23/5/22

Mutaciones de la precariedad laboral: ni mucho más empleo ni menos estabilidad

Daniel Albarracín 11/05/2022. Economista y sociólogo. Consejero de la Cámara de Cuentas de Andalucía. Miembro del Consejo Asesor de la Revista Viento Sur.

https://vientosur.info/mutaciones-de-la-precariedad-laboral-ni-mucho-mas-empleo-ni-menos-estabilidad/

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/59765/mutaciones-de-la-precariedad-laboral-ni-mucho-mas-empleo-ni-menos-estabilidad/

Se están anunciando resultados espectaculares de la reforma laboral, afirmándose que la reforma está creando empleo y está reduciendo la temporalidad. Sin embargo, ni la política de empleo puede causar por sí sola nuevo empleo -salvo que modifique la jornada laboral máxima con el consiguiente reparto del trabajo- ni la caída estadística de temporalidad conduce necesariamente a una mayor estabilidad en el empleo. Por el contrario, dejando incólume los preceptos de las anteriores reformas va a causar una mutación en las formas de precariedad laboral y no impide la generalización de la inestabilidad en las relaciones laborales establecida con Zapatero y Rajoy.

 

Recientemente analizábamos el perfil de la reforma laboral en la revista Viento Sur. Esta establece que el contrato indefinido sea la forma habitual de contratación, planteando exigencias adicionales para suscribir contratos temporales. Sin embargo, la regulación del contrato indefinido se ha quedado igual. En 2010 y 2012, las indemnizaciones ante el despido se redujeron sustancialmente. La reforma tampoco plantea regular las causas de despido, dejando maltrechas las garantías que ofrece esta figura contractual.

Se le llama indefinido al contrato porque simplemente no tiene plazo de duración, que sí tienen los contratos temporales. El despido de las personas con contratación indefinida sigue siendo barato y fácil, lejos de la fijeza del funcionariado, y se encarece marginalmente el despido de la contratación temporal. No hay disuasión ni causalización. De modo que el empresariado está optando por convertir contratos temporales o contratar de inicio con contratos indefinidos en mayor proporción que antes, sin mucho mayor coste ni barreras a la flexibilidad laboral.

La reforma también facilita los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo. Suelen traer aparejadas modificaciones de las condiciones laborales, contando con recursos públicos para sufragar las prestaciones de desempleo parcial y costes laborales de la empresa durante su aplicación. Estos no impiden, pasado seis meses, un despido definitivo posterior, y aunque no tiene por qué producirse necesariamente permite el cambio unilateral, temporal o permanente, por parte de la la empresa de la jornada laboral, con merma consiguiente de salario.

 

La evolución del empleo

Uno de los mensajes del gobierno es que se crea mucho empleo gracias a sus políticas. Si nos detenemos en los datos, los logros no reflejan tanto brillo.

Las cifras seleccionadas cuentan empleos sin más. Hay que hacer notar que es más frecuente la presencia de empleos a tiempo parcial o fijos-discontinuos. El desempleo parcial, cada vez más extendido, no aparece en las estadísticas salvo que se indague un poco más de lo que nos cuentan.

Conviene así estudiar la evolución de los puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo, que estiman los empleos armonizando su tiempo de trabajo. Desde finales de 2019 hasta hoy (IT2022) los empleos creados apenas fueron de 263.600 empleos equivalentes a tiempo completo, logrando superar el parón de la pandemia en 2020 y 2021. Pero solo evolucionan al ritmo de crecimiento rampante del periodo 2013-2019. Ni que decir tiene que, si contrastamos con 2008, que inició la Gran Recesión, seguimos con 985.600 empleos menos que entonces.

Fuente: Elaboración propia a partir de INE, Contabilidad nacional trimestral de España: principales agregados (CNTR).

Frecuentemente, los datos de empleo se presentan con una perspectiva parcial, comparándolo con el suelo de empleo de 2020, el año del confinamiento. Si se presentan los datos así, desde el confinamiento de 2020, y lo ponemos en comparación con los datos del I Trimestre de 2022 se han creado un 23,5% más de empleos. Sin embargo, un contraste con el IV Trimestre de 2019, justo antes de la pandemia, refleja un aumento de apenas el 1,7% del empleo equivalente a tiempo completo. En contraste con el empleo existente en 2008, hemos perdido un -5,8% del empleo[1]. La situación de la tasa de desempleo de hoy (13,65%, IT2022) es casi la misma que a finales de 2008 (13,79%, y empeora el último trimestre de 2021 (13,33%), según datos EPA-INE. Las mujeres padecen, además, un desempleo del 15,44% en el IT de 2022, por encima de la media. Estamos lejos de mejorar la situación de la crisis iniciada entonces, que, con las medidas que trajo entre 2010 y 2012, condujeron a un largo periodo de contestación social, laboral y política.

 

Mutaciones de la precariedad laboral

Los expertos en materia laboral llevan décadas advirtiendo que temporalidad, precariedad e inestabilidad laboral, aun siendo conceptos emparentados, no son lo mismo.

La temporalidad estriba en una situación inestable de empleo, pero la inestabilidad laboral comporta un fenómeno más amplio. Comprende todas las situaciones de empleo en las que se produce una inseguridad en la continuidad del empleo o de insuficientes garantías favorables a la misma. Como hemos señalado, un contrato indefinido no es un empleo fijo, solo cuenta con una indemnización por despido algo mayor que otras figuras. Por tanto, es erróneo pensar que sea asimilable a, por ejemplo, lo que es una plaza de funcionariado. Hay quien piensa que en la administración pública hay más seguridad en el empleo, y no se repara en que las tasas de temporalidad más elevadas se dan en el mismo sector público.

