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16/11/18

Tesis para una propuesta internacionalista y de emancipación de las soberanías populares: 4) Crisis del Establishment y Movimientos Antisistémicos


4.   CRÍSIS DEL ESTABLISHMENT Y MOVIMIENTOS ANTISISTÉMICOS.

Daniel Albarracín
 https://vientosur.info/spip.php?article14344

Perry Anderson, el gigante intelectual e historiador británico de la prestigiosa New Left Review,  ha venido observando en los últimos años, la formación de nuevos movimientos antisistémicos. Los regímenes neoliberales modernos, apoyados en su lado izquierda y derecho en el arco político que representa al establishment, estaría quebrando las promesas ofrecidas durante tiempo hasta límites insoportables, dando lugar a una contestación creciente antiestablishment de diferente signo, y forma polarizada. En este sentido, Anderson señala esta tendencia más como una debilidad de los regímenes neoliberales, y arrojarían a la derecha extrema a cuestionar pilares consagrados durante tiempo, hasta el punto de, con el objeto de ganar hegemonía, incluir en su agenda de medidas y movilizaciones, puntos rupturistas, ahora bien, guiados por un propósito reaccionario. Esta lectura, suscita un debate, en virtud del cual las fuerzas transformadoras no debieran recelar en coincidir en las iniciativas de ruptura, cuando fuesen progresivas, mejor aún si es por iniciativa propia, y no soslayarlas simplemente por la repulsa de quienes la levantan. Más bien al contrario, debiera valorarse como una oportunidad para empujar con un sentido emancipador dichas medidas lo más lejos posible, sin por ello conceder legitimidad a movimientos contrasistémicos de signo contrario, sin miedo a disputarles la hegemonía y el sentido de las iniciativas políticas, siempre y cuando se aborde desde la independencia política y la apertura al empoderamiento popular de las mayorías.

El establishment, o El extremo centro(2016), término acuñado por Tariq Ali, trataría de reconstituirse agrupando a las viejas fuerzas de los regímenes en grandes coaliciones o nuevos partidos refundados que reúnen los restos del naufragio de las viejas formaciones políticas. Esta tendencia se estaría consagrando con el fenómeno simbolizado por el macronismo en Francia. Otras dinámicas análogas  han dado pie a alianzas antaño impensables entre los partidos de la izquierda y derecha que sostenían un mismo régimen, revelando los consensos básicos y desnudando su ignominia.


El establishment perseguiría ahora descalificar a sus opositores, caracterizándolos como populismos, necesitado de una polarización discursiva que les devuelva a una hegemonía ya irrecuperable. Sin embargo, esas expresiones políticas, que cobra día a día más peso, no son otra cosa más que el síntoma de un tipo de régimen político, el del neoliberalismo de Estado soportado en democracias formales, que está en decadencia.

A este respecto, debe identificarse los enemigos apropiadamente. Es el establishment y su política neoliberal, el causante de las condiciones de deterioro de la vida de las mayorías, pero también sus políticas las que abonan el terreno a la derecha extrema. Por este motivo, nuestra política debe enfrentarse en primer lugar contra el extremo centro, aprovechar las divisiones internas de las élites, golpear a favor de las medidas favorables a las clases trabajadoras. También mantenerse no sólo independiente sino, cuando sea preciso, hostil a cualquier ascenso del autoritarismo, que puede venir igualmente del extremo centro o la derecha extrema. Ya que, aunque discrepen hoy, en su proyecto final tendrán mucho más en común de lo que pretenden aparentar.

Desde nuestro punto de vista, esta reflexión nos conduce a algo bien alejado a las viejísimas tesis que sostenían que el poder político se asalta meramente desde las elecciones, y para ganarlas es preciso ocupar el centro político mediante instrumentos de mercadotecnia electoral y comunicación política. Ni que decir tiene que para ocupar el centro del tablero político (algo que no puede confundirse con el centro), exige reconocer las tendencias materiales de la sociedad bajo su modelo socioeconómico concreto, y plantear los desafíos reales para la formación de una subjetividad antagonista y emancipadora que se precie digna de tal empresa. Una hegemonía y subjetividad que sólo cobrará realidad material si se ponen en pie organizaciones sociales, sindicatos y movimientos sociales críticos, medios de comunicación alternativos, y no sólo expresiones partidarias, aunque también. Aclarar que nuestra política está del lado de las mayorías, que se enfrenta a todo bloque liberal y autoritario, en sus diferentes formatos. Esto resulta clave para no dejarse arrastrar por nuevas suertes de frentepopulismo[1]. Al contrario, mientras se construye un bloque histórico para una nueva hegemonía social, hay que adoptar una política de Frente Único[2] con aquellas fuerzas que empujen determinadas medidas emancipadoras, con plena independencia de clase y sin subordinación, sin miedo a apoyar, a criticar u oponerse cuando la ocasión lo merezca.




