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18/11/18

Tesis para una propuesta internacionalista y de emancipación de las soberanías populares: 5) Sobre las Migraciones


5.   SOBRE LAS MIGRACIONES

 Daniel Albarracín
https://vientosur.info/spip.php?article14344
Un capítulo específico en el debate europeo es el que ocupa el de las migraciones. Es aquí donde se reúnen con más crudeza un conjunto de fantasmas y estereotipos, promovidos por las élites de cara a infundir un miedo que sirva, al mismo tiempo, para distraer la atención de los problemas principales, como para justificar, por el ejemplo, la agenda securitaria de la Unión y de algunos Estados Miembros, que responde tanto a razones geoestratégicas, de negocio, como de control social interno autoritario.

Es preciso recordar que los flujos migratorios internacionales han sido estables desde hace mucho tiempo, y sólo en los últimos años ha crecido ligeramente, representando en torno al 3,3% a escala mundial[1].Sólo un 7,5% de la población que reside en la UE es extranjera (Eurostat 2017), contradiciendo la percepción dominante de una presencia mucho mayor. A pesar de los desequilibrios internacionales, y salvo el periodo de huida de refugiados y asilados causado en la guerra de Siria, la llegada a Europa de personas de fuera no ha dejado de disminuir de manera muy sensible en los últimos tres años. Las barreras económicas, geográficas, legales y culturales lo dificultan. Si se ha producido crisis humanitarias se debe a la política de control de fronteras de la Unión Europea y de determinados países, interesados en generar una situación de caos y escarnio, que muestren hacia fuera la necesidad de ser seleccionados como fuerza de trabajo rentablepara ser admitidos por formas legales; y hacia dentro para señalar una imagen de carestía y rivalidad por recursos escasos que amenace a los autóctonos y los discipline, señalando así un enemigo exterior.

Conviene señalar que la Unión Europea ha desplegado un ejercicio de hipocresía sin parangón. Al tiempo que critica y hace amagos de sanción a algunos países que no toman la cuota de migrantes establecida, aplica una política similar o peor en las fronteras exteriores de la UE. Toda la cooperación al desarrollo internacional de la UE, mediante el Plan Europeo de Inversión Exterior, o mediante su política de vecindario, en los países vecinos está al servicio de condicionar su recepción al cumplimiento del papel de guardianes de fronteras, para retener, acoger o repeler a las personas que llegan a Europa, en una operación internacional sólo comparable a la política que ha ejercido Australia.

Dicho esto, resulta lamentable que, incluso admirables políticos de izquierda, asuman que “no podemos aceptar sin más que toda África se presente en Europa”. Ni esto se está produciendo ni se producirá. Es más, los flujos migratorios que vienen a Europa son perfectamente absorbibles por una sociedad tan rica. Sea como fuere, resulta imprescindible constatar las razones de las migraciones para reformular una estrategia política de intervención al respecto, que recorra los diferentes momentos que suceden en los procesos migratorios.

En primer lugar, las causas en origen. Los países en crisis suelen estar atravesados por el empobrecimiento, las crisis bélicas y la persecución política o religiosa. Detrás de ellas se esconden tres factores: conflictos geoestratégicos por los recursos energéticos y de materias primas, una división internacional de la que sacan provecho empresas transnacionales de países ricos, y, cada vez más, la crisis climática. Sin embargo, las personas migrantes para poder migrar no sólo tienen que estar forzadas por esas circunstancias, siempre trágicas, también necesitan de unos medios mínimos para emprender su huida. Normalmente, los desplazamientos suelen darse entre países del Sur, y de hacerse a mayor distancia requiere de unos recursos básicos que sólo una minoría disponible, aparte de contar con facilidades legales y de contactos en destino. Para responder a estos problemas, debemos comenzar por reconocer que aquellos países sufren estas circunstancias en una medida muy importante por la depredación de los países del Norte (EEUU, Europa, China,…), y que estos países no necesitan tanto una ayuda caritativa como la finalización de los procesos de desposesión, comercio desigual, y explotación que sufren desde otros países y empresas multinacionales. Las migraciones son mayormente un fenómeno de desplazamiento forzado, y, como tal, una política solidaria exigiría comenzar por reducir los factores que empujan a muchas personas a adoptar una medida tan dura.

