mayoristas. De ahí que tuvieran que acudir a atraer depósitos pagando tipos de interés muy elevados y tuvieran que acudir al interbancario y a los préstamos del Eurosistema, que se incrementaron en un 20 por ciento respecto a 200, llegando su posición neta deudora hasta el 8,4% del activo total, y dentro de ella la del eurosistema al 1,8% de su activo. Además los activos dudosos se incrementaron desde el 0,9% del total en 2008 al 3,4% del total en 2008. De ahí que su ratio de cobertura (provisiones sobre dudosos) cayera del 183 por ciento solo el 1%, con lo que sus beneficios cayeron un 25%, pero su rentabilidad sobre recursos propios se mantuvo ligeramente por encima del 10 por ciento. Estas cifras son mejores que en los países centrales de la UE y que las de Estados Unidos. Por estas razones en España solo ha habido, hasta octubre 2009, la quiebra de una caja, cuyos activos representaban solo el 0,5 por ciento de los del sistema…”.
[8] En septiembre 2009 se decide incrementar IVA, pero también la imposición sobre las rentas del ahorro para importes mayores a los 6000 euros, pero con efectos globales netamente regresivos.
[9] http://krugman.blogs.nytimes.com/2010/02/05/the-spanish-tragedy
[10] Según se sigue del documento del gobierno “Actualización del Programa de Estabilidad 2009-2013. España”.