[1] El frentepopulismo, en la historia de España, en los años 30, adopta una forma política que en el bloque antifascista, influido por la política de la URSS de aquel momento, incluía a fragmentos de la burguesía favorable a la democracia formal, y que renunciaba explícitamente a conquistas mayores al marcar etapas diferencias de la lucha política, hasta el punto de conducir a la represión interna de aquellos grupos que querían ir más lejos, sin comprender que para, por ejemplo, ganar la guerra y la democracia, eran precisas aspiraciones y esfuerzos revolucionarios, y que ganar la guerra y hacer la revolución era un tándem necesario.
[2] Esta política de frente único implicaba una estrategia de apoyo a los grupos de la sociedad comprometida en medidas progresistas, y apoyarles sinceramente en tanto defiendan esas medidas, frente al enemigo de clase claramente comprometido con la liquidación de sus opositores, pero sin renunciar a ningún proyecto propio, y por tanto desplegar sus iniciativas con plena independencia. Esto puede conducir a defender unitariamente determinadas medidas de la socialdemocracia, e incluso la defensa física de sus miembros amenazados, al mismo tiempo que el distanciamiento y oposición crítica de aquellos puntos en los que se esté disconforme.

6/2/17

El tormentoso debut de Trump (Claudio Katz)



Claudio Katz[1]

RESUMEN

Trump impulsa un proyecto reaccionario que no se clarifica indagando el populismo. Promueve un giro autoritario con sostén para-institucional para favorecer a los capitalistas. La inédita resistencia en las calles reflota tradiciones rebeldes y acota su margen de acción.
En la estratégica pulseada con China pretende renegociar tratados sin retornar al viejo proteccionismo. La agresión a México es una advertencia a los grandes competidores y el maltrato a los inmigrantes anticipa una fase de neoliberalismo xenófobo.
El componente keynesiano de Trump no atenúa su carácter regresivo. El ascenso del magnate potencia el belicismo y enlaza la crisis europea con el devenir estadounidense. El impacto sobre América Latina es mayúsculo.



Trump confirmó en sus primeros días que es un mandatario reaccionario con múltiples planes de atropellos. Mientras crece la resistencia callejera, la viabilidad de su agresión es una incógnita. Pero en cualquier caso, una acertada caracterización de su proyecto vale más que incontables vaticinios.

UNA AGENDA VIRULENTA

Las órdenes ejecutivas que firmó el magnate ilustran sus propósitos trogloditas. Ratificó la construcción del muro a cargo de México, puso en marcha la expulsión de indocumentados, anuló el visado para varios países árabes, anunció la quita de subsidios federales a las ciudades que protejan inmigrantes, inició la liquidación del seguro de salud (Obamacare) y congeló la contratación de empleados estatales.
            Su gabinete de generales y multimillonarios incluye expertos en destruir la educación pública (Betsy DeVos), vaciar el sistema sanitario (Tom Price), liquidar el ambientalismo (Scott Prui) y congelar el salario mínimo (Andy Puzder). Su vicepresidente (Mike Spence) lidera las campañas de penalización del aborto y sus principales funcionarios son declarados anti-islamistas (Michael Flynn) o pregoneros del suprematismo blanco (Bannon).
            Como el exponente del lobby petrolero (Tillerson) ya rehabilitó la construcción de oleoductos contaminantes, es posible un debut represivo contra los pobladores que resisten en Dakota, esos devastadores emprendimientos.
La predisposición de Trump por el garrote se verificó en su justificación de la tortura. Garantizó protección total a las actividades de la CIA y subió el tono de los insultos contra la prensa por su cobertura de las manifestaciones opositoras. Con una fábula sobre los sufragios fraudulentos, prepara algún mecanismo de disuasión del registro de votantes.

9/9/16

El sueño neoliberal engendra monstruos. (Jesús Albarracín y Pedro Montes, 1992).


En la tesitura de un proceso de cambio en la UE irreversible, creemos que puede ser de interés hacer una mirada atrás a los orígenes de su diseño actual. En esta ocasión compartimos con ustedes un artículo de Jesús Albarracín y Pedro Montes del año 1992 que examinaba las condiciones y consecuencias económicas y sociales del Tratado Maastricht.


Se trata de un trabajo de recuperación facilitado por Juan Solana, al que agradecemos habernos encontrado este material.

El artículo se denomina, 
"El sueño neoliberal engendra monstruos" y puede encontrarse aquí.