En segundo lugar, los obstáculos a la circulación y la movilidad. La conformación de fronteras y regulaciones de cada país, dividen a la población entre nacionalidades y ciudadanías de rangos considerados diferentes en cada territorio de paso. Las barreras policiales, jurídicas, económicas, culturales, idiomáticas y geográficas comportan murallas de agresión al derecho a buscarse un modo de vida digno. Por si no fuera poco, generan un peligro para la vida, poniendo en bandeja a mafias, en el paso del Mediterráneo, y esclavistas, como en Libia, a personas en una absoluta necesidad y vulnerabilidad. Una política mínimamente solidaria debe fundarse en la conformación de vías seguras para el desplazamiento humano, una vez que estas personas se encuentran en la tesitura obligada a abandonar sus territorios de origen. Las ideas de ordenación de los flujos migratorios esconden un mecanismo de selección de la fuerza de trabajo, y unas condiciones de subordinación para que tengan que aceptar condiciones peores, sin impedir que al final importantes bolsas de personas tengan que pasar la travesía, del riesgo en los desplazamientos, periodos largos de situación de irregularidad y ausencia de derechos, y finales condiciones de inserción social y laboral muy subordinadas. Desde este punto de vista, la política debe no sólo establecer rutas seguras de paso, sino también medios apropiados de acogida y primer asentamiento, así como operativos de rescate cuando se trata de salvar vidas, por ejemplo, en los desiertos, montañas y los mares.

La política de integración, no sólo solidaria, sino también positiva para viejos y nuevos habitantes, ha de afrontarse desde enfoques interculturales de política pública que reconozca la dificultad del proceso y la exigencia de un mutuo esfuerzo por la comunicación, frente a los modelos segregacionista, o también superando el modelo asimilacionista francés o multicultural británico, mediante mediaciones que faciliten la convivencia cooperativa, e, inclusive la formación de nuevas reglas que acomoden la diversidad, siempre y cuando se respeten los derechos humanos en toda su amplitud, sin una perspectiva supremacista de la cultura autóctona ni tampoco idealizando las prácticas culturales de los que vienen de afuera.


[1]“Se calcula que en 2015 había 244 millones de migrantes internacionales en todo el mundo (3,3% de la población mundial), lo que representa un incremento respecto de los 155 millones de migrantes estimados en el año 2000 (2,8% de la población mundial)” (ONU Migración, 2018). https://publications.iom.int/system/files/pdf/wmr_2018_sp.pdf


6/7/17

El Fondo Europeo para el Desarrollo Sostenible o como condicionar la cooperación al desarrollo a la política de control de migraciones

Hoy el Parlamento Europeo ha aprobado una nueva regulación que atañe a uno de los instrumentos del Plan Europeo de Inversión Exterior , con una capacidad financiera de unos 44.000 millones de euros: el Fondo Europeo para el Desarrollo Sostenible (EFSD).
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El diseño del Plan Europeo de Inversión Exterior y todos sus instrumentos, que tendrá como uno de sus pilares al EFSD, junto al Mandato de Préstamo Exterior y el Fondo de Garantía, es una pésima réplica del Plan Juncker.

Su diseño de fondo consiste en condicionar la política de cooperación al desarrollo de la UE para que llegue fundamentalmente a países vecinos, en África y el vecindario europeo, que pudieran servir de cortafuegos a la migración que persigue llegar a Europa, o bien para que puede acoger a los migrantes que se vean empujados a salir de Europa.

Dicha estrategia no sólo procura fijar en el entorno Europeo un espacio territorial convirtiendo a varios países en guardianes de fronteras. Además, trata de mostrar como cooperación al desarrollo una auténtica política de provisión de garantías para eliminar el riesgo para las empresas, muchas de ellas europeas o dependientes de ellas, haciendo que los recursos públicos europeos asuman las pérdidas de la iniciativa privada, y respalden los beneficios que quedarán en manos particulares.

Vale decir que el proyecto que aquí se presenta ha intentado amainar esta concepción incorporando elementos a valorar, como que se garanticen los derechos humanos, que un porcentaje bien limitado de proyectos respecten variables medioambientales, que no se apoye a países que no cooperan fiscalmente, que sea posible la participación del Parlamento como observador en su Junta Estratégica, o que la Comisión gestione el fondo, y otra serie de enunciados que tendrán una función declarativa. Pero detrás de esto hay un proyecto xenófobo que consiste en retener a las poblaciones en países terceros, a los que se les niega en su legítimo derecho a buscar una vida mejor donde consideren mejor, y haciendo de los países de paso a la UE un espacio de colonización económica y de control migratorio. De tal modo, que nos parece extraordinariamente insuficiente y sumamente problemático su espíritu.

