https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/fondo-de-recuperacion-europeo-globo-desinflado
Recientemente hemos reflexionado
sobre la respuesta
de la Unión Europea para encarar la crisis económica desencadenada por el
coronavirus. Una respuesta que, por su insuficiencia, podría traducirse en políticas de ajuste y
devaluación interna sin precedentes, que, en el Estado español, nos ha
retrotraído a un cínico
revival de los viejos Pactos
de la Moncloa. Tras haberse aceptado las iniciativas vehiculadas por el
BEI, el SURE y el MEDE, queda pendiente el llamado Fondo de Recuperación, el
único instrumento potencialmente capaz de reactivar la economía europea y hacer
frente al reto sanitario enfrente de nosotros.
La polémica sobre el Fondo de
Recuperación está envolviendo a numerosos analistas, encerrando un debate de
fondo que pone en tela de juicio los proyectos de futuro para la Unión Europea.
En esta ocasión, la iniciativa comenzó con una apelación al Plan Marshall por
parte del gobierno español, en un contexto de críticas de los países del Sur
europeo, encabezadas por el gobierno italiano y portugués, a las
condicionalidades a favor de la austeridad, encarnadas sobre todo en el
Mecanismo de Estabilidad Europeo (MEDE), como mecanismo de préstamo para los
mal llamados rescates europeos de economías en dificultad.
Vamos a comenzar diciendo y
explicando el perfil de la propuesta del gobierno español. Señalando sus
potencialidades, pero también los problemas y, ante todo, su futilidad en el
marco de la arquitectura institucional vigente en la Unión Europea. Seguiremos
dando cuenta de la contrapropuesta de Bruselas y los criterios del club de
países frugales, encabezados por los Países Bajos. Spoiler: la cosa anda
bloqueada. Sin embargo, el interés radica tanto en su contraste como, sí, la
conclusión: el marco europeo no se ha construido para ninguna solución
cooperativa y solidaria, sino más bien para lo contrario.
La propuesta del gobierno español
El gobierno español apuntó un plan
potente inspirado, en parte, en las ideas de Yanis Varoufakis, para que la
UE tuviera una capacidad de financiación, tras los consiguientes efectos
multiplicadores que estiman tras una aportación de garantías previas por parte
de los Estados miembro y los presupuestos europeos, de hasta 1,6 billones de
euros.
La cifra es asombrosa, cerca del
tamaño de la producción de Italia en un año. Posiblemente, la profundidad de la
crisis que atravesamos, lo hará igualmente insuficiente, pero no puede decirse
que no sea una cifra muy notable.