9/6/16

Tasa de ganancia y neoliberalismo (Alejandro Nadal)

Alejandro Nadal 01/06/2016

En su evolución, las economías capitalistas siempre han mostrado que su necesidad de crecer es acompañada por periodos de crisis y estancamiento. Esta es la historia del capital: que las mismas fuerzas que impulsan su desarrollo son las que conllevan un ingrediente de inestabilidad y crisis. Y la era moderna no es ninguna excepción.
El surgimiento del neoliberalismo no es el resultado del triunfo del capitalismo, como siempre se le ha presentado, sobre todo a partir del colapso de la Unión Soviética. En realidad la historia es muy diferente. El neoliberalismo es la respuesta a un gran fracaso de dimensiones históricas, a saber la incapacidad del capital para mantener tasas de ganancia adecuadas.
La economía estadunidense proporciona un excelente caso de estudio de laboratorio. Otras economías capitalistas siguen trayectorias similares. Los tiempos y magnitudes varían, pero en esencia estamos hablando de un proceso general. En Estados Unidos el capital comenzó a percatarse a finales de la década de 1960 que la tasa de ganancia ya no era lo que había sido en las dos décadas anteriores. Al tomar conciencia de este hecho el primer reflejo del capital fue el que siempre le acompaña: buscó por todos los medios a su alcance aumentar la tasa de explotación de la fuerza de trabajo. El pacto social que había mantenido mejores prestaciones salariales y sociales para la clase trabajadora y que había nacido a raíz de la Gran Depresión comenzó a ser percibido como un estorbo por la clase capitalista.
En la década de 1970 la clase capitalista comienza a desplegar una vigorosa campaña para desmantelar poco a poco ese paquete social que perduró durante la primera fase de la posguerra. El primer paso fue desencadenar una ofensiva en contra de todo lo que fuera sindicatos y oliera a organizaciones relacionadas con negociaciones salariales. El resultado es que a partir de 1973 comienza en Estados Unidos un periodo de estancamiento del salario real. Pero no tardó muchos años la clase capitalista en darse cuenta que se requería algo más.
El capital necesita expandirse constantemente. Es por así decirlo, su esencia y para lograrlo utiliza dos caminos importantes (no son los únicos). El primero consiste en eliminar las restricciones institucionales que frenan su expansión. La desregulación en todos los ámbitos, pero sobre todo en lo que concierne a la circulación del capital, fue una de las primeras prioridades en los años de 1970. El colapso del sistema de Bretton Woods abría nuevas esferas de rentabilidad, pero para aprovecharlas era necesario eliminar los obstáculos a la circulación del capital. Entre 1973 y 1995 se desencadena un gigantesco proceso para desregular la cuenta de capital de la balanza de pagos en casi todos los países del mundo.
El segundo camino consiste en ocupar los espacios de rentabilidad que anteriormente habían sido ocupados por otro tipo de arreglos institucionales. Con la privatización el capital privado irrumpió en el ámbito de todo tipo de actividades que anteriormente habían sido responsabilidad de instituciones públicas. Privatizar y desregular fueron los dos grandes arietes con los cuales el capital emprendió la ofensiva contra el antiguo pacto social heredado de la Gran Depresión.
El neoliberalismo pudo restablecer niveles más aceptables (desde la perspectiva del capital) de la tasa de ganancia. Esto es claro en las diversas mediciones sobre tasas de remuneración al capital: la caída que se registra desde 1966 se mantiene hasta los años 1980, pero se recupera entre 1984-1997. La tasa de ganancia crece 19 por ciento entre 1982 y 1997 y alcanza su punto más alto en varias décadas hacia finales del milenio. Diversos factores explican esta evolución en la tasa de ganancia, pero destacan tres: la mayor explotación de la fuerza de trabajo en Estados Unidos, la ampliación de las relaciones de explotación de otros componentes de la fuerza de trabajo a escala mundial mediante la globalización y, por supuesto, la canalización de las inversiones hacia sectores improductivos (especulación y desarrollo de bienes raíces).
Pero las fiestas no duran para siempre. A partir de 1998 la tasa de ganancia comienza a erosionarse nuevamente: en los diez años que van de 1998 a 2008 se reduce 6 por ciento. La canalización de inversiones hacia la especulación inmobiliaria y en el sector financiero puede maquillar la caída en la tasa de ganancia, pero no la puede detener. Los episodios de inflación en el precio de las acciones de las empresas de alta tecnología y después en la esfera inmobiliaria acabaron por llevar a los estallidos (y recesiones) de 2000 y ahora de 2007. La súper crisis que sufre la economía mundial el día de hoy es resultado directo de esta serie de mutaciones en las formas de acumulación de capital bajo el neoliberalismo en su afán por contrarrestar la caída en la tasa de ganancia. Desde esta perspectiva, las explicaciones de la crisis en términos de deficiencia de la demanda agregada se quedan en la superficie.
Economista, es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.
Fuente:
La jornada 1 de junio 2016