Es posible una alternativa.

Creemos que es tan perjudicial coartar la libertad de movimientos de las personas como que las personas se vean enfrentadas al abismo que supone su migración forzada. Necesitamos una cooperación al desarrollo que permita el desarrollo soberano de cada pueblo, a través de inversión pública, no una promoción de proyectos para el negocio de las transnacionales europeas. De facto, lo que necesitan los países del Sur, es que les quiten el pie del cuello, que se pare el expolio de su riqueza natural y la explotación de sus trabajadores. Y a los países más empobrecidos hay que proporcionarles recursos que puedan hacer suyos para implementar proyectos de desarrollo endógeno.


Hay que dar respuesta a la cuestión migratoria de otra manera. Hay que actuar en el origen de las causas que producen las migraciones forzadas: cambio climático, guerras y pobreza, principalmente. Y debemos hacerlo sin recurrir a la “acumulación por desposesión”, término que acuñó David Harvey, en la que las multinacionales europeas y otras empresas auxiliares acaparan la riqueza de los países empobrecidos, como de alguna manera va a ser instrumento cómplice este EFSD. Pero una vez que esas causas persisten, también tenemos que actuar en el proceso que atañe a la circulación de las personas que han tomado la medida desesperada de la búsqueda de su supervivencia, brindando pasos seguros, transiciones ciertas, no poner más barreras. Así como hay que actuar en el proceso de acogida e integración de aquellas personas que vengan a nuestros territorios. 

24/6/15

Fenómeno migratorio global: la humanidad o se mueve hacia el futuro o lo hará hacia atrás.

Daniel Albarracín. 7/06/201
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El ser humano forma parte de una especie que se ha desplazado en el planeta desde tiempos remotos. Su habilidad para desplazarse fue vital para ocupar los espacios habitables del planeta según incrementaba la población. Una vez las civilizaciones se asentaban se dotaron de reglas para regular esa movilidad y establecer una diferencia inclusiva y a la vez excluyente, que se consolidó con la formación del Estado-Nación. La figura del extranjero, descalificado como bárbaro, constituyó la mejor forma para justificar la invasión de territorios ajenos, o para explotar sin derecho a alguno a aquel que caía en el “nuestro”, hasta el punto de no reconocer ni siquiera su humanidad (el esclavismo).

Mucho se ha transformado en esta modernidad el fenómeno migratorio, modificando los esquemas para entender la movilidad de las personas se han trastocado. Ya en 1996, el fenómeno de la entrada de inmigrantes resultaba un fenómeno nuevo en España, propiciado por el boom inmobiliario y el crecimiento que exigía contar con nueva mano de obra en condiciones para trabajar. Ese fenómeno de atracción ya había sido observado en países aún más ricos que el nuestro, que habían pasado más etapas de entrada de diferentes grupos migratorios, hasta incluir a segmentos de población con estrategias de integración y segmentación jerárquica muy distintos.

Las sociedades más aventajadas en su tratamiento de la inmigración han probado diferentes esquemas. El modelo asimilacionista francés, que admite a todos aquellos que asumen la cultura republicana del país independientemente de su origen étnico. El modelo multicultural británico, que permite una agregación de colectivos, si bien conviven con relativa paz pero sin comunicación entre sí. En el otro polo, el modelo segregacionista, conocido en Suráfrica o en Israel y que aparta con violencia a parte de la población por razones étnicas, religiosas o culturales. Es posible pensar otros modelos, como el intercultural, que reconoce que para que se produzca una auténtica integración no sólo hay que reconocer la diversidad, sino también que hay que realizar un esfuerzo de gestión de dicha complejidad, que supone movilizar recursos para que el encuentro sea mutuamente beneficioso, sin borrar las identidades pero estableciendo marcos para la comunicación y la convivencia. Este último modelo sólo ha tenido lugar en experiencias menores y, a pesar de su idoneidad, aún queda mucho trecho para que se extienda como debiera. Este último esquema es el único capaz de abordar las dificultades, dado que todos los anteriores o provocan conflictos nuevos, o sencillamente son pasivos ante la tensión que pueda ocasionarse por la mera convivencia entre distintos.