Asimismo, la precariedad laboral representa un fenómeno complejo, también difuso y de grados diferentes. Supone un deterioro de la calidad y en el género de vida. La precariedad puede responder a una situación de inestabilidad laboral -que impide pergeñar proyectos personales de futuro-, a condiciones de bajos salarios -o pérdida recurrente de poder adquisitivo-, a una reducción unilateral de la jornada, o un empleo fijo-discontinúo-. Toda causan falta de autonomía o suficiencia económica, y puede implicar mayor penosidad en el trabajo para lograr ser renovado o continuar, trae asociado una mayor intensidad laboral excesiva, y no pocas veces prolongación de horas extraordinarias, en ocasiones, mal pagadas o no pagadas.

Estas situaciones tampoco conviene confundirlas con el fenómeno de explotación, generalizable a casi toda la condición salarial -salvo, posiblemente, a los altos ejecutivos de grandes empresas e instituciones-, por la que una minoría se apropia del excedente creado por los y las trabajadoras.

La reforma laboral, sin embargo, ha producido cambios. Algunos son meros cambios estadísticos, que pueden camuflar la aparición de nuevas formas de precariedad y una soterrada extensión de la inestabilidad en el empleo.

Así, se detecta en 2022 una reducción de la tasa de temporalidad. En los primeros cuatro meses de 2022 un 40% de los contratos eventuales han pasado a ser indefinidos. Si bien, no debemos confundir contratación con empleos, porque una persona puede tener varios contratos en un mismo empleo. Por eso, aunque se conviertan muchos contratos temporales en indefinidos sólo hay un incipiente reflejo en la tasa de temporalidad en el empleo. En el IT de 2022 estamos en el 26,8% de tasa de temporalidad, frente al 27,8% de finales de 2021, del 27,4% de antes de la pandemia (2019) y el 30,2% de 2008 (INE-EPA). Esta tasa de temporalidad seguirá descendiendo. Lo que no es equivalente a mayor estabilidad ni menos precariedad en el empleo, por los argumentos aducidos. 

El problema de la precariedad muta, pero no desaparece, por varias razones.

La primera es el deterioro de los salarios reales, fruto de la inflación y un crecimiento de los salarios negociados muy inferior, propiciando un retroceso del fondo de salarios del 58,8% en 2008 al 55% a fines de 2021; o de las pensiones públicas y lo raquítico de varias prestaciones sociales, si no se evita un nuevo pacto de rentas o la aplicación de la reforma de las pensiones comprometida con Bruselas a cambio de los Fondos Next Generation. Como elemento de contrapeso puede señalarse la mejora del salario mínimo interprofesional de 2019, que fue importante de cara a mejorar la capacidad adquisitiva de los salarios más bajos y con cierto arrastre positivo sobre los estratos salariales inmediatamente superiores. Segundo, porque se va a conjugar una extensión de los tiempos de trabajo no pagados, o no pagados debidamente, junto con diferentes formulas de reducción de jornada y salario a nivel individual.

Desde los años 2000 se viene observando una ampliación del empleo a tiempo parcial. Prácticamente se ha duplicado desde entonces y ya alcanza el 14,5% del empleo. Esta situación trae aparejada una merma del salario. Si nos fijamos en la tasa de parcialidad de las mujeres esta es incluso mayor, alcanza el 23%, muy por encima de la media. También le sucederá al contrato fijo-discontinuo (un empleo a “tiempo parcial en cómputo anual”).

 

Fuente: Elaboración propia a partir de Encuesta de Población Activa, INE.

 

Dos tendencias, así, se apuntan nítidamente. Una es el mayor uso del contrato indefinido, que no comporta estabilidad en sí. Pero otra tendencia bien clara es el recurso a fórmulas de abaratamiento como el empleo a tiempo parcial o empleo fijo-discontinuo, que permiten seleccionar el periodo más productivo de dedicación y abaratar costes de manera notable, tanto salariales directos como indirectos -seguridad social, despido, etc.-.

 

Algunas conclusiones

 

En conclusión, las políticas de empleo -salvo si tocan la jornada laboral- no modifican las tendencias cuantitativas del empleo -conducidas por la dinámica económica de inversiones, movida por la tasa de rentabilidad-. La política económica aplicada se caracteriza por un modelo de neoliberalismo compasivo, y la reforma laboral solo ha matizado testimonialmente las dos anteriores. Sin embargo, promueve varias tendencias. Primero, las formas de inestabilidad se extienden y consolidan. Segundo, las formas de precariedad en el empleo mutan y se profundiza.

Asistimos a una reducción estadística de la temporalidad en el empleo. Por otro, vemos un crecimiento del empleo a tiempo parcial y del fijo discontinuo, fórmulas de ajuste empresarial que aplican soluciones de desempleo parcial que abaratan costes laborales mejorando los niveles de productividad por hora de las empresas. Este fenómeno novedoso se combina con la devaluación salarial general y la intensificación del trabajo.

Ninguna de las medidas del gobierno ha logrado evitar estos deterioros de las condiciones de vida y trabajo, salvo en la aplicación del SMI en 2019, con UP fuera del gobierno, y una alternativa de izquierdas más sólida. La aplicación de los ERTEs en 2020 amortiguó la recesión, pero ni explica el efecto rebote posterior, y abre la puerta al abuso, dadas las prerrogativas con las que se queda el empresariado para modificar unilateralmente las condiciones de trabajo.

En definitiva, persisten las razones para seguir organizándose colectivamente en espacios políticos, sociales y sindicales para cambiar las políticas aplicadas. De no ser así, se abren las condiciones que darían el paso de un neoliberalismo compasivo e impotente a otro autoritario y agresivo.



[1] Fuente: Contabilidad Nacional Trimestral de España.





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