25/2/16

Capitalismo, Neoliberalismo y Plan B (entrevista a Sergi Cutillas y Daniel Albarracín)

La Radio Municipal de Terrassa emitió un programa conducido por Josep Cabayol y Siscu Baiges Planas, en la que se entrevista a Sergi Cutillas y Daniel Albarracín, ambos miembros del Truth Committee on the Greek Public Debt, sobre las instituciones europeas y sobre las alternativas contempladas en las pasadas jornadas sobre el Plan B, o los planes B posibles para superar el neoliberalismo realmente existente. En particular, se explica la estrategia de desobediencia y de construcción internacionalista alternativa que es posible desarrollar para sortear o superar el modelo en vigor.


Puede seguirse aquí la entrevista.

11/5/14

MUTACIONES DEL CAPITALISMO EN LA ETAPA NEOLIBERAL III. Controversias (Claudio Katz)


                                                                                                                                            
Claudio Katz[1]
            Las características de la crisis reciente se explican por las transformaciones ocurridas durante la etapa neoliberal de las últimas tres décadas. Ese período comenzó con el Thatcherismo, se reforzó con el desplome de la URSS y persiste en la actualidad atropellando las conquistas sociales.
Mediante privatizaciones, apertura comercial y flexibilización laboral el neoliberalismo modificó el funcionamiento del capitalismo. Amplió el radio sectorial y territorial de la acumulación, sometiendo nuevas actividades (educación, salud, jubilaciones) y espacios geográficos (ex países socialistas) al reinado del lucro. Ha incentivado formas de consumo más segmentadas y modalidades de producción flexible, que potencian el desempleo, la feminización del trabajo y la polarización de las calificaciones.
El modelo actual se apoya en el repliegue de los sindicatos y en el reflujo de las ideas anticapitalistas. Propicia una competencia global basada en aumentos de la productividad desgajados del salario. Ha facilitado la recomposición de la tasa de ganancia incrementando la explotación de los trabajadores.
Las grandes empresas aprovechan las diferencias internacionales de sueldos para ampliar sus beneficios. Emigran hacia los países que ofrecen mayor baratura salarial -o utilizan la amenaza de ese traslado- para acentuar el control patronal del proceso de trabajo. Esta orientación confirma que las ganancias provienen de la extracción de plusvalía y que no se avecina el “fin del trabajo”, teorizado por tantos autores.
El neoliberalismo acentuó la precarización de todas las categorías profesionales, creando un duro escenario de informalidad laboral. El aumento de la desigualdad social es una consecuencia de esta regresión.

17/5/12

Deuda, Banca y Recortes (Bibiana Medialdea)

Publicado en Anuario 2012. Fundación Primero de Mayo.
Bibiana Medialdea, profesora de Economía Aplicada de la UCM y miembro del Consejo Asesor de VientoSur 


No por más veces repetido pierde gravedad: estamos asistiendo a un recorte histórico -de los que se estudiarán en los libros de historia- de los derechos económicos y sociales de la clase trabajadora. Buena parte de este retroceso se materializa en el desmantelamiento acelerado de nuestro precario Estado del bienestar. Aunque las medidas son múltiples, quizás el recorte de aproximadamente un 20% en el presupuesto de los ministerios para 2012 es la que de forma más gráfica sintetiza la magnitud del retroceso: el impacto sobre un Estado del bienestar que nunca llegó a alcanzar un grado de desarrollo pleno, en el sentido de al menos comparable con el de países europeos con niveles de renta equiparables, es brutal.

13/4/12

La disputa keynesianos-neoclásicos y Obama-Bruselas ¿un espejismo?

Daniel Albarracín

En francés aquí

Le mirage de la dispute des keynésiens contre les néoclassiques, ou Obama versus Bruxelles

Enlace a Sin Permiso aquí.

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En los últimos tiempos se nos presenta un debate entre los economistas ortodoxos de las corrientes keynesianas y neoclásicas, que a veces se trata de ejemplificar en las formas en que EEUU y la UE están afrontando la crisis. Unos apuestan por un supuesto keynesianismo comprometido con el estímulo y otros, los neoclásicos, con la austeridad. Pero, detrás de esta disyuntiva, ¿hay realmente una confrontación o se está mostrando confusamente lo que son dos rasgos complementarios de una misma política neoliberal?.